No es un secreto que Chihuahua ha sido uno de los estados que más se ha resistido a este cambio. No por necedad, sino por memoria. Porque aquí lo que se vende a nivel nacional como austeridad y como honestidad, en muchos casos se ha traducido en enriquecimiento ilícito, en escándalos y en políticos de la 4T que llegaron sin nada y hoy no pueden explicar lo que tienen.
Chihuahua no parece dispuesto a tolerarlo. Y por eso mismo, les cuesta entrar. Pero ante la resistencia, la estrategia es clara: ganar más espacios. Ganar más lugares. Aunque sea a la fuerza. Aunque sea pintando.
Muestra de ello es el color guinda que se está apoderando del Colegio de Bachilleres.Unas escuelas que ya tienen identidad propia. Que tienen logotipo, colores institucionales, una historia en sus bardas. Y que hoy, de la noche a la mañana, están amaneciendo áreas de color guinda. No es mantenimiento. No es casualidad. Es mensaje.
Es la 4T pintándose en los lugares donde no ha podido entrar con votos. Es la marca del partido queriendo convertirse en la marca del Estado.
Las bardas del Bachilleres no necesitan ideología. Necesitan pintura que no se caiga, baños que sirvan y aulas dignas. Pero hoy les están poniendo lo primero que encontraron: el color de un movimiento.
La Cuarta Transformación sigue avanzando, sí. Y sigue pintándose en todos lados.
Vaya escándalo el que salpica a la Unidad de Medicina Familiar número 33 del IMSS, en Chihuahua, donde un trabajador fue señalado en redes sociales por presuntamente romperle la tarjeta de citas a una derechohabiente que necesita continuar con su tratamiento de quimioterapia. Según la denuncia, el empleado del turno matutino, encargado de programar citas de laboratorio, habría perdido los estribos ante un reclamo y terminado por destruir el documento que la paciente requería para seguir con su atención médica. Si así se trata a quien acude buscando ayuda, habría que preguntarse dónde quedó la sensibilidad que debería caracterizar a una institución de salud.
Pero lo más delicado de la historia es el sufrimiento que, según la publicación, vivió la mujer, quien habría terminado llorando ante el temor de quedarse sin su tratamiento. Y como si eso no fuera suficiente, al trabajador también le atribuyen haber presumido que cuenta con el respaldo de su sindicato, mientras la jefatura de la clínica supuestamente permanecía sin intervenir para resolver el problema. En las imágenes difundidas aparece un hombre frente a una computadora haciendo una seña obscena, a quien la denuncia identifica como el empleado involucrado. ¿De verdad alguien puede sentirse intocable cuando está de por medio la salud de una paciente?
Por ahora, las acusaciones no han sido confirmadas oficialmente y tampoco se conoce la versión del señalado, por lo que corresponde a las autoridades del IMSS investigar y esclarecer lo ocurrido. Sin embargo, el caso pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿quién protege a los derechohabientes cuando denuncian malos tratos dentro de una institución que debería atenderlos? Porque si alguien utilizó su puesto para humillar a una paciente, no bastaría con presumir padrinos ni escudarse en respaldos sindicales; lo que se necesita es una explicación, una investigación seria y, sobre todo, garantías de que ninguna persona se quede sin atención médica por un conflicto en una ventanilla.
¡Háganse a un lado, que ya llegó otra aspirante! Dicen que en Morena Chihuahua ya empezó a circular el nombre de Martha Laguette para la Alcaldía capitalina. Sí, la misma que en 2004 quiso conquistar la Presidencia Municipal bajo la bandera del PRI tatuado en su corazón, pero terminó viendo la victoria desde la barrera, cuando el panista Juan Blanco se quedó con el Ayuntamiento. Una pionera, pues, en eso de intentar arrebatarle la joya de la corona al PAN.
Pero la política tiene sus milagros y Morena, al parecer, también sus lavanderías de historial. Para 2021, Martha volvió al ruedo, ahora con los colores guindas y en busca de la Sindicatura. Aquella conversión política tampoco alcanzó para ganar, pero ¿quién dijo que dos derrotas son suficientes para abandonar los sueños? En la política, perder no siempre es el final; a veces es apenas el trámite para volver a levantar la mano.
Y es que por los pasillos morenistas parece que ya andan haciendo cuentas alegres: que si el caso de César Jáuregui va a hacer pedazos al PAN, que si la derecha quedará pulverizada, que si la capital finalmente caerá en manos de la Cuarta Transformación. ¡Ya hasta deben estar apartando lugar para el festejo! Todo, por supuesto, bajo la premisa de que el desgaste de los adversarios se convierte automáticamente en votos propios. Como si el electorado no tuviera memoria, criterio ni otras preocupaciones que atender, o simplemente que ni les interesa el pleitito interno.
Y en ese desfile de aspirantes aparece Martha, con experiencia política y, según los comentarios que circulan, con propiedades que tampoco pasan desapercibidas. Basta echar un vistazo a las rentas que se atribuyen a algunos de sus inmuebles en el Centro, donde se habla de cantidades que rondan los 80 mil pesos mensuales o más como mínimo. ¡Con esos precios, hasta la aspiración a la Alcaldía podría incluir departamento amueblado!
Por lo pronto, Morena sigue engordando la lista de quienes sueñan con gobernar Chihuahua capital. Y si la estrategia consiste en esperar a que el PAN se tropiece para entrar por la puerta grande, quizá convendría recordarles que una elección no se gana con las derrotas ajenas ni con las ganas propias. Martha ya conoce el sabor de las campañas y también el de las derrotas. Ahora falta saber si esta vez buscará la tercera oportunidad o si todo se quedará en otro chisme de sobremesa. Porque en Morena, al parecer, la joya de la corona ya tiene tantos pretendientes que pronto van a necesitar fichas para repartir turno…¿Será que el siguiente en la lista vuelva a ser Fernando Tiscareño?






