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El escándalo del crematorio Plenitud cimbró a Chihuahua y exhibió una de las fallas más graves en la supervisión de los servicios funerarios, pero en el Congreso del Estado la memoria parece ser de corto plazo. La iniciativa presentada desde agosto del año pasado para endurecer la regulación de crematorios, establecer registros digitales de cadáveres, inspecciones obligatorias y castigos penales para quienes incumplan la ley, simplemente permanece congelada. Lo que en su momento fue presentado como una respuesta urgente a una tragedia que indignó a la sociedad, hoy duerme el sueño de los justos entre comisiones y expedientes, como si el paso de los meses hubiera borrado la necesidad de evitar que una historia semejante vuelva a repetirse.
Paradójicamente, mientras el caso Plenitud sigue siendo un recordatorio permanente de las deficiencias institucionales, la propuesta impulsada por legisladores de Morena continúa esperando turno para ser discutida. El proyecto también contempla fortalecer la coordinación con el Sistema Nacional de Búsqueda de Personas para ofrecer mayor certeza a las familias de personas desaparecidas, pero ni siquiera ese componente ha logrado acelerar su análisis. Al final, el único movimiento visible es el del polvo que se acumula sobre los documentos legislativos, confirmando que en Chihuahua las tragedias generan discursos inmediatos, pero no necesariamente decisiones oportunas.
Hay políticos que construyen carreras inaugurando obras. Otros cortan listones. Algunos gestionan recursos. Y luego está Andrea Chávez, que parece haber descubierto una nueva forma de hacer política: inaugurar entrevistas, cortar transmisiones en vivo y gestionar tendencias en redes sociales. Si los «likes» pavimentaran calles, Chihuahua ya tendría periféricos de seis carriles.
La más reciente encuesta de Demoscopía vino a ponerle un poco de agua fría a tanto reflector. Mientras Cruz Pérez Cuéllar aparece con el 35.2 por ciento de las preferencias rumbo a la candidatura de Morena para la gubernatura, Andrea se queda con el 24.6. Diez puntos y fracción no son un tropiezo; son una distancia que ya obliga a usar binoculares.
Lo curioso es que la diferencia no nació de un escándalo, ni de una guerra sucia, ni de una ocurrencia de última hora. Nació de algo mucho más aburrido para las redes sociales: gobernar. Resulta que salir a supervisar obras, resolver problemas de servicios públicos, gestionar recursos y recorrer colonias todavía produce un efecto extraño en la política mexicana: la gente lo nota.
Mientras unos acumulan kilómetros de pavimento, otros acumulan minutos en televisión. Mientras unos presentan resultados, otros presentan posicionamientos. Mientras unos entregan obras, otros entregan declaraciones. Pareciera que hubo quien confundió la gubernatura con una temporada permanente de podcast.
Andrea ha logrado convertirse en uno de los personajes más mediáticos de Morena. Eso nadie lo discute. Su nombre aparece todos los días en titulares, entrevistas, videos y debates nacionales. El problema es que la popularidad tiene una pésima costumbre: no siempre se traduce en confianza. Mucho menos cuando el ciudadano empieza a preguntar la incómoda frase: «Sí… ¿pero qué ha hecho?».
En cambio, Cruz Pérez Cuéllar ha seguido una receta bastante menos espectacular, pero aparentemente más efectiva. Administrar un municipio fronterizo, enfrentar problemas diarios, inaugurar infraestructura, impulsar programas sociales y dejar que los resultados hablen antes que el algoritmo. Qué anticuado.
Y es que gobernar tiene un defecto enorme: exige resultados. No basta un buen discurso, una conferencia bien colocada o una fotografía viral. La basura sigue saliendo todos los días, las calles siguen ocupando mantenimiento y los ciudadanos siguen esperando soluciones. La administración municipal, con todos sus aciertos y errores, es una escuela donde el examen llega diario y no cada vez que se prende una cámara.
Tal vez por eso las encuestas empiezan a dibujar una diferencia cada vez más amplia. Porque una cosa es conquistar el ciclo de noticias de una semana y otra muy distinta construir una percepción de capacidad para gobernar un estado. Son ligas diferentes.
Falta mucho para el 2027 y ninguna encuesta entrega constancias de mayoría. Pero, por ahora, la fotografía parece bastante clara: mientras unos siguen contando reproducciones en redes sociales, otros empiezan a contar puntos de ventaja. Y en política, por más filtros que tenga Instagram, los votos siguen sin tener botón de «me gusta».
Marco Bonilla volvió a sacar del cajón uno de los proyectos insignia de su administración al presentar ante el Consejo de CANACO la vialidad Poniente 5, una obra que promete mejorar la movilidad y detonar el desarrollo del poniente de la ciudad. En el papel todo luce atractivo: inversión de cientos de millones de pesos, participación de la iniciativa privada y el respaldo del Gobierno del Estado. Sin embargo, en la política chihuahuense las presentaciones ya no garantizan que las obras se conviertan en realidad, y el propio alcalde carga con un antecedente que inevitablemente genera dudas sobre el futuro de esta nueva promesa.
Basta recordar el relleno sanitario de Mápula, presentado con bombo y platillo el 14 de abril de 2023 como la solución definitiva al manejo de residuos para Chihuahua, Aldama y Aquiles Serdán. El proyecto contemplaba una inversión superior a los 347 millones de pesos, además de recursos destinados a estudios técnicos, ambientales y la adquisición del terreno. Hoy permanece detenido entre litigios, resoluciones judiciales y falta de avances, perfilándose como una de las grandes promesas incumplidas de la administración municipal. Por eso, aunque la Poniente 5 se presenta como una obra estratégica, no son pocos los que se preguntan si terminará convertida en otro proyecto anunciado una y otra vez, pero atrapado en el mismo destino que Mápula: el de las buenas intenciones que nunca llegaron a concretarse.






