La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo aseguró que México atraviesa una situación política particular ante el avance de la derecha en América Latina, luego de que Flávio Bolsonaro obtuviera una ventaja sobre el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil. Durante su conferencia matutina del 12 de octubre, la mandataria sostuvo que su gobierno debe concentrarse en atender las necesidades de la población mexicana y defender los avances alcanzados.
Al ser cuestionada sobre la posibilidad de que México quede como uno de los pocos gobiernos progresistas de la región, Sheinbaum destacó los programas del Bienestar, los incrementos al salario mínimo y el nivel de aprobación de su administración. Afirmó que la población está satisfecha con los resultados de su gobierno, aunque no presentó en ese momento una encuesta específica para respaldar esa declaración.
La presidenta también fue interrogada sobre la participación de organizaciones religiosas en procesos electorales de otros países y las posibles implicaciones para México. En respuesta, señaló que la legislación mexicana establece límites a la intervención política de las agrupaciones religiosas y pidió prudencia ante el proceso electoral brasileño, cuya definición quedó pendiente de una segunda vuelta.
En el mismo contexto, Sheinbaum rechazó que la llamada “Ley Antimemes” tenga como objetivo regular o prohibir los memes. Explicó que las disposiciones a las que se refirió están relacionadas con la protección de la propiedad intelectual y con evitar el uso de imágenes de funcionarios o instituciones públicas para cometer fraudes mediante contenidos manipulados, incluidos videos creados con inteligencia artificial.
La segunda vuelta presidencial de Brasil está programada para el 25 de octubre, después de que ninguno de los candidatos obtuviera más de la mitad de los votos válidos en la primera ronda. Mientras se define el resultado, Sheinbaum sostuvo que su administración continuará enfocada en la política interna, los programas sociales y la defensa de la soberanía nacional, sin anticipar las consecuencias que un eventual cambio político en Brasil tendría para las relaciones regionales.






