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Todo fue una farsa; un grosero espejismo engañabobos.

Sí, hoy sabemos que la democracia mexicana no era tal y que resultó una grosera simulación

Los que se decían demócratas nunca lo fueron y, en el fondo, no eran más que vulgares ambiciosos del poder por el poder.

 

Los que exigían elecciones limpias, confiables, creíbles y transparentes, terminaron convertidos en los mayores ladrones electorales de la historia.

Los que cuestionaron en plazas y pueblos el clientelismo, compraron millones de votos a golpe de clientelas.

Quienes promovieron un INE y un Tribunal Electoral independientes, terminaron por comprar al árbitro con puños de cargos públicos.

Aquellos que presumían que no eran iguales y que acabarían con la corrupción, el amiguismo, el compadrazgo, las cuotas y los cuates, terminaron siendo mas corruptos, ladrones, transas y depredadores del dinero público.

Y quienes a los 20 años lucharon contra los gobiernos represores de Díaz Ordaz y Echeverría –en los míticos 1968 y 1971–, hoy son los que persiguen periodistas reprimen la libertad de pensamiento y las ideas y, en una impensable regresión, aplauden el gobierno militar de López Obrador.

Y es que, en los hechos, la cacareada democracia mexicana terminó convertida en una grosera simulación; en una verdadera “generación perdida” que definió de forma magistral el inmortal José Emilio Pacheco.

“Ya somos todo aquello contra lo que luchamos a los veinte años”, dice el poema corto de José Emilio, titulado: “Antiguos compañeros se reúnen”.

Sí, porque con López Obrador vivimos de vuelta la militarización y la represión de Díaz Ordaz, además del regreso de lo peor del viejo PRI, hoy motejado como Morena.

 

Pero con Claudia Sheinbaum no solo vimos la imposición de una marioneta a modo, sino la vuelta de los fraudes electorales de Estado y veremos la persecución de críticos y opositores, al mejor estilo de los gobiernos de Echeverría y López Portillo.

Sí, otra simulación que también retrató a la perfección Augusto Monterroso, con su relato corto ya inmortalizado.

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, escribió “Tito” Monterroso en otro clásico que define como pocos los actos fallidos de una sociedad, como la mexicana, que dice cambiar, para que todo siga igual.

Y es que el gobierno de Obrador ha sido el mejor escaparate para comprobar que “la democracia mexicana” no fue más que una grosera simulación para volver a los tiempos del autoritarismo, del partido único, de la cancelación de libertades, represión de críticos y opositores, militarización, elecciones de Estado y la imposición del sucesor.

Con un ingrediente adicional que sepulta por completo todo lo avanzado en democracia; la alianza del Estrado con las bandas criminales; grupos mafiosos que dieron vida al “narco-partido” Morena y llevaron al poder, al “naco-presidente”, a “narco-gobernadores”, “narco-alcaldes” y, en general a la “narco-política”.

Y si dudan de la simulada democracia mexicana, vamos al paso a paso.

¿Qué es hoy la 4-T sino todo aquello contra lo que luchó López Obrador durante tres décadas? Sí, es la nueva mafia del poder, es el gobierno más corrupto, menos eficaz, más criminal y menos transparente.

Sí, los militantes de Morena repudian la democracia y son peores que los peores gobiernos del populismo mexicano.

¿Qué son hoy los colaboradores más serviles del presidente sino todo aquello contra lo que lucho la generación de 1968 y 1971? Sí, Pablo Gómez, Alejandro Encinas y muchos otros son y feo remedo de Díaz Ordaz, Echeverría y López Portillo.

Sí, en el 68 y el 71 fueron víctimas de la represión militar y la censura y, aún así, hoy aplauden la militarización, la represión y son los principales censores y perseguidores de los críticos del peor gobierno de la historia.

 

¿Qué son los integrantes del CEU, como la mafia de los Batres, como la propia Claudia Sheinbaum y muchos otros? Sí, de viejos, son todo aquello contra lo que lucharon a los veinte años.

¿Qué son hoy diarios como La Jornada sino peores a aquella prensa vendida a la que dijeron combatir? Sí, no solo La Jornada sino casi toda la llamada prensa nacional, está al servicio de la antidemocracia, del engaño, la mentira y el anti-periodismo.

¿Qué son hoy partidos como el PRI y el PAN, sino la confirmación de que cuando despertó la sociedad mexicana “el dinosaurio seguía allí”? Y es que el PRI de Alejandro Moreno y el PAN de Marko Cortés –igual que todo el sistema de partidos mexicanos–, no son más que rentables empresas familiares que venden espejismos democráticos, pero repudian la democracia.

¿Qué son sino farsantes, políticos como los Cárdenas, Durazo, Monreal y otros, que saltan de partido en partido, de generación en generación y de aliados, para seguir medrando, robando y engañando a incautos?

¿Qué son, sino oportunistas, empresarios como los Slim, Azcárraga, González y muchos otros que repudian la democracia porque duplican sus fortunas con la antidemocracia?

¿Y qué son, sino traidores a la patria, los militares y marinos que cambiaron la defensa de la democracia por puños de billetes en pingües negocios?

Si, la democracia mexicana no fue más que un “espejismo engañabobos”.

Al tiempo.

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