Noticias Chihuahua:
En el Municipio de Chihuahua se presume que las finanzas marchan sobre ruedas, con declaraciones oficiales que presumen solidez y calificaciones crediticias altas, mientras el Ayuntamiento repite que todo está en orden y las deudas controladas. Sin embargo, como decía mi abuela, hay quien presume de sano mientras en la tiendita de la esquina le fían porque ya no le fían en otro lado: los proveedores, esos que realmente sostienen el día a día de las obras y servicios, cuentan otra historia. Entre rumores y quejas discretas, se habla de pagos que llegan a cuentagotas o con retrasos que ponen en jaque a pequeños y medianos negocios, aunque los reflectores oficiales iluminen solo cifras macro y publicidad millonaria en medios tradicionales que cantan alabanzas floridas.
Lo interesante está por verse: ¿los cheques llegan puntuales a quienes hacen el trabajo real o solo fluyen hacia los amigos de siempre y las campañas de imagen? Mientras unos presumen autonomía financiera y finanzas sanas, los de a pie —los que surten desde el cemento hasta el papel higiénico— preguntan si es verdad o solo espejismo. No hay que dejar de leer, porque siempre hay noticias buenas y otras no tan buenas; al final, la prueba del algodón no está en los informes bonitos, sino en si los proveedores del Ayuntamiento duermen tranquilos sabiendo que les pagan a tiempo o siguen en el “vuelta y vuelta” eterno. Ya veremos qué revela el día a día.
La falta de patrullas nuevas en la ciudad de Chihuahua ha llevado a las autoridades a recurrir a vehículos viejos para mantener la seguridad en el sur de la ciudad. Ayer por la tarde, se pudieron ver estas unidades con antigüedad notoria y deterioradas, circulando por las calles de al menos dos patrullas.
Lo que llama la atención es que estas patrullas no tienen número económico, lo que genera dudas sobre su origen y mantenimiento. A pesar de su estado, siguen haciendo su trabajo, lo que habla de la dedicación de los agentes que las manejan.
Es preocupante que la ciudad tenga que recurrir a este tipo de medidas, pero es un reflejo de la realidad que se vive en muchas partes de México, donde la seguridad es un tema prioritario y los recursos son limitados, pero todo esta bien y no hay delincuencia en la ciudad de Chihuahua todo tranquilo.
La carrera rumbo a 2027 en Chihuahua ya arrancó, aunque falten años para que los ciudadanos acudan a las urnas. No se trata aún de propuestas, debates de fondo o diagnósticos serios sobre los problemas del estado, sino de una competencia anticipada por ver quién presume mejor en las encuestas… y quién paga más por ellas.
Hoy, el termómetro político parece estar secuestrado por estudios demoscópicos que brotan como hongos. Andrea Chávez, Cruz Pérez Cuéllar y Marco Bonilla se presentan, cada uno desde su trinchera, como “punteros”, aunque curiosamente nunca coinciden en los resultados ni en la metodología. Lo único que sí es constante es el mensaje: todos van arriba, todos ganan, todos lideran. Una narrativa tan conveniente como poco creíble.
Mientras tanto, las casas encuestadoras hacen su agosto adelantado. La política convertida en mercado y la encuesta en mercancía. Más que herramientas de análisis, muchas mediciones parecen diseñadas para alimentar egos, posicionar nombres y justificar estrategias, no para informar con seriedad a la ciudadanía.
En ese contexto, dentro de Morena, quien sí ha logrado marcar diferencia es Brenda Ríos. No tanto por la cantidad de encuestas, sino por el momento y la consistencia con la que ha difundido las más recientes, colocándose como la figura con ventaja real en su partido. Su aparición en estos ejercicios demoscópicos no ha pasado desapercibida y, a diferencia de otros, no ha necesitado una avalancha de estudios para generar conversación política.
El problema de fondo no es quién va arriba hoy, sino la distorsión que estas encuestas generan en la vida pública. Se habla más de números que de ideas, más de percepciones que de proyectos, más de popularidad que de capacidad. El riesgo es claro: que cuando llegue el verdadero proceso electoral, el electorado ya esté saturado, confundido o, peor aún, desencantado.
Porque al final, las encuestas no gobiernan, no resuelven la inseguridad, no arreglan el transporte ni mejoran la economía. Eso lo hacen —o deberían hacerlo— quienes buscan el poder. Y si desde ahora la prioridad es verse bien en una gráfica, el mensaje para Chihuahua no es alentador.
La pregunta no es quién va ganando hoy, sino quién está dispuesto a dejar de pagar por aplausos anticipados y empezar a construir algo que valga la pena votar mañana.






