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El Estado consideran que las amenazas de juicio político promovidas por Morena contra la gobernadora Maru Campos todavía forman parte de una estrategia mediática más que de un proceso jurídico real. El secretario general de Gobierno, Santiago De la Peña, dejó claro que hasta ahora no existe ninguna notificación oficial ni acusación formal, por lo que hablar de una defensa legal sería adelantarse a los hechos. Desde Palacio sostienen que el tema se ha utilizado para generar presión política y posicionar un discurso de confrontación en Chihuahua, mientras la administración estatal asegura mantenerse lista para responder en caso de que el escenario avance por la vía legal.
La tensión también exhibe el choque político entre Morena y la actual administración. De la Peña acusó que detrás del intento de juicio existe una intención de golpear a una gobernadora que ha mantenido una postura firme frente al crimen organizado, mientras señaló que otros actores ligados a Morena enfrentan señalamientos delicados sin recibir la misma presión pública. Además, cuestionó la recolección de firmas impulsada por el partido guinda al considerar que tiene más objetivos políticos que legales, incluso advirtiendo sobre la necesidad de revisar la autenticidad y procedencia de los apoyos ciudadanos recabados en distintos puntos del estado.
La disputa política entre Morena y el alcalde de Chihuahua, Marco Bonilla, volvió a escalar luego de la denuncia presentada ante el Instituto Estatal Electoral por presuntos actos anticipados de campaña durante una visita a Ciudad Juárez. Desde el Gobierno Municipal, la vocera Mariana de Lachica, que por cierto solo da declaraciones de la campaña de Marco Bonilla, minimizó el señalamiento al asegurar que hasta ahora no existe ninguna notificación oficial por parte de la autoridad electoral, por lo que consideran que el tema permanece únicamente en el terreno político. La administración capitalina sostiene que no hay elementos que acrediten una promoción electoral indebida por parte del edil.
De acuerdo con la versión oficial, la presencia de Bonilla en Juárez obedeció a actividades relacionadas con la Red Mexicana de Ciudades Amigas de la Niñez, organismo nacional que actualmente encabeza el propio alcalde capitalino. De Lachica afirmó que el encuentro tuvo carácter institucional y no político, además de señalar que el Gobierno Municipal juarense ni siquiera ha mostrado interés en integrarse a dicha red. Con ello, el Municipio busca desacreditar las acusaciones impulsadas por el regidor morenista Antonio Domínguez Alderete, en medio del creciente clima de confrontación rumbo al próximo proceso electoral.
En otros tiempos, los regidores del PAN en Chihuahua parecían comentaristas de box: opinaban de todo, brincaban a cada polémica, salían a defender al alcalde, al partido, al perro, al gato y hasta al poste mal pintado. Hoy, sin embargo, algo raro sucede en el Cabildo azul. ¿Los cambiaron por hologramas? ¿Entraron a una etapa de meditación política? ¿O simplemente descubrieron el viejo arte mexicano de “hacerse pato” mientras pasa la tormenta?
Porque, seamos honestos, Chihuahua atraviesa semanas donde las polémicas políticas no han faltado: seguridad, ataques desde la mañanera, controversias nacionales, presiones presupuestales y el siempre rentable deporte local de pelearse con Morena. Y aun así, algunos regidores panistas parecen haber confundido el cargo con una membresía premium de espectadores VIP.
Antes hacían más ruido. Mucho más. Particularmente los dos “primogénitos” del panismo municipal: Félix Martínez e Isaac Díaz, quienes hace no mucho parecían estar en campaña permanente, micrófono en mano y discurso listo. Hoy, más discretos que político en examen patrimonial. Curioso, sobre todo porque ambos fueron de los perfiles más visibles dentro de la fracción y hasta se les veía levantando la mano para proyectos futuros. Félix incluso ha movido piezas dentro del panismo municipal y se ha mencionado en escenarios partidistas, mientras Isaac mantenía presencia en temas de seguridad desde Cabildo.
Pero ahora pareciera que el manual cambió: menos reflector, menos pleito, menos posicionamiento. Como si alguien les hubiera dicho: “No hagan olas, muchachos, no vayan a salpicar la candidatura”. Porque ahí está el rumor que ya ni rumor parece: algunos ya tendrían prácticamente amarrada su siguiente parada rumbo al Congreso local. Y claro, cuando la diputación se ve cerca, muchos políticos dejan de correr y empiezan a cuidar los zapatos.
El problema es que la política tiene memoria corta, pero los ciudadanos también tienen ojos. Dormirse en los laureles nunca ha sido buena estrategia; menos en un PAN donde la competencia interna suele parecer capítulo de Game of Thrones, pero con chalecos azules y desayunos en cafés políticos.
Y luego está la coordinadora, Isela Martínez. Experimentada, disciplinada, operadora de oficio. Pero también con el radar político bien calibrado hacia una eventual vuelta a la curul legislativa, un terreno donde —dirán sus malpensados detractores— el aire acondicionado es mejor, el reflector es más amable y el salario también sonríe distinto. Isela mantiene liderazgo dentro de la bancada y participa en comisiones clave del Ayuntamiento, pero la sensación de que mira hacia el Congreso sigue rondando en los pasillos políticos.
Mientras tanto, entre tanto bajo perfil, quien curiosamente parece haber entendido el juego es Luis Villegas hijo. Sí, el junior político que muchos miraban con lupa por apellido, pero que anda haciendo más ruido que varios veteranos juntos. Presidiendo comisiones, moviéndose, hablando, apareciendo. No grita demasiado, pero tampoco desaparece. Y eso, en política, ya es una ventaja competitiva. Además, él mismo ha dejado ver que quiere repetir como regidor y construir carrera, porque en este negocio nadie entra pensando en retirarse temprano.
Quizá la apuesta panista sea resistir callados mientras pasan las polémicas, dejar que el alcalde absorba el golpe y aparecer sólo cuando haya listón para cortar o buenas noticias para presumir. Una estrategia válida… aunque peligrosa. Porque en política municipal, el silencio también comunica. Y cuando un regidor deja de hacer ruido, el ciudadano inevitablemente se pregunta: ¿está trabajando mucho… o ya anda pensando en el siguiente hueso?
Por ahora, el Cabildo azul parece practicar una nueva disciplina: el parkour político de bajo perfil. Saltar problemas, esquivar polémicas y aterrizar, con suerte, en una candidatura.
Si les sale, serán estrategas.
Si no, sólo quedarán como los regidores que confundieron gobernar con esperar sentados a que pase el temporal.






