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En Chihuahua, el SNTE Sección 8 ha desenterrado los fantasmas de los peores tiempos del sindicalismo magisterial, cuando en la era de Carlos Jonguitud Barrios (1974-1989) se encubrían conductas graves de maestros —acoso, abuso, desvíos— con traslados rápidos a otras escuelas o comisiones sindicales para esquivar la justicia. En 2025, un caso en la zona escolar No. 8 de primarias en la capital revive esta práctica: Fernando S. O., Asistente Técnico Pedagógico, acusado de abuso sexual y violación por una trabajadora administrativa, fue reubicado a otra zona escolar en semanas, burlando los procesos de la USICAMM. Mientras la víctima enfrentó trabas del departamento jurídico de SEECH y malos tratos en la Dirección de Primarias, el sindicato, liderado por Eduardo Zendejas y con Nicolás Aragón Cuéllar como operador, asesoró al imputado, moviendo influencias para protegerlo.

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La audiencia inicial del 16 de junio y la de vinculación del 20, en la causa penal 1135/2025, expusieron la descarada parcialidad del SNTE. Aragón, autoproclamado “secretario de conflictos” sin serlo, defendió a Fernando S. O. con testigos alineados y documentos dudosos, mintiendo ante la jueza, quien vinculó al acusado por abuso sexual y violación, imponiéndole prisión preventiva por el riesgo de fuga y su peligro para la víctima. Pese a esto, el SNTE y SEECH parecen dispuestos a salvar su plaza con maniobras como permisos irregulares, mientras la víctima, sin apoyo sindical, lucha sola en tribunales. Este caso, junto a otros como los señalamientos contra la supervisora de la zona 28 o la denuncia por acoso contra el diputado Oscar Avitia, evidencia un sindicalismo misógino y protector de los suyos, reminiscente de un pasado que creíamos superado. ¿Estarán traicionando a Alfonso Cepeda Salas, líder nacional, con estas prácticas?


En el Ayuntamiento de Chihuahua, las revisiones a los llamados “anexos” —centros de rehabilitación para personas con adicciones— han sido presentadas como una acción contundente para detectar presuntos delincuentes escondidos entre los internos. Sin embargo, la estrategia presenta desde su raíz un fallo grave: se avisa previamente que se harán las inspecciones. ¿A quién se le informa? ¿A los encargados de los anexos o a los mismos internos? Porque si el objetivo es sorprender a personas con órdenes de aprehensión, lo lógico sería actuar sin previo aviso. De lo contrario, se les da tiempo suficiente para desaparecer o esconderse, haciendo del operativo un montaje más para la nota informativa que para la eficacia real.

El regidor Issac Díaz Gurrola, presidente de la Comisión de Seguridad, defendió estos operativos como parte de las acciones para inhibir el delito y mejorar la percepción ciudadana. Y aunque aplaude que se cuente con el respaldo de la Comisión Estatal de Derechos Humanos y otras corporaciones, lo cierto es que los resultados siguen siendo modestos: apenas un par de detenidos por narcomenudeo y algunas clausuras. Lo preocupante es que, en su discurso, se habla de inteligencia, de estrategia y de prevención, pero todo queda en el aire si el enemigo es advertido con tiempo. Si de verdad se pretende combatir la criminalidad oculta en estos espacios, se requiere táctica, sorpresa y coordinación efectiva, no simulaciones con reflectores y avisos que más parecen cortesías que acciones firmes de seguridad. Porque al final, ¿de qué sirve un operativo que ya todos sabían que ocurriría?


César Jáuregui, un titán del Partido Acción Nacional (PAN), está tejiendo con maestría su camino hacia la candidatura por el municipio de Chihuahua. En las redes sociales, su presencia se siente con fuerza: imágenes que transmiten cercanía, mensajes que resuenan y una chispa creativa que busca encender el ánimo del electorado.

Con la astucia de un lobo de mar, Jáuregui despliega una trayectoria imponente y un colmillo que pocos pueden igualar. Frente a él, figuras como el joven Loera parecen apenas aprendices en un juego donde la experiencia manda. Su historial habla por sí solo: sabe leer el viento político y navegar sus corrientes con precisión.

Esta vez, no hay dudas: Jáuregui va en serio. Su apuesta por la capital del estado es un movimiento calculado, no un capricho. Mientras el PAN busca afianzar su liderazgo, este veterano está construyendo un relato que lo posiciona como la carta fuerte. Los reflectores están puestos en él, y en política, los lobos como Jáuregui no dan pasos en falso.


 

 

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