La administración de Salvador «Chava» Calderón sigue acumulando episodios que alimentan la percepción de una autoridad rebasada. Ahora, la atención se centra en la Policía Municipal, luego de que un hombre muriera tras presuntamente lanzarse de una patrulla en movimiento mientras era trasladado a los separos. Aunque serán las investigaciones las que determinen responsabilidades, el hecho vuelve a poner sobre la mesa una pregunta inevitable: ¿qué tan preparados están los elementos municipales para actuar conforme a los protocolos de traslado y custodia de personas detenidas? Si una situación de este tipo termina con una persona sin vida, difícilmente puede hablarse de un procedimiento exitoso.
La detención de dos policías municipales para ser investigados refleja la gravedad del caso y deja a la administración de Parral frente a una nueva crisis de confianza. Más allá de si existió o no una conducta delictiva por parte de los agentes, el incidente exhibe posibles deficiencias en capacitación, supervisión y aplicación de protocolos. En un municipio golpeado por problemas de seguridad, cada error de la corporación termina afectando la credibilidad del gobierno de Chava Calderón, que enfrenta el reto de demostrar que su policía cuenta con la preparación necesaria para proteger a la ciudadanía y actuar con profesionalismo.
En tiempos donde la política parece competir más por los «likes» que por los votos, apareció una de esas encuestas que provocan más carcajadas que análisis. Tres nombres, tres partidos y tres reacciones de Facebook para elegir a la próxima presidenta municipal de Chihuahua. Como si el futuro de la capital pudiera decidirse entre un «Me gusta», un «Me encanta» o un «Me asombra».
Lo primero es lo primero. Si de los tres perfiles hay alguien que realmente hoy aparece como una contendiente seria, esa es Manque Granados. No significa que tenga la candidatura asegurada ni mucho menos la elección ganada, pero sí es un cuadro que lleva meses construyendo presencia, recorriendo territorio y formando parte de las conversaciones reales dentro del PAN. Su nombre no sorprende en una encuesta porque, guste o no, está en la baraja de quienes tienen posibilidades.
Luego aparece Rosy Carmona. Aquí es donde la creatividad del diseñador de la imagen superó a la realidad política. La propia priista ha reconocido públicamente que su ruta más viable apunta hacia una diputación local o incluso una federal. En un PRI que sigue buscando cómo volver a ser competitivo en Chihuahua capital, ponerla como la gran aspirante a la alcaldía parece más un ejercicio de nostalgia que una fotografía del momento político.
Y en el caso de Martha Serrano, la situación resulta todavía más peculiar. Da la impresión de que la campaña la está haciendo ella sola. Su presencia pública ha girado principalmente en torno a cuestionar a integrantes de su propio partido, mientras las luchas sociales que podrían convertirla en una figura competitiva simplemente no aparecen. El detalle es que dentro de Morena el tablero parece haberse movido desde hace tiempo y, en los corrillos políticos, el nombre que más se menciona como eventual candidata es el de Brenda Ríos. Por eso la inclusión de Martha luce más como un deseo personal que como un escenario con respaldo interno.
La verdadera pregunta no es quién va ganando esta peculiar encuesta. La duda es quién creyó que representaba el ánimo ciudadano. Porque una cosa es jugar con diseños llamativos para redes sociales y otra muy distinta construir un ejercicio con algún grado de seriedad. Sin metodología, sin muestra, sin casa encuestadora y sin explicación alguna, el ejercicio termina siendo poco más que un cartel con fotografías bonitas y botones de reacciones.
Al final, estas publicaciones sirven para recordar que en política cualquiera puede hacer una encuesta; lo difícil es que alguien la tome en serio. Mientras los partidos afinan sus estrategias rumbo al 2027, hay quienes ya organizan elecciones imaginarias desde el diseñador gráfico. Y, por ahora, la única mayoría que parece existir es la de quienes vieron la imagen y se preguntaron exactamente lo mismo: ¿a quién se le ocurrió esta encuesta que absolutamente nadie pidió?
La encuesta que Morena no quiere discutir
Hay encuestas que sirven para alimentar egos y otras que funcionan como un incómodo baño de realidad. Las más recientes mediciones de CE Research y Campaigns & Elections parecen pertenecer a esta última categoría. El mensaje es incómodo para un sector de Morena, pero bastante claro: si hoy se abrieran las urnas en Chihuahua, el partido tendría posibilidades reales de conquistar la gubernatura con Cruz Pérez Cuéllar. En cambio, con Andrea Chávez, según esos mismos ejercicios demoscópicos, el escenario favorecería al PAN.
La diferencia no es menor. Mientras Cruz aparece superando a Marco Bonilla en el escenario electoral medido por CE Research, el panorama se invierte cuando el nombre de la candidata es Andrea Chávez. Es decir, el problema no sería la marca Morena, sino quién la representa. Y esa es una conversación que algunos dentro del partido parecen empeñados en evitar, como si ignorar los números fuera suficiente para desaparecerlos.
Más revelador todavía resulta el ejercicio interno. Cuando se pregunta quién debería ser el candidato de Morena, Cruz Pérez Cuéllar aventaja a Andrea Chávez por casi veinte puntos. No es una diferencia marginal ni un empate técnico disfrazado. Es una brecha amplia que refleja que buena parte de la base morenista identifica en el alcalde con licencia de Ciudad Juárez al perfil más competitivo para enfrentar la elección constitucional.
Pero la política moderna tiene una curiosa costumbre: muchas veces se toman decisiones pensando más en los grupos de poder que en los electores. Los partidos suelen enamorarse de sus propias narrativas y terminan creyendo que la popularidad en redes sociales, las giras mediáticas o el respaldo de ciertas figuras nacionales sustituyen al respaldo ciudadano. Después llegan las campañas, las urnas y, con ellas, el brutal recordatorio de que los votos no se consiguen por decreto.
Eso no significa que la contienda esté definida. Falta tiempo, pueden surgir nuevos factores y las campañas cambian percepciones. Sin embargo, las encuestas sí cumplen una función: advertir tendencias. Despreciarlas cuando favorecen al adversario es comprensible; hacerlo cuando benefician a un perfil del propio partido parece más un acto de soberbia que de estrategia.
Morena todavía está a tiempo de decidir si quiere construir una candidatura pensando en ganar Chihuahua o simplemente en satisfacer intereses internos. Los números, al menos por ahora, dibujan una realidad difícil de ignorar: si el objetivo es competir con mayores probabilidades de triunfo, las encuestas colocan a Cruz Pérez Cuéllar como el perfil más fuerte. Si la decisión termina siendo otra, nadie podrá decir que los datos no habían advertido el costo político de apostar por un camino distinto.
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