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El empresario Carlos Slim ha comenzado a cerrar algunas sucursales de Sanborns en la Ciudad de México, pero no se trata de una crisis, sino de una reconfiguración estratégica del negocio. La decisión forma parte de un ajuste para adaptar la marca a las nuevas condiciones del mercado minorista y a los hábitos actuales de consumo.
Entre las principales razones destaca la baja afluencia de clientes en ciertas zonas tradicionales, lo que ha reducido la rentabilidad de algunas tiendas. A esto se suman problemas de acceso, falta de estacionamiento y la competencia interna entre sucursales cercanas, factores que han llevado a la empresa a evaluar qué ubicaciones realmente funcionan.
Otro punto clave es el cambio en los hábitos de compra, ya que cada vez más consumidores prefieren opciones digitales o tiendas más especializadas. Ante este panorama, el grupo busca optimizar su operación y concentrarse en formatos más eficientes, dejando atrás unidades que ya no resultan rentables.
Además, el propio Slim ha reconocido que en algunos casos los cierres también responden a costos elevados de renta, lo que hace inviable mantener ciertos locales abiertos. En varios puntos de la capital, los arrendadores incrementaron significativamente los precios, obligando a la empresa a tomar decisiones para proteger su rentabilidad.
Lejos de significar el fin de la marca, esta estrategia busca fortalecerla. La compañía no descarta abrir nuevas sucursales en ubicaciones más rentables y, al mismo tiempo, impulsar su crecimiento en áreas como comercio electrónico y otros formatos del grupo. En otras palabras, Sanborns no desaparece, se está transformando para sobrevivir en un mercado cada vez más competitivo.


