InicioColumnaSTILO LIBRE: 16 DE JULIO 2026

STILO LIBRE: 16 DE JULIO 2026

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Noticias Chihuahua:

El PAN estatal y el municipal atraviesan una etapa de liderazgo que, aunque en el papel tiene titulares, en los hechos luce acéfala. La dirigencia se ha mostrado tibia frente a la definición de quién deberá portar la bandera rumbo a la próxima contienda, mientras los militantes de cepa, esos que pegaron calcas desde que tenían las rodillas mugrosas y crecieron bajo la doctrina de Manuel Gómez Morin y Luis H. Álvarez, levantan la mano para exigir que la candidatura surja de las filas blanquiazules. Lo que muchos cuestionan es el silencio de quienes hoy encabezan el Comité Directivo Estatal y el Municipal, pues lejos de defender la historia y los principios del partido, parecen observar desde la barrera el debate sobre una eventual candidatura externa.

Y es precisamente ahí donde comienza el verdadero riesgo para Acción Nacional. Si al final la decisión recae en una figura ajena a lo tradicional, impulsada más por un dedazo que por el trabajo partidista, no sería extraño que apareciera un voto de castigo proveniente de los propios militantes y simpatizantes históricos. La inconformidad de la base azul podría traducirse en desmovilización o incluso en una factura electoral difícil de remontar. Que nadie minimice ese escenario: si el panismo de convicción siente que fue desplazado, hasta la capital del estado podría dejar de ser un bastión seguro para el PAN.


Hay políticos que ya no necesitan café para despertar. Les basta con pronunciar una palabra mágica: Morena. Si llueve, fue Morena. Si protestan, es Morena. Si alguien toca la puerta para vender tamales, probablemente también sea Morena haciendo labor territorial. La declaración del alcalde Marco Bonilla, al minimizar la protesta contra el convenio entre la JCAS e Israel asegurando que detrás están los morenistas, confirma que en la política chihuahuense ya existe un nuevo deporte extremo: encontrar a Morena hasta en la sopa.

Lo curioso es que esa obsesión termina siendo tan exagerada que, sin querer, le regala a Morena una capacidad casi sobrenatural. Pareciera que el partido controla cada cartel, cada megáfono, cada marcha, cada publicación en redes sociales y hasta decide quién lleva la lona y quién reparte el agua. Si uno escuchara ciertos discursos oficiales, concluiría que la oposición ya descubrió el secreto de la ubicuidad y que tiene militantes infiltrados hasta en las reuniones familiares de los domingos.

Pero tampoco hay que caer en la ingenuidad romántica del otro extremo. Pensar que todas las manifestaciones nacen espontáneamente, sin que ningún actor político intente capitalizarlas, sería desconocer cómo funciona la política desde que existe la política. La realidad demuestra que cuando surge una causa con potencial mediático, siempre aparecen partidos, dirigentes y aspirantes dispuestos a tomarse la foto. No importa si es el agua, los árboles, Palestina, Israel, los baches o los perros callejeros. Si hay reflectores, habrá políticos intentando convertirlos en votos.

Y ahí es donde muchos colectivos, especialmente aquellos integrados por jóvenes llenos de entusiasmo, terminan caminando sobre una línea muy delgada. Hay quienes participan por auténtica convicción; otros porque la causa está en tendencia; algunos porque apenas empiezan a entender la complejidad del tema. Lo lamentable es que, mientras unos marchan convencidos de estar cambiando el mundo, nunca falta el operador político que ya está calculando cuántos puntos porcentuales puede obtener de esa indignación. Los políticos, de cualquier color, rara vez dan un paso sin calcular el beneficio.

Por eso resulta tan cómodo reducir cualquier protesta a un simple «son de Morena». Esa explicación evita discutir el fondo del asunto, pero también evita reconocer que la política vive precisamente de apropiarse de causas sociales. Unos ven conspiraciones en cada manifestación; otros ven oportunidades electorales en cada inconformidad. Al final, ambos terminan utilizando el mismo combustible: el descontento ciudadano.

Quizá el verdadero problema no sea si la protesta beneficia a Morena, al PAN o a cualquier otro partido. El problema es que en México ya convertimos cualquier causa pública en una campaña anticipada. Mientras unos buscan morenistas debajo de las piedras, otros buscan simpatizantes debajo de las pancartas. Y así, entre paranoias electorales y oportunismos perfectamente calculados, los ciudadanos terminan siendo el escenario donde todos quieren actuar, aunque casi nadie esté realmente interesado en resolver el problema de fondo.


En política hay quienes creen que una candidatura se consigue a fuerza de espectaculares, entrevistas, eventos y la repetición constante de un nombre. Y luego están quienes entienden que la mejor campaña es hacer el trabajo antes de pedir el cargo. El registro de Alan Falomir como aspirante a la candidatura del PAN por la Alcaldía de Chihuahua no sorprendió a nadie, pero sí confirma que dejó de ser una posibilidad para convertirse en un competidor serio dentro de la contienda interna.

Lo interesante no es el registro en sí, sino el camino que recorrió para llegar hasta ahí. Hace apenas unos meses aparecía varios escalones abajo en las mediciones internas. Mientras otros parecían convencidos de que la candidatura les pertenecía por derecho divino, Falomir optó por una estrategia mucho menos vistosa, pero bastante más efectiva: trabajar. Sin demasiados reflectores, comenzó a recorrer espacios, fortalecer relaciones y construir una presencia que hoy empieza a reflejarse en las encuestas.

En contraste, el caso de Rafael Loera deja una lección que suele repetirse en la política mexicana. Apostar a la exposición permanente no siempre genera simpatía. Incluso el intento de capitalizar mediáticamente el lamentable incidente que vivió su esposa, Anya, terminó sin el efecto político que algunos anticipaban. Lejos de consolidarlo, las mediciones más recientes lo colocan varios lugares abajo de donde hace unos meses muchos lo daban como el candidato inevitable. La percepción pública terminó siendo mucho más fría que la expectativa de sus promotores.

La política también castiga la ansiedad. Cuando un aspirante transmite la sensación de querer ser candidato a toda costa, el mensaje puede volverse contraproducente. Los ciudadanos suelen distinguir entre quien busca un cargo porque considera que puede aportar y quien simplemente quiere aparecer en la siguiente boleta. Estar en cada espectacular o en cada fotografía no sustituye el trabajo territorial ni la construcción de una narrativa propia.

Alan Falomir, sin hacer demasiado ruido, ya comienza a ser visto como una alternativa real dentro del PAN. No significa que tenga la candidatura asegurada ni mucho menos la elección ganada, pero sí que logró instalarse en una conversación donde hace algunos meses ni siquiera figuraba entre los principales contendientes. Si mantiene ese ritmo, no sería extraño verlo colarse entre los tres perfiles más competitivos rumbo a la definición panista.

Al final, la política sigue teniendo una regla que muchos olvidan: las candidaturas no siempre se heredan ni se compran con publicidad. Se construyen. Porque querer ser «producto de gallina», salir todos los días a presumir que ya casi eres candidato, difícilmente convence cuando no existe una base sólida de simpatía. En cambio, el trabajo constante suele hacer mucho más ruido que cualquier espectacular. Y, por lo visto, esa diferencia ya empieza a reflejarse en el tablero político de Chihuahua.

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Esta mañana, en una rueda de prensa en La Casona, el empresario Eduardo “Lalo” Almeida brilló por su ausencia. En su lugar, su representante legal, Fernando Alarcón Martínez, ofreció la versión del empresario sobre los hechos ocurridos el pasado 27 de junio en el ejido La Haciendita, donde Almeida protagonizó una disputa con ejidatarios que terminó con disparos.

Según el abogado, todo inició con una asamblea irregular convocada por WhatsApp. Luego se generó una fuerte discusión entre ejidatarios y arrendatarios, y Almeida fue víctima de un intento de linchamiento.

Alarcón aseguró que, ante la agresión, su cliente actuó en defensa legítima al sacar un arma y disparar.

Además, denunció que días previos al incidente se reportó la presencia de 6 sujetos fuertemente armados en la zona, vinculados a actos fraudulentos de compraventa de tierras y derechos parcelarios sin cumplir con la Ley Agraria.

El litigante aclaró que Almeida se encuentra en libertad bajo reserva y continúa bajo investigación. Finalmente, mencionó que el conflicto busca desconocer derechos agrarios otorgados mediante poder notarial ante la Notaría 10.

Noticias Chihuahua

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