PAUSA.MX

Hace ya algunos distantes años —pero cercanos en la memoria— tuve la enorme prebenda de conocer y tratar por motivos profesionales y en cordialísimo afecto a un abogado del fuero castrense de óptima calidad, miembro de Justicia Militar y quizá el más congruente y sólido que ha existido en la lucha contra la narco-política de aquellas y de éstas épocas. Sin dubitación alguna me refiero a un Centurión de Guerra del glorioso Ejercito Mexicano, de nombre Jorge Gámez Luviano.

Debo al señor Coronel Don Jorge Gámez Luviano no sólo unas líneas de tinta, ni una acotación, sino un reconocimiento extenso por su virilidad y probidad de mexicano de bien, por su total y definitiva entrega en aquella indagatoria a la que México tuvo y tiene derecho y, aún sigue deseando, para que se den a conocer los orígenes y responsabilidades de aquél alto funcionario dependiente del Poder Ejecutivo Federal, que se atrevió a dar inicio a unas actividades delincuenciales con el objeto de que el Estado Mexicano se dedicara a bajar aviones procedentes de Colombia cargados de clorhidrato de cocaína, con los cuáles se causan graves daños a la salud de nuestra juventud. Indagaciones que estuvieron a punto de cristalizar logrando la aprehensión, exhibición y procesamiento de ese mal político mexicano. El cuál se encuentra aún impune en la actualidad.

En aquella inolvidable investigación por las afrentas a la justicia y a la Nación, se dio inicio a una larga y fraternal relación de amistad profesional, no obstante que dicha averiguatoria fue paralizada dadas las ordenes emanadas por poderoso narco-político.

En aquellas circunstancias absolutamente excepcionales en que la narco-política de México se opuso a que saliera a relucir esa verdad —que aún se busca y desea— se estrelló contra la resistencia de un abogado militar de excepción; no obstante esa barrera de Jorge Gámez, triunfó el poder de la narco-política —como aún sigue triunfando— en contra de los deseos que aún mantienen muchos soldados de honor por tan cobarde decisión. Ordenanza sin precedente en la historia jurídica de nuestra Patria.

Jorge Gamez Luviano tuvo que enfrentarse en aquél entonces con muchos generales que prefirieron someterse a las ordenes de la superioridad que a recobrar la dignidad con la que se manchó y denigró al glorioso Ejercito Mexicano.

Valdría la pena en honor de Jorge, revivir aquella investigación a tan largos años de distancia, para constatar lo valedero de los conocimientos de ese hombre de honor.

Mucho podría decirse de ese enorme personaje castrense. Lamentablemente la incontrolable vida se lo llevó impidiendo con su muerte que viera a un México libre de corrupción, como siempre fue su deseo. Hoy quiero recordarlo con agradecimiento y centrada emoción diciendo; descanse en paz honorable Centurión de Guerra.

Es cuanto.

Por AL PE

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