InicioColumnaSTILO LIBRE: 1 DE SEPTIEMBRE 2026

STILO LIBRE: 1 DE SEPTIEMBRE 2026

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La caída de “El Roy”, señalado como operador de La Línea en la región de San Juanito, volvió a colocar a la Sierra Tarahumara en el centro de la disputa entre grupos criminales y autoridades. Según la información difundida, tras el enfrentamiento en el que murió el presunto líder, células delictivas estarían preparando una respuesta contra elementos ministeriales, incluso con supuestas recompensas por cada agente asesinado. Si estas versiones son confirmadas por las autoridades, el escenario sería especialmente delicado: no se trataría solamente de la caída de un operador criminal, sino de una posible escalada de violencia contra quienes combaten a estos grupos.

Y aquí aparece el verdadero problema político: cuando la delincuencia pretende convertir a los policías en objetivos de venganza, el Estado tiene que demostrar que no va a retroceder ni dejar sola a su gente. La Sierra necesita presencia permanente, inteligencia y coordinación, no únicamente operativos posteriores a los enfrentamientos. Porque si los criminales creen que pueden poner precio a la cabeza de un ministerial y actuar impunemente desde las brechas de la montaña, el mensaje para la población sería todavía más grave: que el miedo vuelve a tener dueño. Ahora corresponde a las autoridades esclarecer estas amenazas y, sobre todo, garantizar que quienes defienden la seguridad no terminen siendo los más vulnerables.


 

En la carrera rumbo a la Alcaldía de Chihuahua, el PAN parece enfrentar un problema que no necesariamente tiene que ver con la falta de aspirantes, sino con todo lo contrario: tiene varios perfiles competitivos, pero la disputa interna podría terminar siendo más costosa que la fortaleza individual de cualquiera de ellos.

No hay duda de que tanto el exfiscal César Jáuregui como el secretario general de Gobierno, Santiago de la Peña, son nombres fuertes, conocidos y con posibilidades reales de triunfo. Ambos tienen trayectoria, estructura y argumentos suficientes para buscar la candidatura. El problema comienza cuando, alrededor de dos aspiraciones legítimas, empieza a percibirse una especie de guerra interna, con declaraciones, posicionamientos y grupos que parecen jugar su propia partida. Y ya se sabe: cuando un partido llega dividido a una elección, el adversario empieza con ventaja.

Quizá por ello el PAN tendría que valorar un perfil con mayor capacidad de conciliación y menos carga de controversias internas. Ahí aparece un nombre que no debería ser tomado como una opción de relleno ni como una candidatura débil: la diputada federal Manque Granados. Su paso por la administración municipal le da experiencia, conocimiento de la ciudad y, sobre todo, podría representar una alternativa con mayores posibilidades de construir unidad.

Porque ganar una candidatura interna es una cosa; llegar con un partido unido a la elección constitucional es otra muy distinta. Y Manque podría ofrecer precisamente esa combinación: experiencia municipal, un perfil competitivo y menor confrontación entre los distintos grupos del panismo. Incluso podría convertirse en una buena mancuerna con quien termine siendo la candidatura azul a la Gubernatura.

Pero, claro, estamos hablando de política, y en política no siempre gana la cordura, ni la mesura, ni siquiera la estrategia más evidente. A veces pesan más los egos, las facturas pendientes y las guerras que nadie quiere reconocer públicamente.

El PAN todavía tiene tiempo para decidir. La pregunta es si elegirá al perfil que mejor pueda ganar, al que mejor pueda unir o, como suele ocurrir en estos casos, descubrirá demasiado tarde que una cosa no necesariamente garantiza la otra.

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Si Marco Bonilla realmente quiere convertirse en un contendiente fuerte rumbo a 2027, tendrá que entender algo que en política suele ser difícil de aceptar: el PAN, por sí solo, no parece tener asegurada la victoria.

Y justamente ahí está uno de los grandes dilemas que tendrá que enfrentar el alcalde de Chihuahua si finalmente busca la candidatura a la Gubernatura.

La reciente visita de Alejandro “Alito” Moreno a Chihuahua dejó una frase que difícilmente puede pasar desapercibida: sin el PRI, el PAN no gana. Puede sonar pretenciosa, arrogante e incluso exagerada viniendo de un partido que pasó de ser una de las principales fuerzas políticas del país a estar constantemente bajo la sombra de perder el registro.

Pero una cosa es la arrogancia del mensaje y otra muy distinta ignorar los números que hay detrás.

El PRI conserva estructuras. Tiene alcaldías, sindicaturas, regidurías, militancia y representación territorial. Quizá ya no es aquel partido hegemónico de otras épocas, pero tampoco está muerto. Si compitiera solo en 2027, probablemente no arrasaría, pero podría conservar el registro y obtener algunos espacios por la vía directa. Y esos votos, aunque parezcan pocos, cuentan.

Lo mismo ocurre con Movimiento Ciudadano y, en menor medida, con el PRD. No se trata de afirmar que alguno de estos partidos por sí mismo pueda cambiar el rumbo de una elección, sino de reconocer que en una contienda cerrada, cada punto porcentual puede convertirse en la diferencia entre gobernar y mirar desde la oposición.

Aquí está el verdadero asunto para Bonilla: no puede darse el lujo de despreciar ningún voto.

Porque enfrente no tendría a un improvisado. Cruz Pérez Cuéllar lleva kilómetros recorridos, estructura política, experiencia electoral y conocimiento del estado. Subestimarlo sería uno de los errores más costosos que podría cometer el panismo.

Y hay otra realidad que tampoco debería perderse de vista: los posibles aliados de Morena no necesariamente tienen la misma presencia territorial que los partidos que podrían acompañar al PAN. El Verde luce considerablemente disminuido y el PT ha mantenido una presencia más discreta. En cambio, PRI, MC y PRD todavía cuentan con cuadros, gobiernos municipales, sindicaturas y representantes distribuidos por Chihuahua.

Eso puede parecer poco en una fotografía nacional, pero en una elección estatal puede ser muchísimo.

Por eso, si Bonilla quiere ir por todo, tendrá que hacer precisamente eso: ir por todo. No solamente por los votos panistas, sino por los priistas, emecistas, perredistas y hasta por aquellos electores que no sienten simpatía particular por ningún partido, pero que sí pueden inclinar la balanza.

Alito quizá se excedió al decir que sin el PRI el PAN no gana. Pero Bonilla cometería un error todavía mayor si interpreta esa declaración como una razón para cerrar la puerta.

En 2027, probablemente la elección no será del partido que se sienta más fuerte, sino del que peque menos de arrogancia.

El orgullo tendrá que guardarse en el cajón. Las diferencias deberán negociarse. Y si de verdad quieren conservar Chihuahua, quizá llegó la hora de que todos entiendan que no se trata de quién manda en la alianza, sino de quién es capaz de construirla.

Porque al final, en una elección cerrada, un punto no es un punto: puede ser la Gubernatura.


 

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