STILO libre: 4 de mayo 2026

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Noticias Chihuahua:



El que sigue trabajando de manera ardua y con los ideales firmes, y que lleva por supuesto el tricolor en las venas, es Francisco Salcido.

Siempre ha sido un luchador de la clase obrera y ahora sindicalista en todo momento. Aún sigue buscando gente para afiliarlos al Partido Revolucionario Institucional, aunque no exista una fortaleza dentro del partido.

Él sigue siendo uno de los personajes importantes que aún creen en que se puede revivir o, por lo menos, rescatar algo de lo perdido de este partido.


El relevo en la dirigencia nacional de Morena no puede leerse como un simple ajuste interno, sino como una maniobra estratégica para reordenar el poder rumbo a una etapa en la que el movimiento deberá sostenerse sin el respaldo directo del presidencialismo. La llegada de Ariadna Montiel, respaldada por Claudia Sheinbaum, apunta a cerrar filas, disciplinar a las corrientes internas y evitar que la elección de 2027 se convierta en un escenario de fracturas. No pasó desapercibido que el discurso anticorrupción volvió a colocarse al centro, ahora con mayor urgencia: promesas de candidaturas limpias, trayectorias intachables y filtros más estrictos que, aunque necesarios, repiten una narrativa que el propio partido ha sostenido desde su origen sin lograr erradicar del todo las prácticas que dice combatir.

En Chihuahua, las señales son claras: la operación política ya comenzó y nombres como Cruz Pérez Cuéllar, cercano a la nueva dirigencia, confirman que el tablero rumbo a 2027 está en movimiento. Sin embargo, los números colocan en el aparador a Andrea Chávez, Cruz Pérez Cuéllar, Juan Carlos Loera y Mayra Chávez Jiménez. Tras el Congreso Nacional del partido, Chávez cerró filas con la nueva dirigencia y defendió la unidad del movimiento, insistiendo en que Morena sigue siendo el instrumento para confrontar a lo que denomina “corruptos y vendepatrias”. Al mismo tiempo, puso sobre la mesa el reto de limpiar los espacios donde persisten viejas prácticas y subrayó que el momento político exige relevo generacional y mayor protagonismo de las mujeres, alineándose con la narrativa que impulsa el nuevo liderazgo nacional.


El estado de Chihuahua ha logrado modificar una tendencia que durante años lo mantuvo entre las entidades más peligrosas para los cuerpos policiales, al reducir de forma significativa los homicidios de agentes. De ocupar posiciones críticas —como el cuarto lugar nacional en 2018 con 31 elementos caídos y el tercer sitio en 2019 con 32 casos— la entidad ha descendido gradualmente hasta colocarse en el lugar 23 en 2024 con apenas dos asesinatos, y actualmente en 2026 se ubica en la posición 17 con un solo caso registrado. La narrativa oficial presume avances, pero también obliga a revisar si se trata de una mejora estructural o de una tregua momentánea dentro de la dinámica criminal que históricamente ha golpeado a las corporaciones.

Las cifras respaldadas por la organización Causa en Común contrastan con la realidad nacional, donde estados como Jalisco, Sinaloa o Guanajuato encabezan los ataques contra policías, mientras el promedio en el país se mantiene en 1.59 agentes asesinados por día. En Chihuahua, el único caso de 2026 corresponde al homicidio del oficial Édgar David Quezada Villa en Ciudad Juárez, en un atentado atribuido al grupo criminal “La Empresa”, presuntamente como represalia por operativos contra el tráfico de personas. La investigación, encabezada por la Secretaría de Seguridad Pública Estatal de Chihuahua, revela un ataque planeado con decenas de participantes y conexiones con células delictivas binacionales, lo que deja claro que, aunque los números bajen, la capacidad operativa del crimen organizado sigue intacta y lista para responder con violencia cuando se siente presionado.


 

En San Felipe, Chihuahua, la realidad volvió a superar cualquier discurso oficial: ahora resulta que ni las empresas dedicadas a proteger están a salvo, porque literalmente les “robaron la seguridad”. Un robo sin violencia —según el reporte— ocurrido el 3 de mayo dejó al descubierto que un solo individuo habría ingresado con toda tranquilidad a una oficina sobre la calle J. Domínguez de Mendoza para llevarse armas y municiones, cuyo número ni siquiera ha sido precisado. La escena parece sacada de una ironía perfecta: el guardián desarmado, el sistema vulnerable y la pregunta inevitable sobre qué tan blindado está realmente lo que se presume como protegido.

Mientras la Fiscalía General del Estado de Chihuahua revisa cámaras, recaba testimonios y arma el rompecabezas, la narrativa oficial sostiene que el responsable actuó en solitario y huyó sin mayores complicaciones en una camioneta de la propia empresa afectada. Sí, además del arsenal, también se llevó el vehículo, como si se tratara de un trámite más que de un delito de alto impacto. La investigación sigue en curso con apoyo de la Agencia Estatal de Investigación de Chihuahua y la policía municipal, pero el mensaje ya quedó instalado: si a quienes venden seguridad les pueden vaciar el inventario así de fácil, el problema no es solo el robo… es la ilusión de control que alguien decidió comprar.