Mientras el Gobierno Municipal presume el recarpeteo de la avenida Politécnico Nacional y destaca que los trabajos se realizarán durante la noche para evitar molestias a quienes transitan por una de las zonas con mayor actividad económica de la ciudad, en el sur de Chihuahua los ciudadanos siguen esperando que alguien voltee a ver la calle Melchor Guaspe, una vialidad que se encuentra en condiciones mucho peores y que desde hace tiempo representa un verdadero dolor de cabeza para miles de automovilistas. La diferencia, comentan los vecinos con ironía, es que por la Politécnico circula diariamente gente de un nivel económico alto y por ahí también pasa la clase política; en cambio, por la Melchor Guaspe no transita el presidente municipal.
Y esa percepción termina convirtiéndose en un problema político. Porque mientras unas calles reciben atención inmediata y otras permanecen olvidadas pese a su evidente deterioro, el mensaje que reciben los ciudadanos es que existen vialidades de primera y de segunda. Tal vez hoy la Melchor Guaspe no sea prioridad para la administración municipal, pero sería un error olvidar que quienes recorren diariamente esa zona también votan. Las campañas electorales están más cerca de lo que parece y el estado de las calles suele convertirse en uno de los recordatorios más visibles de las promesas incumplidas.
Mientras unos apenas siguen explicando por qué pidieron licencia antes de tiempo, otros ya llevan semanas caminando el estado. Así de simple parece la fotografía interna de Morena en Chihuahua. Andrea Chávez arrancó primero la carrera rumbo a la candidatura, con una estrategia basada en reflectores nacionales, videos bien producidos y una agenda mediática intensa. Sin embargo, en política no gana quien sale primero del arrancadero, sino quien llega con más respaldo cuando realmente importa. Y hoy, guste o no, Cruz Pérez Cuéllar parece haber dejado atrás aquella ventaja inicial.
Los números hablan más fuerte que los discursos. En apenas 45 días presume un millón de viviendas visitadas mediante la estructura territorial, ocho mil kilómetros recorridos, presencia en 35 municipios, 70 asambleas informativas, reuniones con sectores productivos y 80 cruceros activados de manera simultánea. No son cifras menores; representan una campaña de tierra que difícilmente puede improvisarse. Mientras algunos continúan apostándole a las redes sociales, Cruz parece haber entendido que las elecciones en Chihuahua todavía se ganan saludando personas, escuchando problemas y ensuciándose los zapatos.
Y es precisamente ahí donde comienza a marcarse la diferencia. Andrea construyó durante meses una imagen de favorita indiscutible, casi como si la candidatura estuviera escrita desde la Ciudad de México. Pero Chihuahua suele tener la mala costumbre de decidir distinto a los cálculos centralistas. El estado es extenso, complejo y profundamente regionalista. Aquí no basta con aparecer en las conferencias nacionales ni acumular entrevistas; hay que recorrer brechas, sentarse con productores, empresarios, comerciantes y vecinos. Ese trabajo, por ahora, tiene un nombre mucho más visible: Cruz Pérez Cuéllar.
En medio de esa competencia también apareció el eterno discurso de la unidad encabezado por el profesor Martín Chaparro. El problema es que la unidad no se decreta en una rueda de prensa ni con llamados diplomáticos que terminan olvidándose al día siguiente. Mientras los aspirantes miden fuerzas, el exdirigente parece haberse instalado cómodamente en el gris absoluto: ni lidera, ni influye, ni pesa. Está presente en las fotografías, pero ausente en las decisiones que realmente mueven la balanza dentro del movimiento.
Si Morena realmente pretende conservar posibilidades serias de conquistar la gubernatura en 2027, convendría observar con frialdad lo que está ocurriendo en territorio y no solamente en las encuestas o en las tendencias digitales. La política sigue teniendo un componente irremplazable: la cercanía con la gente. Y cuando alguien logra movilizar estructuras, recorrer prácticamente todo el estado y mantener presencia constante durante semanas, difícilmente puede considerarse un accidente. Más bien comienza a convertirse en una señal bastante clara.
Quizá por eso hoy la pregunta dentro de Morena ya no es quién comenzó primero la carrera, sino quién llega con más fuerza a la recta decisiva. Todo indica que Cruz Pérez Cuéllar cambió el ritmo de la competencia y obligó a sus adversarios a correr detrás de él. Andrea Chávez pasó de marcar el paso a intentar alcanzarlo, mientras el profesor Chaparro sigue buscando un protagonismo que hace tiempo se le escapó. Al final, si el partido realmente quiere abrir la puerta de Palacio de Gobierno en 2027, la llave parece estar menos en los reflectores y mucho más en los miles de kilómetros recorridos sobre el polvo de Chihuahua.






