InicioColumnaSTILO LIBRE: 23 DE ABRIL 2026

STILO LIBRE: 23 DE ABRIL 2026

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Noticias Chihuahua:

El coordinador de los diputados de Morena, Cuauhtémoc Estrada Sotelo, lanzó críticas contra el gobierno estatal al señalar que existe una supuesta mayor colaboración con autoridades extranjeras que con instancias nacionales, particularmente en temas de seguridad. En su posicionamiento, cuestionó la coordinación con Texas y el uso de herramientas tecnológicas como la Plataforma Centinela, además de poner en duda el papel del Ejército en el acompañamiento a las autoridades locales, calificando como “injustificable” cualquier intento de respaldar estas acciones bajo ese argumento.

Sin embargo, en medio de su discurso, el legislador parece tropezar con una omisión evidente: evita referirse a las decisiones de su propio partido a nivel federal, donde se han destinado recursos, alimentos y combustible hacia Cuba en volúmenes considerables. Este contraste no pasa desapercibido, pues mientras critica la cooperación en materia de seguridad —clave en el combate a la delincuencia—, deja de lado acciones que, para muchos, representan una carga económica mayor para el país. La incongruencia termina por debilitar su argumento y abre el debate sobre qué tipo de colaboración debería realmente preocupar a México.


¿Y ahora qué sigue? ¿Un “puente sorpresa” tipo caja de cereal o una obra de suspenso por entregas semanales? Porque en Chihuahua ya no sabemos si estamos viendo infraestructura urbana o una nueva temporada de “Accidentes que no pasan a mayores… todavía”.

Resulta que la flamante gaza que conectará la Avenida Teófilo Borunda con el Periférico de la Juventud decidió debutar antes de tiempo… pero no por su avance, sino por una falla mecánica. Nada grave, dicen. Nadie lesionado, repiten. Boletín listo, firmado, sellado y con moño institucional. Todo bajo control… excepto la confianza.

Y aquí es donde entra el verdadero espectáculo: si apenas están escarbando para colocar columnas y ya andan tronando las tuercas (metafóricamente… esperamos), ¿qué va a pasar cuando llegue el momento de instalar el famoso arco de más de 80 metros? Sí, ese que en los renders luce majestuoso, elegante, casi europeo… pero que en la realidad podría terminar siendo candidato a “a ver si embona”.

Porque no es la primera vez que una obra en la ciudad da señales de “ingenio creativo”. Hace apenas unos meses, en el cruce de la Avenida Los Nogales e Industrias, las vigas de otro puente también decidieron rebelarse. Tampoco hubo lesionados —afortunadamente— pero sí dejó una pregunta flotando en el aire, más pesada que el concreto: ¿quién está revisando esto?

Aquí es donde la sátira se queda corta frente a la realidad. Porque dirigir Obras Públicas no es lo mismo que llenar formatos en aire acondicionado. Se necesita precisión, experiencia de campo, criterio técnico y, sobre todo, una obsesión casi enfermiza por que todo salga perfecto. No “más o menos”, no “ahí va”, no “luego lo ajustamos”.

Se dice en los pasillos que Carlos Rivas es eficiente en lo administrativo. Y qué bueno, alguien tiene que saber dónde está el clip y el sello oficial. Pero las obras no se sostienen con papelería, se sostienen con cálculo estructural, supervisión constante y decisiones que no se toman desde el escritorio.

Porque una cosa es que no haya lesionados… y otra muy distinta es tentar a la suerte obra tras obra, como si Chihuahua fuera laboratorio de ensayo y error.

Al final, la duda no es si el puente se va a terminar. Claro que se va a terminar. La duda es: ¿lo vamos a cruzar con confianza… o con el Jesús en la boca?


Hay decisiones que no solo llaman la atención… la exigen. Y lo que está ocurriendo con el Instituto Mexicano del Seguro Social en Chihuahua entra justo en esa categoría incómoda donde las coincidencias empiezan a parecer patrones.

En Ciudad Juárez, el Cabildo tuvo a bien donar terrenos para la construcción de un Centro de Desarrollo Infantil. Aplausos para la administración de Cruz Pérez Cuéllar, que entendió algo básico: si la federación no alcanza, se le empuja. Si el Seguro Social necesita espacio, se le da. Así, sin rodeos, sin excusas, sin el clásico “lo estamos analizando”.

Pero apenas uno cruza la carretera rumbo a la capital, el entusiasmo institucional parece quedarse en la caseta. En Chihuahua, la historia es otra: terrenos ofrecidos, voluntades expresadas, empresarios levantando la mano, gobiernos —municipal y estatal— dispuestos a entrarle… y el IMSS, simplemente, en modo “gracias, luego vemos”.

La pregunta no es menor: ¿por qué allá sí y aquí no?

Porque aceptar un predio para una guardería en la frontera no es un acto menor, implica planeación, recursos y validación institucional. Entonces, si existe la capacidad para avanzar en un proyecto, ¿por qué no se replica esa misma disposición para algo aún más urgente como un hospital en la capital?

Aquí es donde el discurso técnico empieza a sonar sospechosamente político. Que si no hay presupuesto, que si no está en el plan maestro, que si los tiempos… argumentos que, curiosamente, se vuelven flexibles dependiendo de la geografía y —dicen algunos— del color del mapa.

No se trata de regatear el beneficio para Juárez, al contrario: qué bueno que hay al menos una señal de avance. Pero tampoco se puede ignorar que en Chihuahua capital la necesidad de un nuevo hospital del IMSS no es un capricho, es una urgencia sostenida por años: saturación, citas diferidas, infraestructura rebasada.

Y mientras tanto, el mensaje que se percibe —porque en política también cuenta lo que parece— es que el Instituto Mexicano del Seguro Social actúa más por conveniencia que por necesidad. Que hay lugares donde sí se puede y otros donde “no alcanza”, aunque las condiciones sean similares o incluso más favorables.

Al final, Juárez se lleva un respiro, aunque sea en forma de guardería. Chihuahua capital, en cambio, sigue esperando algo más que buenas intenciones: espera decisiones.

Porque de nada sirve que haya terrenos, voluntad y urgencia… si del otro lado solo hay silencio.


Hay días en que la política local parece escrita por un guionista con exceso de cafeína… y el Cabildo de Chihuahua acaba de regalar uno de esos capítulos memorables: mucho ruido, mucha valla… y absolutamente nada de nuez.

Resulta que nuestros regidores aprobaron, sin que el cielo se cayera, bautizar vialidades con nombres que —seamos honestos— ya forman parte del archivo histórico-político del estado: Francisco Barrio al Circuito Universitario, Samuel Kalisch a la Avenida de las Industrias y Víctor Cruz Russek a la Avenida de la Cantera.

Hasta ahí, nada fuera de lo común. Lo interesante vino con la previa, donde el Municipio decidió que la sesión de Cabildo merecía tratamiento de cumbre internacional… o de película de acción. Palacio Municipal blindado, accesos restringidos, filtros dignos de aeropuerto en temporada alta y, por supuesto, el clásico: “ya está lleno”. Porque en Chihuahua, al parecer, los espacios públicos se llenan más rápido que la paciencia ciudadana.

Lo curioso es que el filtro no distinguió ideologías ni convenios publicitarios: medios afines, críticos, con contrato, sin contrato… todos parejitos, todos afuera. Democracia nivel: “nadie pasa, por si acaso”.

¿Y cuál era la amenaza? ¿Una multitud enfurecida? ¿Una manifestación masiva capaz de cimbrar los cimientos del Palacio? Pues no. Afuera, el temido “contingente” resultó ser algo más cercano a una reunión de café: cuatro jóvenes de la extinta Wikipolítica, un par de pancartas y la presencia de Nayo Rodríguez, personaje más conocido por sus polémicas que por su capacidad de convocatoria.

Adentro, el drama prometido tampoco llegó. Se esperaba que la bancada de Morena armara un debate de esos que hacen sudar a los secretarios técnicos… pero no. La sesión avanzó con la calma de quien ya sabe que no pasará nada. Apenas algunos comentarios de Elena Rojo, sin mayor estridencia, sin giros inesperados, sin el clímax que justificaría tanto operativo.

Y así, entre puertas cerradas y expectativas infladas, se aprobaron las nomenclaturas. Porque sí, estas decisiones pasan en todos lados, todo el tiempo, sin necesidad de convertirlas en episodio de alto riesgo.

Al final, la única conclusión posible es que la propia autoridad armó un espectáculo mucho más grande que el evento en sí. Se prepararon para una tormenta… y apenas cayeron tres gotas.

Eso sí, quedó claro que en Chihuahua no hace falta que haya problema para activar el protocolo de crisis. Aquí, primero se monta el circo… y luego se revisa si había público.

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