raymundo riva palacio

Por las señales que está enviando Xóchitl Gálvez desde que comenzó este año, la campaña presidencial que arranca el primero de marzo va a ser de contrastes y ataques, que apunta a una contienda polarizada. Lo está delineando en spots que empezaron a aparecer en medios electrónicos el 2 de enero, donde subraya las mentiras del presidente Andrés Manuel López Obrador y alineó sus ideas y fuerza en el discurso que pronunció el domingo en el cierre de su precampaña sobre seguridad –un país tapizado de muertos–, salud –la incompetencia que provocó un exceso de mortalidad escandaloso– y educación –con la perla de los nuevos libros de texto–. Ha dejado claro también que se irá al cuello de López Obrador, como eje de la campaña de Morena, y mantendrá a Claudia Sheinbaum como una candidata que no actúa por sí misma.

Una campaña de contraste es, por definición, negativa, pero no significa campaña negra o guerra sucia, como parece ser la ruta que López Obrador utilizará de manera discrecional para restarle poder, creatividad y posiblemente artimañas a la estrategia de Gálvez, que ha dado muestras de que finalmente ha elaborado y trazado como hoja de ruta. El Presidente tomó en los últimos días una decisión que va en ese sentido, luego de que el fiscal general, Alejandro Gertz Manero, le diera un informe sobre el cuarto de guerra de Gálvez.

Gertz Manero, que montó desde el año pasado un equipo de inteligencia fuera de la Fiscalía General –en una casa suya– para monitorear las actividades de Gálvez y una veintena de figuras de la oposición, así como también las de Sheinbaum –en su momento también Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal–, o personas en el entorno más cercano de López Obrador con fines electorales, le entregó un reporte sobre Sergio Zaragoza, quien es uno de los integrantes del cuarto de guerra de Gálvez, a donde llegó de la mano del activista Claudio X. González.

Por alguna razón, la presencia de Zaragoza provocó una reacción en Palacio Nacional que no se había dado previamente con nadie, al pedir el secretario privado del Presidente, Alejandro Esquer, una de las personas más cercanas de López Obrador desde hace 30 años, que buscara desactivarlo a fin de neutralizar su trabajo en la campaña presidencial de la oposición. Sin embargo, sus antecedentes muestran un equipaje cuajado en 45 campañas electorales en México y América Latina como consultor y estratega en redes sociales.

Zaragoza y su socio, Aldo Hiram Campuzano, son socios en dos empresas, Aldea Digital y México Elige (que nació en 2013), que le hace las encuestas digitales a Gálvez, que trabajaron en la anterior campaña presidencial, pero del lado de la alianza PRI, Partido Verde y Nueva Alianza, que presentó como candidato a José Antonio Meade, donde el primero desarrolló una campaña negra, en el contexto de una guerra sucia, en contra del candidato del PAN a la Presidencia, Ricardo Anaya.

Zaragoza no involucró a Aldea Digital en ese contrato, sino a Sicre (su apellido materno), Yepiz, Celaya y Asociados, que de acuerdo con denuncias en el Instituto Nacional Electoral, pagó campañas negras en Google y Facebook para promocionar videos y noticias falsas contra Anaya. El PAN presentó una denuncia en el INE que terminó con una multa únicamente a la consultora, aunque la empresa siempre ha negado haber realizado ese tipo de campaña.

Zaragoza siguió trabajando para el PRI, y en las elecciones intermedias de 2021 agregó a sus clientes al candidato al gobierno de Sonora, Ernesto Gándara, y el precandidato para el gobierno de Guerrero, Mario Moreno, que no llegaron muy lejos. Para la contienda presidencial de este año, el PRI y el PAN volvieron a contratarlo, pero como Aldea Digital, reforzados por Claudio X. González, que, según el informe de Gertz Manero al Presidente, es quien realmente los introdujo al cuarto de guerra de Gálvez.

De alguna manera todavía desconocida, los antecedentes de Zaragoza inquietaron en Palacio Nacional, donde la petición a Gertz Manero de hacerle un seguimiento personal para neutralizarlo no tiene precedente en anteriores comicios de este siglo. El abanico de posibilidades que existen para neutralizarlo es amplio, desde un invento sobre un presunto delito –la marca de la casa–, hasta una persecución del SAT o de la Unidad de Inteligencia Financiera, como se ha hecho metódicamente contra personas a las que el Presidente quiere perjudicar u obligarlos a bailar al ritmo que les impone.

Gertz Manero, que alertó al Presidente de la presencia de Zaragoza, ha fallado mucho como fiscal, pero ha sido muy eficaz en el diagnóstico político de la vida política, cuya claridad le ha dado un lugar especial en el campo de la asesoría permanente para López Obrador. No es de extrañar que la mayor parte de las veces que el fiscal lo ve, no es para asuntos relacionados con la procuración de justicia, sino políticos y electorales.

Pero vista la acción que se emprendió contra Zaragoza desde otro ángulo, también hay señales como las de Gálvez, pero en el sentido opuesto, para tratar de inmovilizar al estratega de redes y experto en guerras negras antes de que comience la campaña presidencial. Sheinbaum lleva una cómoda ventaja, según las encuestas que aún no reflejan con precisión la intención de voto, pero no puede equivocarse.

Una campaña de contraste, como la que perfiló Gálvez el domingo pasado, puede ser muy eficiente si el mensaje es claro, simple y directo, como lo ha hecho López Obrador por años con gran éxito, y pude horadar el blindaje del Presidente y debilitar su defensa de Sheinbaum, obligándola a salir al campo de batalla sin su protector. La estrategia que apunta a polarizar es la única que puede pensarse podrá convertirla en una candidata competitiva, pero tiene riesgos, costos y consecuencias. Y si a esa estrategia le agregan campañas negras, la combinación puede tener resultados inmediatos si el mensaje en redes es eficiente. Por lo demás, material para ello tienen mucho.

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