Noticias Chihuahua:
Durante años, el CEDIPOL se presentó como un verdadero respaldo para policías y bomberos: un espacio adecuado para mantenerse en forma y mejorar su desempeño, concebido como una prestación laboral para quienes enfrentan diariamente situaciones de riesgo. No obstante, esa promesa se ha ido desdibujando hasta quedar en entredicho. Hoy, el ingreso a esas instalaciones implica un pago mensual de 300 pesos que, aunque pudiera parecer accesible, en la práctica funciona como un obstáculo. Más grave aún es que este cobro ha dejado de ser voluntario para convertirse en un requisito dentro de procesos como los ascensos, donde los exámenes físicos y médicos se aplican en el propio centro. Así, la ecuación resulta injusta: quien no paga, no presenta pruebas; y sin pruebas, simplemente no hay posibilidad de avanzar.
El problema de fondo no es solo financiero, sino profundamente institucional. Poco a poco se percibe una pérdida de respaldo hacia los elementos de seguridad, al grado de cobrarles por utilizar espacios que deberían contribuir a su bienestar integral. En vez de fortalecer áreas de esparcimiento que ayuden a reducir el estrés, prevenir afectaciones psicológicas y mejorar su salud, se les está dando un uso recaudatorio. Esto refleja una desconexión preocupante entre las necesidades reales de la corporación y las decisiones que se toman desde la administración. La molestia entre los elementos no es menor, porque lo que antes se entendía como un derecho hoy se percibe como una carga, evidenciando un abandono institucional que termina por afectar tanto la moral como el desempeño de quienes están encargados de la seguridad.
Hay postales que funcionan perfecto para redes sociales: sonrisas amplias, globos de colores, funcionarios inclinándose a la altura de niñas y niños que, por un día, sienten que su voz importa. El Día de la Niñez dejó varias de esas imágenes en Chihuahua. Y sí, hay que decirlo: qué bien que existan espacios donde los pequeños sean protagonistas, donde se les escuche y, de paso, se les consienta. Hasta ahí, todo en orden.
Pero como suele pasar con las buenas intenciones, el detalle fino es el que termina contando otra historia.
En el llamado Cabildo Infantil, algunos ediles decidieron “dar un paso adelante” y apostar por una paridad simbólica: si la regidora era mujer, su contraparte infantil sería niño; si el regidor era hombre, lo acompañaría una niña. En el papel, suena moderno, incluso alineado con discursos de igualdad y perspectiva de género. En la práctica, la logística empezó a hacer ruido.
Porque una cosa es la foto y otra muy distinta es la responsabilidad.
El plan incluía premio: una salida a Incredible Pizza. Buen detalle, sin duda. El problema surgió cuando se toparon con algo tan básico como quién cuida a quién. Resulta que no era “correcto” —según el propio criterio de los organizadores— que una regidora niña fuera acompañada por un regidor adulto. Para los niños, en cambio, no hubo mayor dilema: las edilas podían hacerse cargo sin cuestionamientos.
¿La solución? Delegar el cuidado de las niñas en otras mujeres: asesoras, secretarias, personal de apoyo. Es decir, mientras unos decidían la dinámica y se colgaban la medalla de la paridad, otras terminaban resolviendo lo esencial. La escena no es nueva: la carga invisible, otra vez, recayendo donde siempre.
Y entonces surgen las preguntas incómodas. ¿De verdad no había margen para incluir a las madres o tutores? ¿Era tan complicado cubrir un esquema más completo, más responsable? ¿O simplemente era más fácil ajustar la narrativa que el presupuesto?
Porque si algo quedó claro es que la “perspectiva de género” se quedó en la superficie. Muy útil para el discurso, pero poco efectiva cuando toca organizar, prever y, sobre todo, asumir responsabilidades.
Al final, las niñas y los niños se divirtieron —y eso es lo importante—, pero el episodio deja una lección que va más allá del festejo: no basta con parecer incluyente, hay que serlo en todos los niveles. De lo contrario, la paridad termina siendo solo eso: una buena foto… sostenida por el trabajo de siempre.


