El IMSS, encabezado por Zoé Robledo, anunció una estrategia de escucha activa en 277 hospitales de Segundo y Tercer Nivel para conocer los problemas que enfrenta el personal médico y administrativo. La iniciativa contempla atender ocho temas prioritarios, entre ellos el desabasto de medicamentos, la falta de personal, el mantenimiento de equipos y las condiciones laborales. Sobre el papel, el plan suena bien; el problema es que los mexicanos llevan años escuchando promesas de mejora mientras pacientes y trabajadores siguen enfrentando carencias que no se resuelven con discursos.
Porque, seamos claros, los mexicanos ya estamos cansados de tantas mesas de diálogo, reuniones, pláticas y talleres. Cada vez que una institución anuncia que escuchará a sus trabajadores o que abrirá espacios para conocer sus necesidades, surge la misma pregunta: ¿cuándo van a resolver los problemas? En los hospitales no basta con escuchar las quejas sobre medicamentos que no llegan, equipos que no funcionan o personal insuficiente. Los pacientes necesitan tratamientos oportunos y los trabajadores requieren herramientas para cumplir con su labor. La escucha puede ser el primer paso, pero no debe convertirse en otra estrategia para ganar tiempo mientras las deficiencias continúan.
Zoé Robledo aseguró que las peticiones deberán convertirse en compromisos concretos, con fechas y responsables, una condición que tendría que ser la regla y no una novedad. Ahí estará la verdadera prueba: resultados medibles, plazos cumplidos y responsables que respondan cuando las soluciones no lleguen. El aumento salarial global de 6.8 por ciento anunciado para los trabajadores también forma parte de la agenda, pero mejorar las percepciones no sustituye la obligación de garantizar servicios médicos dignos. El IMSS no necesita acumular actas de reuniones ni presumir cuántas veces escuchó al personal; necesita demostrar que atendió sus demandas. Porque la gente no vive de promesas ni se cura con discursos: se requieren respuestas firmes, acciones concretas y soluciones que se noten en los hospitales.
Aunque para muchos la Fiesta del Chipotle todavía parezca un esfuerzo incipiente, sus resultados dejan en claro que Camargo tiene en sus festividades una oportunidad para generar economía, atraer visitantes y beneficiar al comercio local. Alrededor de 20 mil personas acudieron durante los tres días de actividades, de acuerdo con Héctor Tadeo González, coordinador de Protección Civil Municipal. Más allá de la cifra, el evento representa una posibilidad para que comerciantes, vendedores de alimentos y prestadores de servicios encuentren nuevas oportunidades de ingreso.
La clave está en entender que estas celebraciones no son solamente entretenimiento, sino también una herramienta para mover la economía del municipio. Con ideas frescas, organización y apoyo gubernamental, una fiesta puede crecer y convertirse en un escaparate para promover lo que Camargo tiene para ofrecer. La coordinación entre Protección Civil, Seguridad Pública y Vialidad, así como la ausencia de reportes de robos en los alrededores del estadio o personas lesionadas durante las actividades, también contribuye a generar condiciones para consolidar el festival en futuras ediciones.
En los últimos cinco años, Camargo ha experimentado un crecimiento económico que representa un cambio significativo frente a lo observado durante las dos décadas anteriores. En ese contexto, la Fiesta del Chipotle puede formar parte de una estrategia para mantener el movimiento comercial y abrir nuevas posibilidades para sus habitantes. Veinte mil visitantes no significan que todo esté hecho, pero sí que existe una oportunidad que vale la pena aprovechar. El reto será mantener el respaldo, mejorar cada edición y demostrar que las buenas ideas, cuando encuentran apoyo y continuidad, pueden traducirse en beneficios reales para la economía de Camargo.
Cruz Pérez Cuéllar entendió el mensaje y acudió al Premio Estatal de Periodismo José Vasconcelos, donde además entregó reconocimientos. Si la 4T suele mantener una relación complicada con los medios tradicionales, el morenista demuestra que la política también se construye con diálogo, respeto a la libertad de expresión y cercanía con quienes informan.
Porque los medios no son enemigos que deban callarse, sino aliados necesarios y críticos que incomodan, cuestionan y ayudan a construir una sociedad mejor. Las cosas se construyen, no se silencian.
Y Marco Bonilla, ¿dónde estuvo? Quizá todavía resentía el cansancio del fin de semana en Juárez. Habría sido interesante ver a los dos aspirantes a gobernar Chihuahua compartiendo el mismo espacio, reconociendo al periodismo y entendiendo que la crítica no es agresión, sino parte de la democracia. A veces, la ausencia también manda mensajes.
En el Premio Estatal de Periodismo, Cruz Pérez Cuéllar no ocupó el lugar de las autoridades, pues hoy no tiene ese carácter. Sin embargo, en la mesa que compartió durante la cena hubo una combinación que dio de qué hablar: Rafa Loera, exsecretario de Desarrollo Humano y Bien Común de Gobierno Esttal y aspirante a la Alcaldía de Chihuahua, y Sahir Rentería, empresario que también ha levantado la mano para buscar esa candidatura por Morena. Los tres, juntos y en un ambiente de evidente cordialidad.
¿Casualidad o señales políticas? En tiempos de definiciones rumbo a 2027, las fotografías también alimentan lecturas. La cercanía entre Cruz, Loera y Rentería abre preguntas sobre posibles entendimientos, aunque una cena compartida no significa necesariamente que haya una candidatura bendecida.
En el caso de Sahir, la relación con el juarense no parece nueva: hace meses, Cruz visitó su rancho La Purísima, un espacio privado con atractivo turístico. Ahora vuelven a coincidir públicamente, esta vez junto a Loera, otro nombre que busca espacio en la contienda municipal.
¿Será que Cruz comienza a tejer acuerdos en la capital y a reunir perfiles alrededor de su proyecto? Por ahora no hay ungidos oficiales, pero esa mesa dejó una imagen que difícilmente pasará inadvertida: tres personajes, aspiraciones en el horizonte y una relación política que dará de qué hablar.






