InicioColumnaSTILO LIBRE. 3 DE ABRIL 2026

STILO LIBRE. 3 DE ABRIL 2026

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Noticias Chihuahua:

El caso del semáforo en la Justiniani y Vialidad CH-P no solo confirma la lentitud de la Subsecretaría de Movilidad, sino que exhibe un abandono preocupante en puntos clave de la ciudad. Casi tres meses para una reparación básica no es un descuido menor, es reflejo de una estructura rebasada o, peor aún, indiferente. Y como si no bastara, lo ocurrido en la 20 de Noviembre y Vialidad CH-P raya en lo absurdo: simplemente se olvidaron del problema y lo “resolvieron” con cuatro altos, trasladando la responsabilidad al ciudadano y normalizando la improvisación como política pública.

Lo grave no es solo la tardanza, sino el mensaje que se envía: que la movilidad y la seguridad vial no son prioridad. Cada cruce desatendido representa riesgo, caos y tiempo perdido para miles de chihuahuenses. La incapacidad de respuesta ya no puede maquillarse, y la ausencia de soluciones reales deja en evidencia una gestión sin rumbo, donde los problemas no se atienden, se postergan… o se abandonan.


Dicen que cuando no puedes controlar la conversación, mejor cierras los comentarios. Y eso fue exactamente lo que hizo Javier Corral, aunque el intento le salió, como ya es costumbre, contraproducente.

Porque sí, podrá haber inhabilitado los comentarios en su publicación, pero lo que no pudo evitar fue lo inevitable: las burlas se multiplicaron como pólvora en redes sociales. En perfiles que replicaron su mensaje, en páginas de noticias, en espacios abiertos donde la gente sí puede opinar, el exgobernador se convirtió en tendencia… pero no precisamente por apoyo.

Miles de comentarios, reacciones y memes coinciden en algo: simplemente no le creen.

Y es que el mensaje con el que pretendía marcar postura política terminó siendo leído más como un acto de desesperación que de convicción. En su intento por cuestionar al alcalde juarense Cruz Pérez Cuéllar, y al mismo tiempo respaldar a Andrea Chávez, Corral terminó evidenciando algo que en redes ya no se discute, se da por hecho: su desconexión con la realidad política del estado.

Porque si algo quedó claro en la reacción digital, es que la base de Morena en Chihuahua no parece ir en la dirección que él señala. Al contrario; la percepción dominante —al menos en el termómetro brutal y sin filtros de las redes— es que el respaldo popular está mucho más cargado hacia Cruz Pérez Cuéllar que hacia Andrea Chávez.

Y ahí es donde empieza lo verdaderamente interesante.

Corral, quien durante años construyó su imagen como un crítico férreo del sistema, ahora parece atrapado en una versión de sí mismo que ya no convence ni a propios ni a extraños. Su discurso, que antes encontraba eco en ciertos sectores, hoy es recibido con ironía, desconfianza y, en muchos casos, abierta burla.

No ayuda, claro, el pequeño detalle de la congruencia.

Porque resulta complicado tomar en serio lecciones de lealtad política cuando vienen de alguien que ha transitado de un extremo ideológico a otro con una facilidad que ya quisiera cualquier equilibrista. El problema no es cambiar; el problema es pretender dar cátedra como si el historial no existiera.

Y las redes, que no olvidan, se encargaron de recordarlo.

Memes, comentarios sarcásticos, capturas de pantalla y comparaciones del “antes y después” circularon durante horas, dejando claro que la narrativa que intentó posicionar no solo no prendió, sino que se le revirtió. En política, hay errores que pasan desapercibidos; este no fue uno de ellos.

Cerrar comentarios, al final, resultó ser como tapar una fuga con cinta adhesiva: inútil y hasta contraproducente. Porque el debate no desaparece; solo se mueve a otro lado. Y cuando lo hace, suele ser menos controlable y mucho más cruel.

Hoy, Javier Corral es tema de conversación. Sí. Pero no como estratega, ni como referente, ni como voz influyente dentro de Morena. Es tendencia como personaje de sátira política, como ejemplo de lo que pasa cuando el discurso no conecta con la percepción pública.

Y en ese terreno, el de las redes sociales, hay una regla no escrita pero implacable: cuando la gente se ríe de ti, ya perdiste la conversación.

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En Chihuahua capital, organizar un evento público no solo implica montar un ring, contratar luchadores y convocar al público; también implica entrar a una arena mucho más compleja: la de la burocracia municipal. Y ahí, como en toda buena función, nunca falta el villano.

Para este domingo a las 16:00 horas, se ha anunciado una función gratuita de lucha libre en plena Plaza de Armas, con todo lo necesario para convertirse en un evento masivo; cartel atractivo, acceso libre y un ingrediente que, más allá del espectáculo, le agrega tensión política: la presencia del alcalde juarense Cruz Pérez Cuéllar.

En el papel, todo indica que el evento cuenta con los permisos necesarios. O al menos, los tenía. Porque en Chihuahua, los permisos no siempre son un documento, sino un estado de ánimo.

Y es ahí donde comienzan las dudas.

No sería la primera vez que, cuando un evento empieza a incomodar políticamente, aparecen de la nada observaciones, requisitos “pendientes” o interpretaciones creativas del reglamento. Detalles que nadie mencionó al inicio, pero que de pronto se vuelven indispensables. Curioso cómo funciona la normativa cuando hay actores incómodos de por medio.

Porque la pregunta no es si el evento cumple; la pregunta es si lo van a dejar cumplir.

El Gobierno Municipal de Chihuahua ha sido señalado en más de una ocasión por aplicar la ley con una elasticidad envidiable; rígida para unos, flexible para otros. Y cuando se trata de figuras políticas externas, especialmente de un perfil como el de Cruz Pérez Cuéllar, la sospecha crece.

¿Habrá cancha pareja o veremos una función fuera del ring?

Resulta inevitable pensar que, de no estar anunciado el alcalde juarense, este evento pasaría sin mayor problema; una actividad más en el calendario, una tarde familiar, fotos para redes y listo. Pero ahora, con tintes políticos, todo parece estar bajo lupa.

Y cuando el árbitro también juega, el resultado deja de ser deportivo.

El riesgo no es menor. Cancelar o entorpecer un evento de este tipo no solo afectaría a los organizadores, sino al público que espera una opción de entretenimiento gratuita; familias enteras que ven en estas actividades una forma de convivencia en el centro de la ciudad.

Pero también enviaría un mensaje claro: en Chihuahua, los espacios públicos pueden ser abiertos… siempre y cuando no incomoden.

Así que el domingo no solo habrá llaves, vuelos y conteos de tres. También habrá una prueba para el Municipio: demostrar si las reglas se aplican con claridad o si, como en la lucha libre más clásica, todo depende del guion detrás del escenario.

Porque si de repente aparece una “falta administrativa”, una “omisión técnica” o un “detalle de último momento”, muchos no lo verán como casualidad.

Lo verán como lo que parece: una llave aplicada desde el escritorio.

Noticias Chihuahua

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