¡Paren las rotativas! ¡Ya apareció el fenómeno político que Chihuahua estaba esperando! Óscar Castrejón resucitó electoralmente y no precisamente porque haya regresado a las calles, sino porque una misteriosa encuesta le acaba de regalar un espectacular 19% de las preferencias para la Alcaldía de Chihuahua. Y lo mejor de todo: el propio Castrejón la presumió en sus redes, como quien acaba de descubrir que Chihuahua entero estaba haciendo fila para pedirle que vuelva.
Según el sondeo, Castrejón está a un puntito de Santiago de la Peña y por encima de Manque Granados. ¡Ni Nostradamus se atrevió a tanto! El problema es que, en el mundo real, desde que dejó la diputación su presencia política se ha ido desinflando considerablemente, al grado de que encontrarlo en la jugada política ha resultado más complicado que encontrar ese supuesto 19% en las calles.
Pero qué bonito es el mundo de las encuestas: basta una hoja de papel para convertir el bajo perfil en fenómeno electoral. Mientras otros personajes llevan meses moviéndose políticamente, Castrejón aparentemente consiguió casi uno de cada cinco votos desde la comodidad de la banca. Si así funciona la popularidad, quizá ya no hagan falta mítines, recorridos ni reuniones: con una buena encuesta basta para regresar a la cima.
Y claro, la pregunta incómoda es inevitable: ¿quién pagó la encuesta? Porque el documento señala como fuente a La Nueva Imagen de México, pero no explica quién puso los pesos para producir semejante fotografía electoral. Eso sí, no existe evidencia pública para asegurar que haya sido el propio Castrejón o su equipo; por lo pronto, lo único comprobable es que el personaje la encontró bastante convincente como para presumirla él mismo.
Después de sus polémicas declaraciones y de aquella reciente reaparición anunciando su intención de enlistarse en el Ejército para combatir contra Estados Unidos si fuera necesario, Castrejón vuelve a aparecer en escena… ahora como el candidato de casi 20% que nadie estaba viendo venir. Así que habrá que guardar muy bien esta encuesta: uno nunca sabe cuándo Chihuahua volverá a necesitar un héroe de guerra, un candidato inesperado o, simplemente, otro milagro estadístico de esos que levantan el ánimo hasta al político más desaparecido.
Parece chiste, pero es anécdota. Las calles de Chihuahua capital cada día ofrecen una nueva sorpresa y, aunque pintar y delimitar los carriles corresponde a las áreas de ingeniería de la Subsecretaría de Movilidad, parece que entre más lo hacen, más oportunidades tienen de equivocarse.
Y aquí viene la pregunta incómoda: ¿cómo puede fallar de manera tan evidente un trabajo que se realiza prácticamente todos los días? Porque no estamos hablando de una tarea extraordinaria. Se supone que quienes diseñan, trazan y pintan las líneas de las vialidades son especialistas en eso. Sin embargo, cuando uno observa algunas calles importantes de la ciudad, pareciera que las líneas fueron colocadas dependiendo del humor del día.
Ahí está el caso de la avenida Tecnológico, a la altura de Zaragoza, donde las líneas que delimitan los carriles parecen un mensaje escrito en código Morse. Hay tantas marcas, cortes, separaciones y modificaciones que el conductor ya no sabe si está circulando por un carril vehicular, un medio carril o una improvisada ciclovía.
Y mientras tanto, el ciudadano tiene que hacer lo que puede: adivinar cuál línea sí vale y cuál simplemente quedó ahí porque alguien decidió pintarla. Porque una cosa es ordenar la circulación y otra muy distinta es convertir el pavimento en un rompecabezas donde cada automovilista tiene que descubrir cuál es la respuesta correcta.
El asunto tampoco parece ser exclusivo de una avenida. En sectores como San Felipe, hay vialidades que durante años funcionaron con dos carriles como la Estrada Bocanegra y que ahora, después de modificaciones en la señalización, parecen tener únicamente uno. ¿La explicación? Esa sería interesante conocerla. Porque si existe un proyecto técnico detrás de estos cambios, estaría bien que alguien lo explicara.
Lo preocupante es que estas decisiones tienen consecuencias. Una mala señalización puede provocar confusión, maniobras innecesarias, congestionamientos y hasta accidentes. Y si el objetivo de la ingeniería vial es precisamente ordenar el tránsito, entonces algo está fallando cuando el conductor termina preguntándose por dónde debe circular.
La ciudadanía no necesita que le pinten calles para aparentar que se está trabajando. Necesita señalización clara, lógica y uniforme. Necesita saber dónde empieza y termina un carril, qué espacio corresponde a cada vehículo y cuáles son las reglas que debe seguir.
Y sí, quizá alguien diga que todo esto tiene una explicación técnica. Perfecto. Que la expliquen. Porque desde el volante, algunas de estas vialidades parecen diseñadas para poner a prueba la paciencia del conductor.
Y si hablamos de la Subsecretaría de Movilidad, tampoco podemos dejar de lado los cuestionamientos que han surgido en torno a otras de sus actuaciones. Este fin de semana, por ejemplo, las polémicas maniobras realizadas durante la noche volvieron a poner a la dependencia bajo los reflectores.
Porque una cosa es equivocarse una vez. Otra muy diferente es convertir el error en rutina.
Al final, queda una duda que seguramente comparten muchos conductores: ¿las calles están siendo diseñadas para facilitar la movilidad de los ciudadanos o somos los ciudadanos quienes tenemos que aprender a interpretar los nuevos jeroglíficos pintados sobre el pavimento?






