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Hay funcionarios que parecen olvidar cuál es la responsabilidad que asumieron al aceptar un cargo público. Ese parece ser el caso del encargado de Comunicación Social del Ichisal, Efraín Brito, quien da la impresión de tener otros intereses muy distintos a los de fortalecer la comunicación de una de las instituciones de salud más importantes del estado. Mientras periodistas buscan una respuesta sobre temas de interés público y no obtienen contestación a llamadas o mensajes, él sí encuentra tiempo para compartir información deportiva en grupos de WhatsApp, una actividad con la que ha estado relacionado en medios de comunicación. La percepción que deja es que su verdadera prioridad continúa siendo el ámbito deportivo y no la función para la que fue contratado con recursos públicos. Incluso, durante la difusión de un torneo de médicos, quedó de manifiesto esa aparente indiferencia hacia las tareas institucionales, pues la atención parecía centrarse más en el evento deportivo que en cumplir con la obligación de mantener una comunicación eficiente con los medios.
El problema no radica en que alguien tenga afición por el deporte, sino en que esa actividad nunca debe desplazar las responsabilidades del servicio público. La oficina de Comunicación Social existe para atender a los medios, facilitar información y respaldar el trabajo institucional, especialmente en un organismo que presta servicios de salud. Mientras el titular del Ichisal realiza esfuerzos para sacar adelante una dependencia con múltiples desafíos, poco ayudan colaboradores que proyectan falta de interés por las obligaciones de su cargo. La comunicación institucional requiere disponibilidad, profesionalismo y compromiso; cuando esas cualidades brillan por su ausencia, el trabajo de toda una institución termina por verse afectado.
El triunfo de México sobre Corea del Sur no solamente reavivó la ilusión futbolera de millones de aficionados que sueñan con ver al “Tri” llegar lejos, sino que, curiosamente, otro “Tri” también parece haber recuperado algo que tenía extraviado desde hace varios años: la esperanza.
Y es que, dentro del PRI chihuahuense, las recientes victorias electorales obtenidas en Coahuila y algunos resultados positivos en Chihuahua han despertado un renovado optimismo. No se trata precisamente de pensar en regresar solos al protagonismo político, sino de encontrar una fórmula que les permita volver a jugar un papel importante.
La apuesta, por ahora, no parece estar en un candidato surgido directamente de sus filas, sino en un aliado que pueda abrirles nuevamente la puerta a posiciones estratégicas dentro del escenario político estatal.
En el Comité Estatal del PRI hay entusiasmo, y el nombre que cada vez se menciona con mayor frecuencia es el del secretario General de Gobierno, Santiago de la Peña. En los últimos días ha incrementado su presencia mediática, aparece constantemente en declaraciones sobre diversos temas y, como suele suceder cuando se acercan los tiempos electorales, las encuestas ya comenzaron a circular.
Aunque el propio De la Peña ha reiterado que no está afiliado a ningún partido político, pocos olvidan que su trayectoria inició en las filas del tricolor, donde todavía conserva amistades, relaciones y una importante red de contactos.
Para muchos priistas, sería un perfil ideal si se concreta una nueva alianza entre PAN, PRI y PRD rumbo a las elecciones municipales. Además, hay una lectura muy clara: la capital del estado sigue siendo un bastión con amplias posibilidades de permanecer en manos de la derecha.
Por supuesto, no es el único nombre sobre la mesa. También figuran personajes con peso político como el exfiscal César Jáuregui o la diputada federal Manque Granados, ambos con presencia y estructura propia.
Sin embargo, Santiago de la Peña parece haberse colocado en una posición competitiva que, sin ser definitiva, lo mantiene muy cerca de la conversación principal.
Y eso, en el PRI, lo saben perfectamente.
Porque, más allá de quién resulte el elegido, lo verdaderamente importante para el priismo es volver a sentirse parte del juego y dejar de ser un simple espectador de las decisiones políticas.
Al final, como en el fútbol, la esperanza es lo último que se pierde. Y si un “Tri” ya les regaló una alegría a los mexicanos, el otro “Tri” parece dispuesto a intentar una remontada política que hace apenas unos años parecía imposible.






