JIRONES DE NUESTRA HISTORIA
Por: José Luis Jaramillo Vela
Una historia del viejo oeste con aires revolucionarios
El tema histórico de hoy, es una historia que parece sacada del viejo oeste, que sucedió (como muchas otras) en la frontera entre los Estados de Chihuahua y Texas, sin embargo, fue tan real y verídica; tal vez al momento de estar leyendo este artículo, usted estimado y amable lector, sienta que está en el verdadero viejo y salvaje oeste, se ubicará entre las hermosas e imponentes sierras y cañones de la Sierra de Pewis en Coyame en el lado mexicano, cruzará el Río Bravo para estar en las serranías de los Chisos Mountains hasta el Big Bend (la Gran Curva), donde el cauce del Río Bravo cambia su dirección este-sureste a norte.noreste, con un paisaje de cactus, órganos, montañas y rocas, paisaje típico del Desierto Chihuahuense; se verá rodeado de pistoleros, bandidos, gavilleros y desde luego por Sheriffs, Texas Rangers y Rurales y es posible que piense por momentos, que está leyendo una novela vaquera al estilo de Marcial Lafuente, Zane Grey, Silver Kane o Larry McMurtry.
Sin embargo, es la historia real de Chico Cano y su gavilla de pistoleros, bandoleros y forajidos que durante muchos años asolaron y azotaron los 800 km que de manera natural forma el Río Bravo la frontera entre Chihuahua y Texas; los habitantes de ambos lados de la frontera estaban ya hartos de los robos de ganado, los asesinatos, las emboscadas y los secuestros de Chico Cano y su banda, parecía que no había autoridad que pudiera con él, hasta que hubo un solo hombre que pudo poner en orden a este temible forajido y ese fue nada menos que Pancho Villa.
Los orígenes del bandolero
Francisco Cano Sánchez nació en 1878 en San Antonio del Bravo, Municipio Ojinaga, Chihuahua, un pueblito, mejor dicho, un caserío disperso a solo 300 metros del Río Bravo, un lugar perdido en la infinidad de estos inmensos y desolados territorios, uno de esos lugares en donde uno se siente estar en el fin del mundo, en donde lo único
cercano estaba a un kilómetro cruzando el Río Bravo, ahí estaba el poblado de Candelaria, Condado Presidio, Texas, otro punto perdido en la vasta geografía texana; entre estos dos pueblitos había mucha y muy estrecha relación, se accedía libremente a través de un puente de madera, ambos poblados tenían relación comercial y familiar, ya que en ambos pueblos todos tenían algún familiar del otro lado.
En ese entorno creció Francisco Cano Sánchez, a quien desde muy pequeño le llamaron “Chico”, apodo que llevaría durante toda su vida; en San Antonio del Bravo no se veía mucho futuro, el clima desértico y las condiciones hostiles del terreno no dejaban mucho para cultivar, por lo que la región se convirtió en un enclave ganadero hacia ambos lados de la frontera; desde niño, Chico arreaba el poco ganado de su padre para venderlo en Candelaria, siempre acompañado de sus hermanos Manuel, José Antonio y Robelardo Cano Sánchez, ya desde niños había algo en ellos, su carácter hosco y poco tratable, que la gente veía que tenían pinta de cuatreros.
La ubicación geográfica y la lejanía de toda civilización hacían de San Antonio del Bravo, Chihuahua y Candelaria, Texas un sitio ideal para el tránsito y refugio de pistoleros, bandoleros y toda clase de forajidos huyendo de la ley de ambos países; eso aunado a los frecuentes tiroteos entre maleantes con los Texas Rangers y con los Rurales de Chihuahua, fueron moldeando el carácter y la personalidad de Chico Cano; hasta que un buen día en que Chico Cano y sus hermanos arreaban unas vacas desde Barrancos de Guadalupe, a unos quince km de San Antonio del Bravo, escucharon unos disparos y alcanzaron a ver como una partida de Rangers de Texas venía en persecución de cinco forajidos que cruzaron desde Ruidosa, Texas hacia Barrancos de Guadalupe, los Rangers no podían cruzar el río y desde ahí se desató el tiroteo, matando a un bandolero, al ver esto, los otros cuatro secuaces continuaron la huida a todo galope, dejando el cuerpo de su compañero muerto.
Chico Cano y sus hermanos habían visto la escena a distancia y desde una lomita; entre curiosos y temerosos se acercaron al cuerpo sin vida del bandido y al comprobar que estaba muerto, procedieron a desvalijarlo y apoderarse de su caballo; los cuatro eran unos mocosos de 13 a 16 años, Chico se quedó con la pistolera y el revólver del fulano, así como con su rifle Winchester que descolgó del caballo; también le quitaron algunos dólares que llevaba consigo, las botas, el cinto, así como con su caballo y montura; con el enorme revólver en relación al tamaño de su juvenil mano y el poderoso Winchester en la otra mano, Chico se da cuenta inmediata del poder que representa ir armado; entonces su cabeza comienza a transformarse y a tramar malos pensamientos.
La orfandad y la pobreza los llevan al bandidaje
Cuando muere el padre de Chico Cano, él sus tres hermanos y su madre quedan desamparados y sin la figura paterna, siendo unos imberbes adolescentes quedan en la pobreza total; lo único que les dejó su padre fue un pequeño y polvoriento ranchito que era en donde con esfuerzo y sacrificio juntaba vacas y caballos para venderlos en Candelaria, Texas; ante la situación tan difícil, Chico Cano ya no la pensó dos veces, juntó a sus tres hermanos y les propuso dedicarse al robo de ganado, pues lo único que sabían hacer era criar ganado para llevar a venderlo, los cuatro estuvieron de acuerdo y así se inició Chico Cano en el bandidaje y el crimen.
Los robos de ganado comenzaron a suceder en pequeña escala, una vaquilla por aquí, otra por allá, de modo que no fuese tan notorio, todo el ganado robado lo llevaban los corrales de su rancho familiar, así fueron haciendo su propia crianza, con ganado robado, hasta tener un pequeño hato ya propio de ellos y herrado con su fierro ganadero; así fueron a vender su primer hato a Redford, Texas, en donde eran un poco menos conocidos, pero cometen un error de novatos.
Una vez que vendieron el ganado en Redford, ya con su pago en dólares en el bolsillo, Chico Cano decide hacer parada en Presidio, Texas para comprar armas para sus otros tres hermanos, ya que él era el único armado, así lo hicieron, pero cuando lo más normal hubiese sido cruzar a México por Ojinaga, deciden asaltar el rancho de un
ganadero de apellido Harvis, de ahí se robaron una recua de burros para venderlos en el lado mexicano; los vaqueros de ese rancho mencionaron a los Texas Rangers que los cuatreros eran cuatro jovencillos mexicanos, quienes los encañonaron e hicieron algunos disparos para amedrentarlos; mientras en Presidio, Texas, el armero local dijo haber vendido armas a unos jóvenes mexicanos dos días atrás y que el mayor de ellos dijo llamarse Chico Cano; con esa información los Texas Rangers se avocan a buscar a los hermanos, porque una cosa era robarse una vaquilla y otra muy diferente era robarse una manada de burros y hacerlo a mano armada y con disparos.
Comienza la fama de Chico Cano
Con la recua de burros robados y ya con los Texas Rangers buscándolos, Chico y sus hermanos cruzan por Quinn Creek hacia Presidio de Pilares, en donde venden sus burros a un tratante de ganado, quien de inmediato supo que eran robados, así que, por hacerse el cómplice, les castigó el precio de los animales. Pronto Chico Cano le tomó gusto al bandidaje, es entonces que comienzan a proliferar los robos de ganado en toda la franja fronteriza. El Ejército de Estados Unidos tenía una base en el Fort Bliss en El Paso, Texas, luego a unos 70 km río abajo los Texas Rangers tenían una base en Fort Hancock; enfrente, del lado mexicano, en El Porvenir, los Rurales de Chihuahua tenían una base, hasta ahí, Chico Cano y su banda no se acercaban ni de chiste; sin embargo, desde ahí hasta Rancho Woodlands, Texas por el lado gringo y Rancho Las Garzas en el lado mexicano, justo donde se unen los Estados de Chihuahua, Coahuila y Texas, Chico Cano y su banda tenían 600 km para hacer y deshacer a su antojo, además, la Oficina del Sheriff más próxima, se encontraba en Marfa, Texas, a unos 100 km del cruce fronterizo Presidio/Ojinaga.
Con una frontera tan extensa, con serranías, cañones, cañadas y acantilados de ambos lados, que además era muy porosa, pues casi por cualquier punto se podía cruzar el Río Bravo; por si fuera poco, con el tiempo, Chico Cano repartió beneficios a lo largo de los pueblitos fronterizos, de modo que los mismos pobladores les daban aviso cuando se acercaban las autoridades de ambos países; de pronto, la banda de Chico Cano dio un giro inesperado, diversificó sus operaciones delictivas y se volvió más sanguinaria.
En el año 1900, iniciaba el siglo XX y Chico Cano ya era un famoso bandolero fronterizo, aunque continuaba con el robo de ganado, esto ya representaba muchos problemas, pues había que arrear el ganado grandes distancias y eso hacía más probable que las autoridades lo pudieran pescar; así es que Chico decidió que el robo y el asalto a mano armada a negocios, ranchos y a las diligencias debía ser más lucrativo y fácil de escabullirse que en el robo de ganado y en eso pone manos a la obra.
Cano suma a su banda a varios pistoleros profesionales, entre ellos a dos muy buscados: Jesús Rentería, “El Pata de Palo” y a Plácido Villanueva, ambos con un amplio historial de asesinatos detrás de ellos, dos tipos realmente desalmados; con estas incorporaciones, Chico Cano llegaba a los ranchos y se llevaba ganado, dinero y sus secuaces comenzaron a violar mujeres; arrasaba pueblos, comercios, diligencias; es entonces que intervienen los Gobernadores de Texas, Joseph Draper Sayers y de Chihuahua, General Miguel Ahumada, tratando de ponerle fin al bandolero y sus secuaces.
Esfuerzos inútiles
Las quejas de los rancheros, ganaderos y empresarios de ambos lados de la frontera no se hicieron esperar, se quejaban amargamente, estaban sufriendo los saqueos de los gavilleros; el Gobernador de Texas, Joseph Draper puso un pequeño destacamento de Texas Rangers en Candelaria, Texas, justo frente a San Antonio del Bravo, donde vivía Chico Cano, éste lo que hizo fue mover su escondite a Pilares, frente a Quinn Creek y El Porvenir, Texas, en donde el propietario de ese rancho no permitió que hubiera un destacamento militar en su propiedad, y por ese simple hecho, Chico Cano nunca lo molestó. Por su parte, el Gobernador de Chihuahua, General Miguel
Ahumada envió un agrupamiento de Rurales de Chihuahua hacia Ojinaga, con la intención de que la vigilancia llegara hasta los límites con Coahuila y Texas. Ninguna de las dos “soluciones” funcionó.
Los robos y los asaltos continuaban de ambos lados de la frontera y nadie podía dar con Chico Cano y su gente, por lo que a la opinión pública de los dos países no les quedó la menor duda de que Chico Cano estaba arreglado tanto con los Rangers como con los Rurales, por tres razones fundamentales; la primera era que nunca podían evitar los atracos y mucho menos dar con su paradero; la segunda, Chico Cano y sus hermanos se habían convertido en prósperos ganaderos, demasiado prósperos; y tercera, en 1911 apareció publicada una fotografía en la que aparecen Chico Cano fumando un cigarrillo y sus hermanos Manuel, José Antonio y Robelardo junto al Mayor John Arthur Considine y el Capitán Leonard Matlack de los Texas Rangers.
Con esta imagen a la gente no le quedó ninguna duda de que todos estaban coludidos con los facinerosos; los Texas Rangers alegaron que los tenían detenidos, pero la imagen era muy elocuente, estaban platicando entre amigos. El Gobernador de Texas, Oscar Colquitt dispuso recursos económicos por 300 mil dólares, recursos humanos y materiales para redoblar la vigilancia, con la consigna de capturar a Chico Cano y eliminar a su banda.
Chico Cano es capturado, pero…
En esas fechas, Chico Cano asistió a Valentine, Texas al funeral de un familiar, ahí fue abordado y capturado por los ganaderos Sitter y John Harvis y por el Inspector de Aduanas Jack Howard y un grupo de vaqueros, quienes sacaron a Chico Cano del funeral y se lo llevaron a la Cárcel de Marfa, a unos 50 km de ahí; todos los que vieron la escena pensaron que esos tres hombres iban a matar a Chico Cano, que no iba a llegar a la Cárcel de Marfa, y en efecto, nunca llegó; en el trayecto, son emboscados por los hermanos de Chico y sus pistoleros, matando al ganadero Harvis, al Inspector de Aduanas Jack Howard y a varios vaqueros, así lograron rescatar a Chico Cano.
Solo provocaron su ira
Tras estos sucesos, el Estado de Texas emitió un pasquín poniendo precio a la cabeza de Chico Cano; la respuesta de Cano fue rápida y fulminante, fue por el ganadero John Sitter y por el Capitan de los Rangers Eugene Hulen que habían torturado a uno de sus hombres; Cano y su banda los dejaron muertos, tirados a medio desierto con los rostros desfigurados a golpes. Los Texas Rangers emprenden una cacería humana contra Chico Cano y su banda, obteniendo otra contundente respuesta, en los cañones de la Sierra de Candelaria, los Cano y su gavilla emboscan al agrupamiento de Rangers del Destacamento Candelaria, matando a todos.
Ahora, Chico Cano, furioso contra los gringos pone sus ojos en un par de aviadores estadounidenses, los pilotos de la Patrulla Aérea Fronteriza de los Estados Unidos, el Teniente Harold Peterson y el Piloto Paul Davis; Chico Cano envía a los asesinos Jesús Rentería “El Pata de Palo” y Plácido Villanueva a secuestrar a estos dos pilotos, por quienes exigió un rescate de 15 mil dólares; el gobierno se rehusó y Chico Cano amenazó: “van a conocer la furia de Chico Cano”; Cano recibió los 15 mil dólares y los pilotos fueron liberados, pero ya se había creado un profundo sentimiento antimexicano en toda la región.
En 1913, Chico Cano es informado de que una patrulla de Texas Rangers y militares vienen tras él con la orden de acabarlo; la fuerza gringa cruzó a México por El Porvenir hacia Presidio de Pilares, donde estaba el escondite de la banda; Cano los dejó cruzar y en la Sierra de Pilares, donde parecía no haber nadie, emboscaron a los gringos, quienes sufrieron múltiples bajas y el resto se dispersó huyendo hacia su país.
Para estas alturas, las autoridades texanas ya no hallaban cómo hacer para acabar con Chico Cano y su banda, quien parecía andar por todos lados y por ninguno al mismo tiempo, pero Chico Cano tropezaría con su propio pie.
Se le apareció Pancho Villa
En los primeros días de diciembre de 1913, en medio de un durísimo invierno, a Chico Cano se le ocurre atacar el poblado de Castolon, Condado Brewster, Texas, otro pueblito perdido en la inmensidad, fronterizo con Benito Juárez Municipio Manuel Benavides, Chihuahua; ese pueblito fue fundado en 1901 por el mexicano Cipriano Hernández, con el permiso de los Gobiernos de Estados Unidos y Texas, con la intención de colonizar el área del Big Bend del Río Bravo; el pueblo tuvo cierto éxito, aunque al estallar la Revolución Mexicana sirvió como refugio a cientos de mexicanos huyendo de la revolución.
En la incursión de Chico Cano a Castolon, varios de los forajidos iban con las carrilleras de balas cruzadas al pecho, un estilo que había impuesto la División del Norte, motivo por el que muchos pobladores supusieron que eran las tropas de Pancho Villa; de acuerdo a las declaraciones de las víctimas, los periódicos “The Austin American Statesman” y “El Paso Herald Post” publicaron que el ataque había sido obra de Pancho Villa y su División del Norte, lo cual era una completa falsedad, misma que tuvo severas repercusiones.
La chirinola retumbó fuerte en Chihuahua, el Gobernador del Estado, General Francisco Villa, colérico y furioso por las mentiras publicadas en Estados Unidos, ordena al General Rodolfo Fierro tomar un grupo de hombres y salir en busca de Chico Cano y llevarlo ante su presencia. La voz se corrió de inmediato y no es difícil imaginar a un Chico Cano, por más bandolero y desalmado que fuera, el pánico que debió haber sentido nada más al saber que lo andaba buscando el temible General Rodolfo Fierro con la orden de presentarlo ante Villa.
El General Fierro fue hasta la recóndita ranchería de Presidio de Pilares, guarida de Chico Cano y su banda, quienes no opusieron resistencia, pues Fierro los tenía rodeados por completo; según crónicas de algunos villistas, Chico Cano se notaba temeroso y demasiado respetuoso con Fierro, podríamos pensar que la imponente presencia y la terrible fama de Rodolfo Fierro terminaron por apocar los ánimos al malvado rufián de Chico Cano. Fierro no se anduvo por las ramas y le llevó a Villa no solo a Chico Cano, sino a toda la banda, incluidos sus tres hermanos, Manuel, José Antonio y Robelardo, además a los buscados asesinos, Jesús Rentería “El Pata de Palo” y Plácido Villanueva.
De lobo feroz a manso corderito, el fin de Chico Cano
No se sabe con exactitud lo que Villa habló en privado con Chico Cano y sus hermanos, aunque el diálogo debió haber sido muy fuerte, muy claro y en extremo contundente, pues en este último ataque de Chico Cano había involucrado directamente el nombre de Villa, quien además era el Gobernador de Chihuahua, por lo que Villa no estaba dispuesto a pagar culpas ajenas y menos que su nombre se mencionara en actos que él no cometió.
El caso es que Chico Cano, sus hermanos y sus secuaces salieron de ahí cabizbajos y ya como nuevo integrante de la División del Norte, Villa le otorgó el grado de Capitán de la División del Norte y lo puso bajo las órdenes directas de Rodolfo Fierro, quien se encargaría de mantener a raya a los peligrosos sujetos. Tras la Batalla de Zacatecas, en donde Villa derroca a Victoriano Huerta, toma el poder el General Venustiano Carranza de la Garza y Chico Cano le solicita a Villa su baja de la División del Norte, Villa se la concede y los Cano se retiran a la vida privada, la temible banda de Chico Cano había quedado disuelta. Nunca más volvió a delinquir.
Datos sueltos
+ Después de esto, Chico Cano estuvo brevemente vinculado a las fuerzas de Pascual Orozco.
+ En 1917, un grupo de bandoleros mexicanos atacó el complejo agrícola y ganadero conocido como Rancho Brite en Marfa, Texas, arrasando con todo, violando y matando a varias mujeres y niños, desencadenando la Masacre del Porvenir; de todo esto se culpó a Chico Cano, sin embargo el principal socio del conglomerado, Lucas Brite fue su principal defensor, asegurando que Cano no era el responsable; más tarde se comprobó su inocencia en los hechos; también se descubrió que fue el Ejército de Estados Unidos el que había borrado del mapa al pueblo de El Porvenir.
+ En 1919, Chico Cano es acusado por sus crímenes en una corte federal de Estados Unidos, sin embargo, nunca fue ni capturado, ni juzgado, ni procesado y mucho menos sentenciado.
+ La única autoridad que fue capaz de capturar y poner en orden a Chico Cano fue Pancho Villa como Gobernador de Chihuahua.
+ Chico Cano escapó de todos sus enemigos y a todas las autoridades; durante su vida recibió 14 balazos en diferentes hechos y a todos sobrevivió.
+ Poco antes de morir, el sacerdote le pide a Chico Cano que se arrepienta de sus pecados y le pregunte si está listo y en paz para conocer al Creador; la respuesta de Cano fue: “Mi padre y mi madre fueron mis creadores, la pobreza fue mi creadora, la desconfianza fue mi creadora; los he conocido toda mi vida, estoy listo”.
+ Francisco “Chico” Cano Sánchez falleció el 28 de agosto de 1943 a los 65 años en su rancho de Ojinaga, Chihuahua.
+ Justo al morir Chico Cano y para prevenir el resurgimiento de bandas criminales y proteger a toda esa inmensa y solitaria región, el Centro Nacional de Control de Radares para la Defensa Aérea de Estados Unidos, con sede en Eagle Pass, Texas desplegó una red de radares monitoreada desde Marfa, Texas; ahí se controla y vigila todo el tráfico aéreo, terrestre y de personas en la región y es operado en la actualidad por NORAD, por la Customs and Border Protection (CBP), por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y por la Border Patrol.
Referencias Bibliográficas:
+ refusingtoforget.org.chicocano
+ texashistory.unt.edu
+ panchovillamx.com
+ Facebook.com
+ iberlibros.com.es
+ allbookstores.com/Bandido-Story-Chico-Cano
+ frontierpartisans.com
+ norad.mil
+ cbp.gov
+ es.wikipedia.org






