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ANTE LA YA CANTADA salida del secretario de Educación, Hugo Gutiérrez Dávila, por sus actividades encaminadas al 2027, de acción proselitista y operación de posibles campañas, se empieza a calentar la plaza y con ello ha surgido la primera auto postulación, el deudor diverso Omar Bazán Flores, director General de CONALEP.
El análisis es rápido y la historia se cuenta sola: Bazán Flores mostró su lado cacique como dirigente del PRI, aferrándose a su posición y postulaciones permanentes como legislador. Ahora el sistema CONALEP en Chihuahua es la víctima de su mesianismo, su sed desmedida de inflar nómina con su séquito de lisonjeros y empleados, jardineros, choferes, matraqueros, amiguitos y demás.
Mucho trabajo costó subsanar deudas, compromisos administrativos, y políticos que dejaron anteriores directores, cuando le nombraron “con la mesa ya enderezada” para hacer lo que mejor sabe hacer… descomponer y dividir a las instituciones.
No obstante, se jacta de tener buena relación con las secciones sindicales del SNTE, buena relación con los sindicatos del CONALEP (ambas especulaciones son falsas) y miente al promover ser la mejor opción para encabezar la política educativa en Chihuahua, pues lo que menos ostenta es mesura, ni capacidad de diálogo y mucho menos habilidades para la conciliación.
¿Se imagina lo que le espera al sector educativo con alguien que fue aliado de Javier Corral, que dividió al partido que le dio todo, traicionó al ex dirigente nacional Manlio Fabio Beltrones, que le ha abierto las puertas a Morena (siendo propuesta de Acción Nacional), quien le ha mandado decenas de mensajes a Andrea Chávez poniéndose a sus órdenes?
Bien dicen que nada se rompe de afuera hacia dentro, sino de adentro hacia a fuera. Lo malo es que hay quienes siguen creyendo en personajes como el ya conocido en la persona de Omar Bazán; como dice el refrán “No tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre”, ¿Quién lo impulsa, quién lo promueve, a quién sirve u obedece realmente?, y ya entrados en reflexiones populares, ojalá que aquí no cobre vigencia aquella frase que dice “Dime con quién andas y te diré quién eres”.
Se pone interesante el tema de quien será el sucesor de Marcó Bonilla en la Capital. Con el presidente ya de salida, se espera que la capital siga siendo azul, pero hay muchos aspirantes en el partido en turno que buscan la oportunidad. El próximo 21 de marzo saldrá la convocatoria oficial, y con ella, la lluvia de publicidad y promesas.
La competencia será feroz, y algunos aspirantes ya están haciendo ruido, aunque otros parecen tener una visión distorsionada de sus posibilidades. Veremos quiénes se toman el permiso para buscar la alcaldía de Chihuahua y quiénes se quedan en el camino. La pregunta es, ¿quién será el afortunado? La respuesta, en las próximas semanas.
En el más reciente Informe de la gobernadora Maru Campos, hubo de todo: aplausos cronometrados, selfies estratégicas y políticos que caminaban como si trajeran reflector propio… aunque nadie los estuviera viendo.
Entre ellos, el alcalde de Delicias, Jesús Valenciano, quien hizo el viaje hasta la capital con la esperanza —quizá ingenua— de que los micrófonos lo recibieran como si fuera estrella de temporada. Spoiler: no pasó.
Dicen los que estaban ahí que, tras concluir el acto protocolario, Valenciano salió del recinto con esa mirada clásica de “¿sí me van a entrevistar o me regreso?”. Volteaba a un lado, volteaba al otro, ajustaba el saco, acomodaba la sonrisa… pero los reporteros estaban ocupados con figuras de mayor cartel. Porque claro, no todos los días se juntan invitados nacionales del PAN, diputados federales y hasta los tres exgobernadores del PRI que, aunque jubilados del poder, todavía jalan más cámara que varios en activo.
El contraste fue inevitable. Mientras algunos salían por la puerta grande, otros optaron por la salida VIP —esa que parece diseñada para evitar tumultos y preguntas incómodas— como el alcalde capitalino Marco Bonilla, quien primero desfiló ante medios con timing quirúrgico y después se perdió discretamente en el séquito oficial. Estrategia, le llaman.
Y ahí quedó Valenciano, con cara de “yo también vine”. No faltó quien murmurara que el enojo no era por la falta de entrevistas, sino por la falta de señales rumbo a 2027. Porque en política, el aplauso no es solo vanidad: es termómetro. Y cuando el termómetro no marca, empieza la calentura.
Tal parece que al alcalde deliciense se le está acabando el corrido —y no precisamente porque ya venga el bis— sino porque el público no lo pidió. En este concierto adelantado por las candidaturas futuras, no basta con llegar; hay que generar ruido. Y si algo quedó claro en el Informe, es que el ruido lo hicieron otros.
Si sigue midiendo su fuerza por el número de micrófonos que lo rodean, corre el riesgo de que para 2027 no le alcance ni para precampaña… pero eso sí, podría ganar una hernia de tanto coraje acumulado.
En política, a veces no perder también es noticia. Pero pasar inadvertido… eso sí que duele.








