Ahora resulta que los baches no se arreglan porque nadie los reporta. Sí, así como lo lee. Hágame el bendito favor: según el propio alcalde, la eficiencia municipal es tan veloz que en cuanto un ciudadano reporta un bache, casi casi la cuadrilla ya va en camino. El pequeño detalle es que, como diría el líder supremo del partido guinda, “los ciudadanos tienen otros datos”, porque los conductores siguen cayendo en los mismos hoyos día sí y día también. Tal parece que los baches no existen oficialmente hasta que alguien les hace el favor de denunciarlos.
Y para muestra, basta darse una vuelta por los alrededores de los edificios Héroes de la Revolución, donde algunas calles parecen más un lavadero que una vialidad. La 13 y media, por ejemplo, luce como ropa remendada: un parche por aquí, otro por allá y todavía algún hoyo esperando su turno. Eso sí, los automovilistas ya desarrollaron toda una técnica para esquivarlos, aunque algunos seguramente ya consideran que circular por ahí debería contar como deporte extremo. Quizá el problema no sea que no se reporten los baches, sino que los ciudadanos todavía no han descubierto que también deben reportar que ya los reportaron.
En La Casona no se reunieron precisamente para hablar de negocios, o al menos no solamente de esos negocios que llevan números, contratos y utilidades. La mesa juntó a Sahir Rentería, Amín Anchondo, Jorge Cruz Camberos, Jorge Ginther, Jona Bustillos y Andrés Baeza, empresarios y personajes con distintas historias, relaciones y cercanías políticas, pero con una coincidencia que empieza a llamar la atención: el 2027 ya está en el radar.
Cada uno ha hecho su propio recorrido por distintas mesas, grupos y proyectos, particularmente con la mira puesta en Chihuahua capital. Algunos han tenido acercamientos más evidentes con partidos y candidatos, otros han mantenido un perfil más empresarial y algunos más han dejado ver que la política no les resulta precisamente ajena. Por eso, verlos sentados en la misma mesa no es un detalle menor, aunque tampoco significa todavía que exista una candidatura, una alianza electoral o un nuevo grupo político.
Lo interesante está en lo que plantearon: construir una agenda común con visión de ciudad, más allá de los colores partidistas. Esa frase puede sonar políticamente correcta, pero en un año previo a la definición de candidaturas adquiere otro significado. Porque una cosa es que empresarios se sienten a discutir problemas de Chihuahua y otra muy distinta es que comiencen a ponerse de acuerdo sobre qué ciudad quieren y quién podría empujar esa agenda desde una boleta electoral.
Y ahí aparece la pregunta incómoda: ¿están construyendo una agenda ciudadana o están comenzando a construir una plataforma política? Todavía no hay respuesta, pero si varios personajes que por separado han tocado puertas, acompañado proyectos o tenido acercamientos con distintos actores empiezan a coincidir en una misma mesa, quizá lo de La Casona sea más que una simple comida entre empresarios. Sobre todo cuando falta poco para que el tablero del 2027 empiece a moverse con mayor intensidad.
Por ahora, habrá que observar quién vuelve a sentarse con quién, qué temas aparecen en las siguientes reuniones y, sobre todo, si esa supuesta agenda ciudadana termina convirtiéndose en nombres, posiciones y eventualmente candidaturas. Porque en política las boletas no aparecen de la nada: primero suelen existir las mesas, después los acuerdos y finalmente las fotografías. La de La Casona ya quedó.
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La rodilla de Miguel Riggs decidió hacer política por él. O, mejor dicho, decidió no hacerlo. El regidor de Morena fue el gran ausente en la pasada sesión de Cabildo, justo cuando se aprobó por mayoría la venta de la calle Bustamante a Alsuper para concretar el proyecto de ampliación del centro comercial. Y cuando tocó explicar el misterioso faltazo, casi casi la respuesta fue: “me chingué la rodilla”. Bueno, no exactamente con esas palabras, pero por ahí anduvo la cosa.
Según contó Riggs, tuvo un problema en la rodilla y, para completar el cuadro de emergencias familiares, su hijo pequeño había sufrido una picadura de avispa, por lo que tuvo que trasladarse a su rancho. Así que, técnicamente, fueron cosas de fuerza mayor. Le creeremos. Después de todo, una rodilla lastimada y un niño picado por una avispa no son precisamente asuntos para tomarse a la ligera. Lo curioso, claro, es que la rodilla decidió fallar justo cuando el Cabildo tenía sobre la mesa un asunto bastante polémico.
Y tampoco es que Riggs hubiera cambiado el destino de la calle Bustamante. Con él presente, podía votar en contra, abstenerse o lanzar uno de esos discursos que suelen elevar la temperatura de las sesiones, pero la operación igualmente habría seguido su curso con la mayoría necesaria. Nadie, pues, le reclamaría haber perdido una batalla. Lo que llama la atención es que quien acostumbra levantar la voz en Cabildo esta vez simplemente no estuvo ahí para levantar la mano.
Así que habrá que reconocerle a la rodilla de Riggs una capacidad política que muchos quisieran: apareció en el momento exacto, sacó a su dueño de la sesión y dejó que los demás cargaran con el debate. ¿Casualidad? Seguramente. ¿Fuerza mayor? Eso dice el regidor. ¿Conveniente? Bueno… ahí cada quien sacará sus conclusiones. Por lo pronto, mientras la calle Bustamante cambia de dueño, Riggs tendrá que conformarse con que esta vez su ausencia hizo más ruido que cualquiera de sus discursos.






