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En política dicen que hay quienes quieren llegar a la silla… y quienes primero buscan acercarse lo suficiente para que la silla los vea de cerca. En ese segundo grupo parece moverse últimamente el empresario Jorge Cruz Camberos, quien desde hace tiempo dejó ver que le gustaría competir por la alcaldía de Chihuahua.
El asunto es que, rumbo a la elección de 2027, el camino podría no ser directo. En los pasillos políticos ya se comenta que el también líder empresarial podría aparecer en la boleta, pero no necesariamente como candidato titular, sino como suplente de quien finalmente abandere al Partido Acción Nacional.
Y ahí es donde entran los nombres que hoy pesan en la conversación azul. Por un lado está César Jáuregui Moreno, quien hasta ahora figura como uno de los perfiles con mayor posicionamiento dentro del panismo para buscar la alcaldía de la capital. Dicen que Cruz Camberos ya ha tenido algunas reuniones con el fiscal, encuentros que —según quienes presumen saberlo todo— no han sido precisamente para hablar del clima.
Pero no es el único frente. También se menciona la posibilidad de una alianza política con María Angélica Granados Trespalacios, quien tampoco está descartada para competir por la presidencia municipal. La relación entre ambos no es nueva; mantienen una amistad y una buena comunicación desde hace tiempo, lo cual podría facilitar cualquier fórmula política que se arme rumbo a la contienda.
Granados, además, tiene una carta fuerte en su historial: cuando asumió la alcaldía como suplente de Maru Campos, tras su salida para competir por la gubernatura, su administración cerró con buena aceptación, lo que aún le suma puntos dentro del panismo capitalino.
Así que en esta ecuación aparece Cruz Camberos haciendo cálculos. Y no son pocos. El empresario sabe que si quiere aspirar seriamente a gobernar la capital, necesita que su nombre suene más allá de las reuniones empresariales y de los consejos de desarrollo económico. Dicho de otro modo: para ser alcalde hay que ser conocido por la gente… no sólo por los empresarios.
En esa narrativa también pesa la historia familiar. Su padre, Jorge Cruz Russek, tuvo un paso por la política local que, aunque breve, dejó un recuerdo positivo entre varios sectores de la ciudad. Un apellido con antecedentes que, bien aprovechado, puede abrir más de una puerta.
Por eso la estrategia que algunos ven dibujarse es sencilla, aunque políticamente astuta: colarse en la fórmula como suplente, ganar visibilidad desde la administración municipal y, si las circunstancias se acomodan —una licencia, una ausencia temporal o cualquier movimiento natural en la política— tener la oportunidad de ocupar la silla aunque sea por un tiempo.
Y en política, todos lo saben: unos meses en el cargo pueden valer más que años de campaña.
Porque una vez sentado ahí, con reflectores, decisiones y micrófonos, el empresario podría comenzar a construir una candidatura propia con mayor fuerza para el siguiente turno electoral. Es decir, pasar de invitado en la boleta a protagonista de la historia.
Al final, Cruz Camberos parece entender algo básico de la política: para gobernar Chihuahua no basta con tener proyectos para la ciudad; primero hay que lograr que la ciudad te conozca. Y si el camino más corto hacia la alcaldía es entrar por la puerta de suplente… hay quienes dicen que ya empezó a tocar.
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Este domingo, cuando los contingentes comiencen a reunirse en la glorieta de la Glorieta de Pancho Villa para iniciar la marcha del 8 de marzo, se pondrá a prueba algo más que la logística del recorrido rumbo al Palacio de Gobierno del Estado de Chihuahua, la Presidencia Municipal de Chihuahua y el Congreso del Estado de Chihuahua.
También se pondrá a prueba la famosa sororidad. Porque si algo ha quedado claro en los días previos, es que el ambiente entre colectivos feministas viene más tenso que debate político en año electoral. Hay desacuerdos sobre quién debe marchar, quién no, quién representa “el verdadero feminismo” y quién, según algunas, llegó a apropiarse de una causa que no le corresponde.
Pero el menú de polémicas no termina ahí. Entre organizadoras y participantes también circulan versiones de que algunos grupos ajenos al movimiento feminista podrían intentar colarse a la movilización con agendas propias: colectivos cannábicos, activistas internacionales o simpatizantes de causas geopolíticas que poco tienen que ver con la exigencia de justicia para las mujeres en México.
El temor, según comentan algunas participantes, es que estos grupos con banderas o símbolos de Palestina, Irán, Cuba, Venezuela, utilicen la marcha como escenario para atacar símbolos de Estados Unidos o franquicias comerciales del centro histórico. Y lo que más inquieta a algunas feministas es que en esos contingentes suele haber hombres, lo que choca frontalmente con la idea de que la movilización es exclusivamente para mujeres.
En pocas palabras: la marcha que nació para denunciar la violencia contra las mujeres podría terminar convertida en una especie de romería ideológica donde cada quien llega con su bandera… literal.
Y eso explica por qué las autoridades ya reforzaron el perímetro en varios edificios del primer cuadro de la ciudad, colocando vallas alrededor de inmuebles públicos como medida preventiva.
No es un asunto menor: en marchas anteriores se registraron daños en varios edificios públicos y negocios del centro, principalmente atribuidos a grupos radicales dentro de la movilización.
Así que el domingo la escena podría tener de todo: consignas, pancartas, exigencias legítimas… y también una disputa interna por ver quién define qué es feminismo y qué no.
Porque a como se ve el panorama, el verdadero reto de la marcha no será llegar desde la glorieta de Pancho Villa hasta el Congreso.
El verdadero reto será que todas lleguen de acuerdo… y no peleadas entre ellas antes de doblar la primera esquina.








