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Dicen en los pasillos del Eloy S. Vallina que la llegada de Eliel García a la fracción edilicia de Morena fue como apretar el botón de refresh en una computadora que ya pedía auxilio. De pronto, Hugo González y Elena Rojo, que solían bajar la mirada cada vez que Miguel “Junio R” Riggs abría la boca —o peor, hacía algo—, se llenaron de esa esperanza que solo dura quince días pero que, bueno, algo es algo. “Que mejore tantito”, suspiran, como quien sabe que no habrá milagros, pero aún así prende la veladora.
Y es que, aseguran los veteranos del cuarto piso, el ambiente era más llevadero cuando Eliel estaba ahí. Menos tensión, menos enredos y, sobre todo, menos torceduras características del famoso “Junio R”, cuyo currículum profesional sigue siendo tan misterioso como su concepto de “liderazgo”. Porque una cosa sí dicen: al menos Eliel, el “teacher”, sí estudió… o por lo menos sabe hilvanar frases sin necesidad de que Recursos Humanos le pase una tarjeta con las líneas.
Sin embargo, donde realmente hay algarabía es entre ciertos morenistas que todavía creen en aquello de “no mentir, no robar, no traicionar”, aunque sus líderes locales parezcan vivir bajo el eslogan alterno de “si viene de otro partido, déjenlo pasar”. Estos militantes suspiran porque, algún día, su dirigencia deje de coleccionar chapulines como si fueran tarjetas coleccionables del mundial. Que si brincó del PRI, bienvenido. Que si venía del PAN, pase. Que si se cayó de un triciclo y cayó parado en Morena, mejor todavía. Total, mientras respire, ya es ganancia.
Y hablando de saltar, resulta que Mónica Borruel, la mismísima princesita Borruel, anda coqueteando ahora con la idea de volver a la regiduría… pero con el partido guinda. Sí, la hija del exalcalde panista Carlos Borruel, hoy desencantada del azul —dicen que porque no la pelaron, otros porque salieron “chafas”, ella sabrá—, anda viendo dónde invertir su cash político, no vaya a ser que se quede sin escenario.
Para colmo, cuentan que la Mony se topó nada más y nada menos que con el mismísimo Riggs. ¡Vaya encuentro! Y que desde entonces anda en redes defendiendo al “Adame de Chihuahua”, asegurando que es “puro corazón”. Claro, solo falta que las ex parejas de Riggs publiquen comunicados oficiales confirmando que, en efecto, ese corazón existe y no es puro choro. Aunque lo más intrigante es cuando la Borruel advierte que “viene lo bueno”. ¿Qué será? ¿Un reality show? ¿La novela? ¿Una obra de teatro? ¿Un nuevo brinco?
Sea lo que sea, prepárense. En política local, cuando alguien dice que “viene lo bueno”, usualmente significa que viene la función… y que nadie sabe quién es el payaso principal hasta que empieza la carpa.
¡Vaya cosas! Mientras los políticos tradicionales siguen creyendo que el mundo gira alrededor de sus ruedas de prensa desiertas y sus discursos reciclados, resulta que el verdadero ruido político de Chihuahua no viene ni del Congreso, ni del Palacio, ni de los medios formales. No. El que trae a todos los “polacos” haciendo fila —literal, como si regalaran despensas— es un empresario. Sí, un empresario, no un periodista, no un influencer, no un iluminado de Twitter: Sahir Rentería, el dueño de Ferreterías REWO, convertido de la noche a la mañana en el nuevo domador del espectáculo político local.
Sahir se aventó lo que a muchos les daría miedo: crear un podcast llamado “El Circo”, y vaya que le quedó el nombre. Un espectáculo completo. Foro abierto. Pasarela de egos. Ring de box. Confesionario. Todo dependiendo del invitado y de cuántas preguntas aguante sin sudar.
Y lo más curioso —o preocupante, según el punto de vista— es que le toman la llamada. Y no cualquier hijo de vecino. Ahí se han sentado desde el Fiscal General del Estado, César Jáuregui, hasta el exalcalde Marco Adán Quezada, pasando por el multitarea, multi-etiquetas y orgulloso chapulín Miguel La Torre. Se han dejado ver también los funcionarios que todo mundo asume inalcanzables: José Granillo, secretario de Hacienda; Alan Falomir, director de la JMAS; Pavel Aguilar, operador político del Gobierno del Estado; Mayra Chávez, delegada del Bienestar; y hasta el magistrado Yamil Athié, demostrando que ni el Poder Judicial escapa a la carpa.
Por si fuera poco, también han pasado empresarios y representantes de cámaras, como Julio Mercado, presidente de la CMIC, y personajes de la vida pública que normalmente solo se presentan en actos protocolarios. Ahora ahí están, sentados frente a un empresario que no necesita pauta, no pide “chayo” y no trae línea ni de derecha ni de izquierda: trae, eso sí, un gusto particular por poner en aprietos a más de uno. Y varios, hay que decirlo, no aguantan mucha “vara”.
Lo interesante —y quizá lo que más duele a los políticos profesionales— es que el que está marcando agenda no es uno de ellos. Es alguien que vio el hueco gigante en el que los medios tradicionales se dormían y los políticos repetían discurso, y decidió llenarlo con algo tan simple como una conversación directa, incómoda y sin maquillaje.
Hoy, en lugar de esperar entrevistas rígidas, calculadas y llenas de lugares comunes, los aspirantes a iluminados de la política local están tocando la puerta del circo… pero no para verlo: para subirse a la pista. Sahir los sienta, les prende el micrófono y los deja exhibirse solos, que es la forma más honesta de conocer a cualquier político.
Y aunque todavía falta ver cuántos invitados sobreviven sin tropezarse, lo cierto es que, por primera vez en mucho tiempo, la conversación pública dejó de estar monopolizada por los mismos reciclados de siempre.
Quién diría que un empresario de ferreterías terminaría dándoles a los políticos su verdadera herramienta: un espejo.






