Noticias Chihuahua:
Dicen que la autonomía judicial es sagrada. Tan sagrada que solo aparece cuando alguien osa cuestionar a uno de los suyos. Antes no la veíamos mucho, pero mire usted qué milagro: bastó que la jueza Abril Alatorre siguiera el librito al pie de la letra y dejara ir a un homicida —perdón, “presunto” homicida, no se nos vaya a ofender el expediente—para que, de pronto, los jueces descubrieran que existen como gremio.
Y no solo existen: se defienden en manada.
Porque cuando el ciudadano común se pregunta cómo es posible que una persona señalada por matar a alguien salga del juzgado como si hubiera ido a pagar una multa de tránsito, la respuesta no es “revisemos el caso”, ni “expliquemos la resolución”, ni mucho menos “tal vez el sistema necesita ajustes”. No. La respuesta correcta es una carta. Una carta solemne, colectiva y llena de palabras grandes como Estado de Derecho, independencia y autonomía judicial, que en términos simples dice: “no nos cuestionen”.
La narrativa es clara: Abril Alatorre no hizo nada malo, solo aplicó la ley. Y si la ley permite que un “presunto” homicida vuelva a su casa con medidas cautelares y mucha fe en el sistema, entonces el problema no es la decisión… es usted por indignarse.
Eso sí, sorprende el súbito espíritu solidario. Nunca vimos a tantos jueces tan coordinados cuando las víctimas reclamaban justicia, cuando los procesos se eternizaban o cuando resoluciones dudosas pasaban sin explicación. Pero ahora sí hubo firmas, tiempo y coraje institucional.
Y entre los firmantes —detalle técnico, casi invisible— aparecen jueces con pasado administrativo, excolaboradores de la administración municipal, personajes que hasta hace poco caminaban cómodos entre escritorios de gobierno y hoy se envuelven en la toga de la imparcialidad. Nada que ver, claro. Pura coincidencia. El destino es bromista.
La autonomía judicial, nos dicen, no debe tocarse ni con el pétalo de una crítica. Pero curiosamente sí puede defenderse con comunicados que parecen más posicionamiento político que razonamiento jurídico. Autonomía, pero en bloque. Independencia, pero con firmas alineadas.
Mientras tanto, el ciudadano aprende la lección:
no se enoje,
no cuestione,
no sospeche,
confíe.
Confíe en que todo está bien porque alguien siguió el procedimiento, aunque el resultado sea peligroso, absurdo o insultante para el sentido común.
Al final, parece que el verdadero pecado no fue el homicidio, sino atreverse a señalar a la jueza Abril Alatorre y al sistema que la arropa. Porque en este país puedes quedar libre siendo “presunto” homicida, pero no salgas a dudar del Poder Judicial.
Eso sí que no lo perdonan.







