La caída de un joven desde un puente al norte de Chihuahua capital vuelve a poner sobre la mesa una promesa que Marco Bonilla, hoy presidente municipal con licencia y aspirante a la gubernatura, dejó pendiente: instalar mallas de protección en los puentes para evitar que las personas se arrojen al vacío. El incidente ocurrió en el cruce de las calles Sosa Vera y Nogales, donde un hombre de aproximadamente 25 años resultó lesionado y tuvo que ser trasladado a un hospital. Más allá de la movilización de los cuerpos de emergencia, el caso revive una pregunta incómoda para la administración municipal: ¿por qué una medida de prevención anunciada no se ha concretado?
La discusión no es menor. La falta de estas barreras de protección representa una preocupación para una ciudad que ha registrado tragedias relacionadas con caídas desde puentes. Si la instalación de mallas fue anunciada como una acción para prevenir estos hechos, su ausencia obliga a revisar qué pasó con el compromiso, qué avances hubo y por qué no se materializó. La prevención no puede quedarse en promesas ni depender de que ocurra otra tragedia para volver a ocupar la agenda pública. Hoy, mientras Bonilla busca dar el siguiente paso en su carrera política, el pendiente merece una explicación clara y, sobre todo, acciones concretas que prioricen la seguridad y la protección de la vida.
En el PAN de Chihuahua, la sucesión municipal comienza a mover nombres y a abrir escenarios ante la posibilidad de que César Jáuregui no logre salir del botellón político en el que se encuentra. Si su proyecto no termina de tomar vuelo, podría abrirse nuevamente la puerta para Juan Blanco, quien ya fue alcalde de Chihuahua y podría aparecer otra vez en la baraja blanquiazul para competir por la Presidencia Municipal. Pero no sería el único: en Acción Nacional hay fila y varios perfiles esperan la oportunidad de meterse a la contienda, entre ellos Jorge Soto, Manque Granados y Alan Falomir, además de la eventual incorporación de John White. En esa carrera hay que recordar que algunos aspirantes, como Alfredo Chávez, han quedado fuera o se han replegado de sus pretensiones, aunque en política los escenarios pueden cambiar de un momento a otro.
Y mientras se acomodan las piezas, también está el proyecto de Santiago de la Peña, cuyo nombre forma parte de las conversaciones sobre el futuro político de Chihuahua. La pregunta es quién logrará construir una candidatura competitiva y reunir los respaldos necesarios dentro del partido, en una disputa donde no basta con levantar la mano: también cuentan los acuerdos, los grupos y la capacidad de sumar. Si Jáuregui no consigue consolidarse, el PAN tendría que revisar sus alternativas y decidir si apuesta por una figura que ya conoce la Alcaldía, impulsa a alguno de los perfiles que siguen en la fila o abre espacio a nuevas cartas. Por ahora, la baraja sigue sobre la mesa y la definición dependerá de cómo evolucionen las negociaciones internas rumbo a 2027.
La ruta de Salvador “Chava” Calderón hacia una posible reelección en Parral se perfila con claridad dentro del PAN. Las reglas para los cinco municipios más importantes del estado le dejan el camino relativamente despejado: es el alcalde en funciones, tiene estructura y, por ahora, no enfrenta un rival interno que le quite el sueño.
Todo indica que, de cumplirse las condiciones, el abanderado albiazul para buscar tres años más en la Presidencia Municipal sería él. Pero mientras en las oficinas del partido se acomodan los papeles, en el Ayuntamiento la síndica Dalila Villalobos no deja de señalar las omisiones de él y de su gabinete.
Villalobos ha sido clara y contundente. Acusa que distintas dependencias municipales ignoran las solicitudes de información de la Sindicatura, que hay indiferencia ante el déficit financiero, que se pagan proveedores “a conveniencia” mientras otros esperan, que las calles siguen llenas de baches pese a los recursos destinados al bacheo y que el propio alcalde no supervisa con rigor el desempeño de quienes encabezan las áreas. En su discurso más reciente fue directa: “¡Que se incomoden! Si no les gustan los señalamientos, que no sean servidores públicos”. Y fue más lejos: responsabilizó políticamente a Calderón por las fallas de su equipo, porque el presidente municipal es quien debe vigilar que las dependencias cumplan.
El contraste es incómodo. Mientras Chava construye su narrativa de continuidad y se prepara para amarrar la candidatura panista, la fiscalizadora que llegó con él en la misma fórmula le marca omisiones, falta de resultados y un manejo financiero que no cuadra.






