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En Morena Chihuahua capital no hay descanso. Cuando no es pleito con la derecha, es guerra civil estilo telenovela de las nueve, con villanos, heroínas autoproclamadas y uno que otro viaje internacional sospechosamente bien financiado.
Ahora la protagonista del nuevo capítulo se llama Martha Serrano, militante que decidió sacar la escoba ideológica para barrer a todos los “chapulines”, esos que antes fueron PAN, PRI, MC, Verde y hasta seguramente Scouts, y que ahora pretenden —según ella— colarse como candidatos en 2027. Serrano comentó que ninguno de ellos merece siquiera acercarse a una boleta electoral, porque Morena, dice, es cosa seria… y del pueblo.
Tan seria es la cosa que, sin rubor alguno, se autoproclamó la verdadera candidata a la Alcaldía de Chihuahua, como si el proceso interno ya se hubiera celebrado en su sala y con aplausos incluidos. Porque cuando uno es el pueblo, no necesita encuestas, ni consensos, ni partido: basta con decirlo fuerte en redes sociales.
Pero el blanco principal de sus dardos no son los ex azules, ni los tricolores reciclados, sino la diputada Brenda Ríos, a quien Serrano acusó de ser fuerte aspirante únicamente por tener “cash”. Argumentó que Ríos no representa la izquierda, ni al pueblo, ni la causa, ni el espíritu revolucionario, sino más bien la billetera. Según Serrano, ella sí encarna la esencia morenista, la pureza ideológica y la lucha social… todo en una sola persona.
Eso sí, las redes sociales son canijas. Porque mientras Serrano se presenta como hija predilecta del pueblo bueno, las fotografías cuentan otra historia: viajes caros, destinos exclusivos y escenarios donde ni el más veterano morenista de base ha puesto un pie, ni vendiendo rifas, ni cooperando con la tanda. Al parecer, el pueblo ahora también vuela alto, pero en primera clase.
La contradicción es deliciosa: denunciar a los aspirantes con dinero mientras se presume una vida que no cualquiera puede costear. Criticar a la “izquierda de cartera” mientras se pasea por paisajes que no salen precisamente en el calendario de la 4T. Morena versión Chihuahua sigue demostrando que el problema no son los complots externos, sino los “complojs” internos, donde todos se sienten los auténticos y los demás son traidores infiltrados.
Así que, rumbo al 2027, la batalla no será contra el PAN, ni contra el PRI, ni contra nadie de fuera. La verdadera lucha será por decidir quién es más pueblo, quién es más izquierda y quién logra convencer a la militancia de que sus viajes fueron, en realidad, misiones revolucionarias.
Porque en Morena Chihuahua, ser del pueblo ya no se mide por dónde vienes… sino por qué tan bien justificas a dónde fuiste.
El buen Kike Valles reapareció. No en la plaza de toros, no en una asamblea priista, sino desde la cómoda cancha del pádel político, ese deporte donde se le pega a la bola cuando conviene y se deja pasar cuando estorba. Porque Kike, hay que decirlo, ha corrido más partidos que campañas: PRI, Movimiento Ciudadano y ahora analista moral de ocasión.
Esta vez decidió escribirle “a sus amigos priistas”, con un texto tan solemne que parecía tesis jurídica… aunque con la misma utilidad práctica que una raqueta sin cuerdas. El blanco fue Alejandro Domínguez, dirigente estatal del PRI, a quien acusa de advertir cárcel para el gobierno panista de Maru Campos, pero sin presentar denuncias, expedientes ni nada que se le parezca. Mucho Código Penal, poca carpeta.
Kike argumentó que si de verdad hay delito, debía denunciarse conforme a la Ley General de Responsabilidades. Y tiene razón. Pero el detalle delicioso es que Valles exige coherencia desde la tribuna del chapulineo profesional, ese lugar desde donde la congruencia se ve chiquita y lejana.
Luego vino el drama: Domínguez dijo que lo peor que le puede pasar al PRI es perder el registro. Y Kike se escandalizó, como si acabara de descubrir que el partido está en terapia intensiva desde hace años. “Visión muerta”, la llamó. Como si el certificado de defunción no llevara varias elecciones firmándose.
El remate fue magistral: acusa al PRI de querer aliarse con quienes, según su propio discurso, serían “candidatos a cárcel”. Un contrasentido jurídico y político, dice Kike. Y sí… pero ¿quién mejor para hablar de contrasentidos que alguien que pasó del tricolor al naranja y ahora juega en la liga del comentario desde la banca?
Valles pide pruebas, decoro, retiro digno y nuevos liderazgos. Todo muy elevado. Muy serio. Muy responsable. Lo único que no pide —ni se pide— es una explicación de en qué momento dejó de ser militante para convertirse en árbitro, o cuándo el pádel sustituyó al activismo.
Porque al final, su texto no construye, no une y no salva al PRI. Solo mete ruido, ese ruido que viene de afuera pero se disfraza de “amigo”. Ese que no propone proyecto, solo regaña. Ese que no se juega el pellejo en la boleta, pero sí opina desde la comodidad del teclado.
Así que no, Kike no es líder. Tampoco es villano. Es algo más común en la política local:
un ex que todavía quiere decidir cómo se acomoda la casa… aunque ya no viva ahí.
Con respeto, claro.
Un espectador más del partido… pero sin raqueta.







