Noticias Chihuahua:
En Morena parece que algunos siguen jugando a la política como si fuera torneo de dominó de domingo por la tarde. Y es que los llamados “Los de Abajo” en Chihuahua andan muy activos empujando al ex dirigente partidista Martín Chaparro rumbo a la gubernatura, más por ganas de bloquear a otros que por auténtica convicción de victoria. Porque, siendo francos, el objetivo real no parece ser ganar, sino que no llegue cierto personaje que les provoca urticaria política.
Ese personaje es nada menos que el alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, a quien dentro de la misma tribu guinda le recetan el clásico adjetivo de “chapulín”. Y sí, el término lo repiten con una pasión casi terapéutica, como si al decirlo muchas veces se fuera a borrar de las encuestas. Lástima, Margarito. Porque mientras unos se entretienen repartiendo etiquetas, la realidad política —esa cosa tan incómoda— indica que Cruz es, hoy por hoy, uno de los pocos perfiles con posibilidades reales de competir por la silla grande de Palacio.
Pero como en la política mexicana nunca falta el ingrediente sorpresa, todavía falta que desde la capital del país caiga la famosa “línea” de paridad de género. Y ahí es donde las matemáticas, esas que muchos aprendieron con frijolitos en el kinder, podrían cambiar la ecuación. Si las cuentas nacionales dicen que toca mujer, entonces ni Chaparro ni Cruz tendrían boleto directo al baile… y más bien tendrían que buscar a quién apoyar mientras guardan el traje de candidato.
Y en ese tablero aparece otro movimiento interesante: la ex priista y actual delegada del Bienestar, Mayra Chávez, de quien ya se comenta que podría ir por la alcaldía juarense. La jugada no suena descabellada: repetir fórmula, fortalecer la frontera y hasta presumir que se hace historia política en el norte.
Con esto, ya empatarían a la capital, que es más que un hecho que Brenda Ríos será la candidata.
Claro que para algunos puristas del movimiento eso suena casi a sacrilegio. Porque hay quienes creen que la única receta válida es la militancia pura, sin mezclas ni pragmatismos. El pequeño detalle es que las elecciones no se ganan en asambleas internas ni en grupos de WhatsApp, sino en las urnas.
Y por más que algunos quieran creer lo contrario, la marca Morena ya no es la varita mágica que resuelve todo por sí sola. Porque una cosa es ganar discursos… y otra muy distinta ganar elecciones. Y ahí, les guste o no a “Los de Abajo”, la realidad suele ser bastante menos romántica.
________________________________________________________________________
En la política de Chihuahua pasan cosas curiosas. Por ejemplo, que en un municipio orgullosamente azul —tan azul que casi podría venderse como muestra Pantone del Partido Acción Nacional— la mejor postal institucional no venga precisamente de ese color.
Y no, no es un error de imprenta.
La imagen que más brillo le está dando al Ayuntamiento, particularmente en temas de género, curiosamente trae tonos del Partido Revolucionario Institucional. Y ahí es donde la política local se vuelve una escena bastante interesante para observar: incómoda para algunos, pero muy ilustrativa para quienes saben leer la estrategia detrás de las fotos, los discursos y los eventos.
Porque si algo ha quedado claro en los últimos meses es que Mónica Meléndez se ha convertido en una de las piezas más visibles —y funcionales— dentro de la administración municipal. Programas, acciones, eventos y presencia pública: todo suma. Y todo luce.
Pero además, Meléndez ha sabido hacer algo que en política vale oro: visibilizar su trabajo… y también a su partido. No pierde oportunidad de invitar a dirigentes del PRI a eventos institucionales, como al presidente estatal, Alex Domínguez, o al líder municipal, Pedro Beristain. Así, el tricolor no solo acompaña… también aparece en la narrativa pública.
Y la estrategia ha tenido momentos particularmente exitosos. Uno de los más recientes fue la realización del Cabildo de Mujeres de Chihuahua, una iniciativa que, siendo honestos, tiene más carga simbólica que efectos directos de remuneración o seguimiento institucional. Pero en política, lo simbólico también pesa… y mucho.
El impacto mediático y social fue considerable. Y lo más interesante es quiénes empujaron la idea: nada más y nada menos que las regidoras del PRI, Ana Lilia Orozco, quien llevó la batuta de la propuesta, y su compañera Rosy Carmona, que no tardó en respaldarla.
Ahí no hubo mucho margen para la discusión política. Era una propuesta con causa, con narrativa y con buena recepción social. Así que, en términos prácticos, nadie podía decir que no. Y cuando en política nadie puede decir que no… pues simplemente toca someterse al consenso.
La jugada del tricolor es bastante clara: hacer que las cosas luzcan… y de paso hacerse notar. Y lo están logrando. No con confrontación, sino con algo mucho más efectivo: presencia, estrategia y manejo de la percepción pública.
Lo inquietante para algunos sectores del panismo no es que el PRI juegue bien sus cartas —eso es parte del juego— sino que varios cuadros azules parecen no comprender del todo cómo se construye hoy la narrativa política frente a la ciudadanía. Gobernar es importante, claro. Pero comunicar, simbolizar y posicionar también lo es.
Y ahí es donde surge una pregunta que en el Ayuntamiento deberían analizar con calma: el peor error que podrían cometer sería dejar ir a Mónica Meléndez.
Porque, guste o no, se ha convertido en uno de los activos políticos más visibles dentro de la administración municipal. Sí, no es azul. Pero a veces la política no se trata del color de la camiseta, sino de quién sabe jugar mejor el tablero.
Y si alguien tiene larga experiencia en manejar estructuras, programas sociales y narrativa política frente a la ciudadanía, ese es precisamente el viejo y resiliente Partido Revolucionario Institucional.
Por eso, viendo el panorama con frialdad estratégica, quizá la lección sea sencilla: si la alianza quiere llegar fuerte al 2027, más vale entender que en política no siempre gana el que pinta la casa de azul… sino el que logra que todos hablen de la casa. Y en estos días, curiosamente, muchas de esas conversaciones están teniendo un ligero tono rojo.







