Alrededor de 100 familias abandonaron sus hogares en las comunidades de Agua Hernández y Rincón de Alcaparrosa, en la sierra de Chilpancingo, Guerrero, ante el temor de sufrir ataques, saqueos y agresiones por parte de grupos delictivos. El desplazamiento comenzó después de que el miércoles se retirara de la zona una base de operaciones integrada por Policía Estatal, Ejército y Guardia Nacional, dejando a varias comunidades prácticamente sin vigilancia.
Los habitantes aseguran que la violencia en esta región se ha prolongado durante al menos un año y que existen evidencias de enfrentamientos y ataques, entre ellas camionetas incendiadas y viviendas con impactos de bala. En Agua Hernández, de acuerdo con el comisario de la comunidad, la población pasó de aproximadamente 50 familias a solo 10, debido al miedo provocado por la inseguridad.
En Rincón de Alcaparrosa la situación también provocó un éxodo. Algunos pobladores optaron por trasladarse hacia comunidades como Ocotito y Coacoyulillo, consideradas más seguras, mientras quienes permanecieron aseguraron que no cuentan con los recursos necesarios para abandonar sus tierras, animales y viviendas. El temor principal es que grupos armados regresen y cometan saqueos o agresiones contra la población.
Los pobladores solicitaron el regreso de las fuerzas de seguridad para poder retornar a sus hogares de manera segura. La situación ocurre en una región donde distintas comunidades han quedado atrapadas en disputas entre organizaciones criminales que buscan controlar rutas, recursos naturales, bienes y espacios de poder político, de acuerdo con reportes citados por medios nacionales.
El nuevo desplazamiento evidencia el impacto que la violencia tiene sobre las comunidades rurales de Guerrero, donde abandonar las casas y tierras se ha convertido para algunas familias en la única alternativa ante la falta de seguridad. La exigencia de los habitantes es concreta: que regresen las autoridades y puedan volver a vivir y trabajar sin temor a ataques.






