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En un torbellino de ira y lágrimas, madres de víctimas de feminicidios derribaron vallas frente al Palacio Nacional este 28 de noviembre, exigiendo justicia por los 1,200 casos anuales en México, un caos que dejó 120 heridos y 20 detenidos por robo y agresión, según el secretario de Seguridad de CDMX, Pablo Vázquez. El detonante: el asesinato de Rosaura, activista hidalguense acuchillada el 25 de noviembre, y la impunidad del 96% en estos horrores, un grito que Sheinbaum prometió silenciar pero que estalló en gas lacrimógeno y ambulancias en el Zócalo.
El colectivo Madres Buscadoras de Sonora, aliado con familiares de Ayotzinapa, ondeó pancartas con «Justicia para Rosaura» y fotos de Carla, raptada en Pachuca hace 48 horas, chocando con antimotines que repelieron a María Elena, líder que clamó «¡No más violencia de género!» antes de caer. La marcha paralizó el centro histórico por horas, evacuando oficinas federales y exponiendo la fractura en seguridad México, donde el 70% de agresiones a mujeres quedan en limbo, agravado por la renuncia de Gertz Manero en la FGR.
Autoridades desplegaron 15 ambulancias y reportaron tres heridos graves por toletes, mientras el Cisen indaga infiltrados narcos que avivaron el desorden, recordando linchamientos virtuales a Yasmín Esquivel por fallos similares. Colectivos exigen una Fiscalía Especial para Feminicidios con 500 millones de pesos, un reclamo que retumba en Jalisco y Nuevo León con 45 mujeres muertas en noviembre por violencia vicaria, un cáncer que devora familias enteras.
Este enfrentamiento sangriento sigue bloqueos en Chihuahua por extorsiones narco, uniendo rural y urbano en un México al límite. En seguridad México, donde el plomo silencia voces femeninas, esta marcha es ultimátum: reformas o más madres de luto, un eco que obliga a Sheinbaum a elegir entre diálogo o represión eterna.






