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En el Congreso del Estado, al parecer, la puntualidad aplica para las listas de asistencia, pero no necesariamente para las sesiones de comisión. Apenas el 40 por ciento de las comisiones legislativas ha cumplido con lo que establece la Ley Orgánica del Poder Legislativo, cuyo artículo 87 señala que deben reunirse al menos una vez al mes cuando existan asuntos por resolver.
Los números dejan poco espacio para las excusas. Al menos siete comisiones no han sesionado ni siquiera la mitad de las ocasiones que marca la ley y, en casos como Energía y Participación Ciudadana, apenas suman tres reuniones en casi dos años de la actual Legislatura. Mientras tanto, otras como Seguridad Pública y Protección Civil acumulan 48 sesiones; Programación y Presupuesto, 46; y Gobernación, Igualdad y Justicia, 35, demostrando que sí es posible mantener actividad cuando existe voluntad.
El contraste resulta inevitable. La comisión encargada de atender los feminicidios, uno de los problemas más graves que enfrenta Chihuahua, apenas ha celebrado 13 sesiones, aunque presume 28 mesas técnicas. Al final, parece que algunas comisiones entendieron que la ley era una sugerencia y no una obligación, mientras los asuntos pendientes siguen esperando a que alguien encuentre un espacio entre la agenda política y los preparativos rumbo a las próximas elecciones.
En política hay quienes lanzan un globo de ensayo para medir el ambiente. Y luego está el exsecretario de Desarrollo Humano y Bien Común, quien decidió convocar a una rueda de prensa junto a su esposa, Anya, para anunciar, prácticamente con bombo y platillo, que quiere ser alcalde de Chihuahua por el PAN. Lo curioso no fue el destape, sino el efecto inmediato: si alguien todavía guardaba la remota duda de que pudiera convertirse en un aspirante competitivo, la conferencia pareció encargarse de disiparla por completo.
Hasta antes del anuncio, en las quinielas panistas aparecía, con mucha generosidad, como un lejano cuarto lugar. Ahora la percepción entre los propios albiazules es que ni siquiera eso tiene asegurado. En política, el momento también importa, y lanzar una candidatura sin el ritmo ni las señales del grupo suele parecer más un acto de rebeldía que una demostración de fuerza. Hay quienes dicen que no desafió a sus adversarios; desafió al cronómetro… y perdió.
Mientras tanto, los nombres que verdaderamente concentran la conversación rumbo a 2027 siguen siendo otros. Los que continúan ocupando el carril de los punteros, con estructuras, posicionamiento y reflectores mucho más sólidos. El exsecretario, en cambio, terminó regalándoles algo invaluable: una comparación que difícilmente le favorece.
Lo más llamativo fue el tono del mensaje. En lugar de transmitir que detrás existe un proyecto político robusto, la escena dio la impresión de una candidatura construida más desde el entusiasmo personal que desde la operación política. En el PAN, donde las candidaturas rara vez nacen de ocurrencias individuales, muchos interpretaron el movimiento como una jugada fuera del libreto. Y en ese partido, salirse del libreto suele tener consecuencias.
Al final, la rueda de prensa dejó una enseñanza que los viejos operadores políticos conocen de memoria: no siempre quien levanta primero la mano es quien llega más lejos. A veces sucede exactamente lo contrario. Hay destapes que impulsan carreras… y otros que sirven para confirmar quién no llegará a la meta.
Así que, mientras los verdaderos aspirantes siguen construyendo alianzas, sumando apoyos y esperando los tiempos, el exsecretario ya consiguió un logro difícil de igualar: convertir un anuncio que buscaba colocarlo en la conversación en uno que, según más de un panista, terminó despejándole el camino a sus competidores. Si antes ocupaba el cuarto escalón de las apuestas, después de esta aparición pública hay quienes aseguran, con una sonrisa apenas disimulada, que ya hasta está buscando dónde quedó el último.






