REFORMA

Hay una regla no escrita en la política estadounidense y consiste en que un Presidente en funciones busca siempre la reelección y por lo tanto no enfrenta revoluciones internas en su partido para conseguir la candidatura. A menos que el Presidente en turno tenga un escándalo gigantesco, una popularidad bajísima o que él mismo públicamente decida que no buscará otros 4 años, entonces difícilmente el mandatario enfrentará a sus colegas en las desgastantes primarias. Así pasó con George W. Bush, que se quedó con la candidatura presidencial republicana en 2004, y así pasó con Barack Obama, quien buscó la reelección como candidato demócrata en 2012. Sin embargo, esto podría ser diferente con el presidente Joe Biden.

La aprobación promedio de Biden está en mínimos históricos para un Presidente que lleva 20 meses en el poder. De acuerdo con el sitio fivethirtyeight, solo Harry Truman tenía en 1946 el promedio de aprobación de Biden. Ayer las encuestas le daban 40.2% de aprobación y 55.2% de desaprobación. Por esta razón, y por su estado de salud y porque tiene 79 años, son varias las voces del Partido Demócrata, que en público y en privado, piden primarias abiertas para encontrar a la mejor persona para competir contra los republicanos por la Casa Blanca en noviembre de 2024. Y las malas noticias para el gobierno de Biden son que la vicepresidenta Kamala Harris tampoco es la figura idónea.

Si Biden decidiera no buscar la reelección, Harris sería la sucesora natural. Después de todo, Harris es la vicepresidenta, es la primera mujer en ocupar ese cargo, es afroamericana e indoamericana, tiene toda la experiencia, pero no necesariamente el apoyo de los militantes. Como vicepresidenta, no ha destacado por sus logros ni ha hecho de algún tema su prioridad. Su jefe, el presidente Biden, le encargó la ingrata tarea de controlar la migración y su mano dura le restó apoyos con votantes latinos y con el ala más progresista del partido. Los votantes más jóvenes tampoco apoyan el que ella no sea tan vocal con los temas medioambientales y las mujeres el que no sea mucho más activa en su defensa al derecho a decidir frente a los retrocesos en esa materia. Aun así ella sería la precandidata puntera.

Pete Buttigieg, el actual secretario de Transporte, tiene apenas 40 años y ambiciones presidenciales. Fue alcalde en un estado republicano y compitió en las primarias de 2020, pero pronto se salió de la contienda y apoyó a Biden. Su entrada al gabinete generó expectativas entre los grupos LGBT y, a diferencia de la vicepresidenta, el secretario no tiene tantos negativos, pero tampoco el reconocimiento a nivel nacional. Para los sectores más de izquierda y progresistas, el ex alcalde representa al gran capital por su trabajo como consultor en Mckinsey y esto ya fue tema en 2020. El demócrata también es veterano de guerra, pues estuvo en la Marina desplegado en Afganistán y este punto siempre favorece con los votantes de centro y los de centro derecha. Es decir, el potencial atractivo de Buttigieg en una elección presidencial es fuerte, pero tendría que derrotar la maquinaria partidista que Harris conseguiría y probar si el electorado votaría por un candidato abiertamente gay.

El Partido Demócrata tiene buenos cuadros si Biden decide no competir. Hay voces que incluso señalan a Michelle Obama como potencial candidata, pero esto depende de que ni Biden ni Harris decidiesen competir. Difícilmente la ex primera dama sería rival de la actual vicepresidenta y lo mismo ocurre con el senador Cory Booker, quien es un buen perfil, pero muy amigo de Harris. Los senadores Bernie Sanders y Elizabeth Warren llevan ya 14 años sonando y queriendo ser candidatos. Sanders ya rebasa los 80 años y ya no tiene la fuerza del 2016. Realmente los demócratas tendrían un problema feliz si Biden decide no competir: les sobran buenas corcholatas y parece que la baja popularidad del Presidente no se transmite a las encuestas para las elecciones legislativas de este año.

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