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En la política lo que sobra es la envidia, y no hay mejor muestra que cuando los propios políticos se encargan de exhibirse sin que nadie los obligue. En días recientes, un funcionario del municipio de Chihuahua dejó ver su ambición y su falta de prudencia. Se trata del regidor Adán Isaías Galicia Chaparro, quien al parecer no soportó ver los espectaculares donde aparece la líder del Partido Acción Nacional, y con evidente molestia preguntó: “¿y nosotros qué?”. Una frase que delata más de lo que él mismo imaginó: celos, avaricia y ese deseo desesperado de figurar a como dé lugar.
Porque en política no todo se mide en fotos o espectaculares, sino en trayectoria, resultados y capital político, algo que evidentemente el regidor confunde con simple exposición mediática. No todos los que quieren crecer tienen con qué hacerlo. Pero el tamaño político no se gana con envidia ni con berrinches, sino con trabajo y respeto, dos cosas que Galicia Chaparro parece haber olvidado en su afán por aparecer en la foto.
Parece que al director de Desarrollo Humano y Educación del Municipio, Mario García, ya le empezó a pesar la chamba… o más bien, la falta de candidatura. Dicen los que saben —y los que escuchan detrás de las puertas del Palacio Municipal— que al buen Mario ya le leyeron la cartilla: “Tú no vas para 2027”. Y claro, el hombre anda renegando, mascullando entre dientes que “Marco Bonilla también estuvo en ese puesto y míralo, ya fue alcalde… ¡dos veces!”.
El detalle es que la historia no se repite, al menos no para todos, y menos cuando la suerte no trae placa oficial. Bonilla tuvo el boleto dorado de haber sido alcalde suplente cuando Maru Campos todavía reinaba en el Ayuntamiento. Eso lo catapultó a la fama en tiempo récord. En cambio, Mario lleva años acumulando experiencia —dicen que desde los tiempos de Juan Blanco y Carlos Borruel—, pero parece que su currículum de “andar con los abuelitos” no le da la misma proyección mediática.
Lo curioso es que, según cuentan las malas lenguas, García ya anda buscando refugio político. Que si no lo dejan jugar con el PAN oficial, se va con el grupo de César Jáuregui, para que “no haya otro frente panista”. Traducido al español común: “Si no juego en tu equipo, me llevo la pelota”.
Y claro, todo esto también tiene un toque de rivalidad: Manque Granados suena fuerte para la sucesión y, para desgracia de Mario, no es precisamente de su agrado. A lo mejor la molestia no es con el destino político, sino con la competencia femenina que ya le saca varios cuerpos de ventaja.
Al final, el hombre que dirige Desarrollo Humano parece estar atravesando una crisis existencial más que administrativa: no sabe si seguir en la oficina o irse a repartir abrazos con Jáuregui. Lo único cierto es que, mientras otros trabajan en su imagen, él anda en modo “¿y por qué él sí y yo no?”.
Y así, entre berrinches políticos y suspiros por una candidatura que no llega, Mario García confirma que en política, la memoria es corta, pero el ego es eterno.








