LAS ACTAS DE NUESTRA INDEPENDENCIA Y SU INCREÍBLE HISTORIA
Por: José Luis Jaramillo Vela
Cerramos el Mes de la Patria, ¿no olvidamos algo?
Se nos va otro mes de septiembre, otro Mes de la Patria, que como todos los años lo celebramos con todo nuestro orgullo y mexicanidad; un mes en donde abundan las vivas, las campanas, las banderas, los colores patrios inundan las calles por todos lados, los nombres de nuestros héroes se repiten a cada rato; y qué decir de las 2511 ceremonias del Grito de Independencia en todo el territorio nacional, tomando en cuenta Municipios, Estados, Alcaldías CDMX y por supuesto, el Grito Presidencial desde el Balcón Central de Palacio Nacional.
Esa noche mexicana, en la que el cielo de México se ilumina del colorido de los fuegos artificiales, y la pirotecnia llena de chispazos de color y truenos; esa noche mexicana en la que abundan los más variados y sabrosos platillos de la gastronomía mexicana; y qué decir de los ríos de tequila, nuestra bebida nacional que humedecen y regocijan los resecos gaznates de todos los mexicanos y que nos brindan una noche en extremo alegre, festiva y orgullosa, acompañada de nuestros queridos conjuntos de mariachis; una celebración en grande en todo el país, que precede al Desfile Militar del 16 de septiembre.
Sin embargo, entre tanto festejo y celebración, siempre, de manera injusta olvidamos algo que también es una parte muy importante de nuestra mexicanidad y de nuestro orgullo patrio; algo a lo que nunca hacemos referencia, pero que ahí está plasmado, negociado, firmado y sellado, nuestro grito de libertad hecho realidad en una sola palabra: México; ese “algo” al que me refiero, no es otra cosa que nuestras Actas de Independencia, en las que se asienta que somos un país libre y soberano; esas Actas de Independencia que muchos mexicanos pensamos que debieran estar incluidas entre los Símbolos Patrios y sin embargo no lo están.
Vamos a conocer nuestras Actas de Independencia y la increíble historia alrededor de ellas.
Solo como antecedente, un documento no válido y no oficial
En 1808, Napoleón Bonaparte invade a España tomando prisionero al Rey Fernando VII, Napoleón impone a su hermano José Bonaparte como Rey de España; pero José Bonaparte era un borrachín alcohólico a quien la gente
le apodaba “Pepe Botellas”; este personaje no tenía la menor idea de en donde lo habían puesto, por lo que se creó un vacío de poder, no solo en la Corona Española, sino en todas sus posesiones y la Nueva España fue la primera en aprovechar ese vacío de poder; los curas Miguel Hidalgo y José María Morelos, apoyados por algunos militares y funcionarios del Virreinato de la Nueva España, manifestaron por la vía pacífica la intención de formar una república independiente, para lo cual propusieron una serie de negociaciones; la respuesta fue una violenta represión por parte del General Félix María Calleja; como consecuencia, dos años más tarde, en 1810 se produjera el levantamiento armado y la insurgencia.
En 1813, José María Morelos y Pavón promulga “El Acta de Independencia de la República de América del Norte”, dicha acta fue firmada por los señores José María Morelos, Andrés Quintana Roo, General Ignacio López Rayón, José Manuel Herrera, Carlos María Bustamante, José Sixto Berduzco, José María Liceaga y Cornelio Ortiz de Zárate; por supuesto que este documento no era oficial ya que no eran gobierno, eran insurgentes y carecía de validez jurídica; este documento quedó únicamente como antecedente para la historia, pues era un compendio de lo que Morelos anhelaba que se convirtiera la república una vez liberada de la Corona Española.
Así obtuvimos nuestra Independencia…
El 27 de septiembre de 1821, el Ejército Trigarante encabezado por el General Agustín de Iturbide por parte del Ejército Realista y el General Vicente Guerrero por parte del Ejército Insurgente entra triunfante a la Ciudad de México, concluyendo con esto la Guerra de Independencia, tras once años de cruentas batallas por fin la Nueva España se había liberado de la Corona Española; ambos personajes, meses atrás, Iturbide y Guerrero habían acordado parar la guerra y unir fuerzas mediante el famoso “Abrazo de Acatempan”, días más tarde firmaron el Plan de Iguala, en el que pactaban poner fin a la guerra, unir fuerzas, declarar la independencia y formar una nueva nación.
En efecto, ambos personajes respetaron y cumplieron lo pactado en el Plan de Iguala, sin embargo, Agustín de Iturbide fue un paso más adelante y en el lapso entre la firma del Plan de Iguala y el fin de la guerra, fue urdiendo y tejiendo su plan para quedarse con el poder; en ese intervalo de tiempo, Iturbide aprovechó para negociar la disolución del Virreinato y formar una Junta de Gobierno a modo, que una vez declarada la independencia lo llevara al poder. En este punto de la Guerra de Independencia ya no había Virrey, el Virreinato estaba casi disuelto, España había enviado ya ni siquiera a un Virrey, sino a un Jefe Político Provincial en la figura del irlandés-español John O’Donahue O’Reilly, mejor conocido como Don Juan de O’Donojú y O’Reilly como nuevo Jefe Político de la Provincia de la Nueva España.
Con el Ejército Realista unido al Ejército Insurgente, Don Juan de O’Donojú comprendió que era el fin del Virreinato de la Nueva España y no le quedó más remedio que aceptar que estaba emergiendo una nueva nación y negociar con Iturbide, quien lo persuadió para firmar “Los Tratados de Córdoba”, en los que se establece el fin del Virreinato, la independencia de México y el surgimiento del Imperio Mexicano; la Corona Española desconoció dichos tratados, sin embargo Don Juan de O’Donojú los había firmado en su carácter de Jefe Político de la Provincia de la Nueva España, en representación de la Corona Española, por lo que dichos tratados eran legalmente válidos.
… y así se firmaron las actas de nuestra Independencia
El día 28 de septiembre de 1821, un día después de la triunfal entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, se redactan y firman las Actas de Independencia; para ello, ese día se reunieron en Palacio Nacional los 38 miembros de la Junta de Gobierno, que en realidad no era otra cosa que un “Club de Tobi” de amigos de Iturbide, con él al frente como “Presidente de la Regencia”; el encargado de redactar las Actas fue el Licenciado Juan José Espinoza de los Monteros en su calidad de Secretario de la Junta de Gobierno; desde luego que el “guión” ya estaba
previamente escrito por Iturbide, el Secretario Espinoza de los Monteros solo se encargó de transcribirlo de propia mano a los pergaminos originales de las Actas en cuyo título encabeza en grandes mayúsculas: “ACTA DE INDEPENDENCIA DEL IMPERIO MEXICANO”, pronunciada por la Soberana Junta de Gobierno y la fecha 28 de septiembre de 1821; luego viene una arenga que dice: “La Nación Mexicana, que por trescientos años no ha tenido voluntad propia, ni libre uso de la voz, sale hoy de la opresión en que ha vivido”; para luego hacer una alabanza al Supremo Autor de la Naturaleza y a todos los que dieron su vida por este heróico esfuerzo para liberar al Septentrión (Norte) del Continente Americano, declarándolo como autogobernable, “inenajenable” (intransferible) y con capacidad de defenderse a sí mismo y a sus ciudadanos, contando para ello con el Ejército Trigarante. También se establece que el Imperio Mexicano sostendrá relaciones amistosas y comerciales con todos aquellos países que deseen ser nuestros amigos,
Enseguida, vienen los nombres y las firmas de 34 de los 38 notables que integraban la Junta de Gobierno; lo interesante de esto es que el primero en firmar fue el General Emperador Agustín I Cosme Damián de Iturbide y Arámburu, ya en su calidad de Emperador del I Imperio Mexicano; el segundo en firmar fue el Obispo de Puebla, Antonio Joaquín Pérez y Robles, en su calidad de “Segundo Regente”, quien asumiría el cargo en caso de faltar el Emperador y ante la ausencia de hijos sucesores al trono. Otro dato interesante, de los 38 integrantes de la Junta de Gobierno, hubo cuatro que no pusieron su firma manuscrita, no quisieron, nunca se supo ni se especificó el motivo; en el caso de Don Juan de O’Donojú y O’Reilly, este decidió firmar “in absentia” (en ausencia), esto significa que, aunque no plasmó su firma manuscrita, al aparecer su nombre y el espacio para su firma en el acta, esto indicaba que se estaba de acuerdo con lo ahí manifestado.
El Secretario de la Junta Soberana de Gobierno, Licenciado Juan José Espinoza de los Monteros hizo dos actas originales exactamente iguales, por lo que todos los ahí presentes firmaron los dos originales algo bastante raro en este tipo de documentos, ya que por lo general se elaboraba un original y después se imprimían copias; el Secretario Espinoza de los Monteros argumentó que un original era para la Regencia del Gobierno Imperial y la otra original era para la Junta Soberana de Gobierno. Y qué bueno que así fue, ya que las Actas de nuestra Independencia pasarían por una serie de aventuras dignas de una película.
Las Actas del deseo
Al firmarse las Actas de Independencia, quedó declarado de manera oficial el México libre, pero también quedó instaurado de manera oficial nuestro primer gobierno, una monarquía imperial hereditaria; el Acta que fue entregada a la Junta de Gobierno, después pasó de manera natural a la Cámara de Diputados al formarse ésta; ahí estuvo esa Acta en exhibición pública durante 88 años hasta 1909, año en que un incendio destruyó el recinto legislativo dejando todo en cenizas, perdiéndose para siempre uno de los dos originales de nuestra Acta de Independencia.
El otro original del Acta de Independencia quedó guardado en Palacio Nacional, sin embargo fue robada en 1830 durante el gobierno represivo del General Anastasio Bustamante; el documento fue robado de la oficina que ocupaba el Canciller Lucas Alamán, quien entre avergonzado y furioso por la exhibida pública y por el regaño del Presidente Bustamante, inició una investigación que según se dijo, dio con un ex empleado de Palacio Nacional, quien sabiendo del valioso e histórico documento se las ingenió para escabullirse y robarlo, para posteriormente venderlo en una considerable suma de dinero a un ciudadano francés que visitaba la Ciudad de México; al menos eso fue lo que manifestó el furtivo ladrón, de quien nunca se mencionó su nombre y de quien también se supone haya sido fusilado o asesinado por el gobierno.
Y es justo a partir del robo de nuestro insigne documento, que comienzan las peripecias de éste por varios lugares; de todo su recorrido y las manos por las que pasó, nos enteramos hasta que por fin fue recuperado. Veamos por donde anduvo nuestro histórico documento y por qué manos pasó. Lo primero que hizo el Canciller Lucas Alamán, fue poner el grito en el cielo, era tal su prisa por recuperar el célebre manuscrito que publicó a nivel internacional el
hecho, ofreciendo a nombre del Gobierno Mexicano una cuantiosa recompensa por recuperarlo; lo que esto causó fue que en todo el mundo se supo del robo y que el gobierno mexicano no era capaz de salvaguardar ni sus propios documentos históricos y lo segundo que originó, fue que el preciado pergamino, donde sea que anduviese, multiplicaba su valor al saberse tan valioso, tan deseado y tan buscado.
Una historia de película
Como el autor del robo había dicho que el Acta de Independencia se la había vendido a un ciudadano francés, el Canciller Lucas Alamán hace una petición a Francia solicitando su apoyo, pero en Francia se estaba suscitando el cambio de trono, el Rey Carlos X terminaba su reinado constitucional y asumía el trono el Rey Luis Felipe I; así que aunque los franceses estaban ocupados en sus asuntos monárquicos, aún así, ellos algo sabían, pues señalaron que un documento tan valioso no era tan fácil de vender y de esconder, por lo que solo podía estar en manos muy poderosas y dejaron entrever que el documento tal vez ni siquiera estuviera en Francia.
Años más tarde, el Acta de Independencia fue comprada por el Archiduque de Austria, Maximiliano de Habsburgo en una cantidad muy elevada; esto sucedió muchos años antes de que Maximiliano fuera Emperador de México; sin embargo, durante su imperio nunca dijo nada y mucho menos la puso a disposición de México. Durante el Imperio de Maximiliano, un grupo de acaudalados mexicanos intentaron contratar a la famosa y prestigiada agencia de detectives privados Pinkerton National Detective Agency de Estados Unidos para rastrear nuestro documento; la agencia Pinkerton rehusó tomar la investigación, pero uno de sus detectives les dijo en privado, “quizá si buscan en su propio país”, esto dio a entender que claramente ellos sabían en donde estaba y quién tenía nuestra Acta de Independencia, pero no se quisieron meter en una investigación que pudiera ocasionar otro conflicto entre Estados Unidos y México.
A la caída de Maximiliano y su fusilamiento, la última persona que habló con él fue su sacerdote de cabecera y de su máxima confianza el Padre Agustín Fischer, quien lo confesó y le dio las últimas bendiciones antes de ser fusilado; pues resulta que el Padre Agustín Fischer (otro pícaro de quien también hablaremos) fue quien sacó de la biblioteca personal de Maximiliano nuestra Acta de Independencia para llevársela a Europa, en donde se la vendió por diez mil pesos al anticuario español Gabriel Sánchez.
Más tarde, este anticuario español Gabriel Sánchez le vende el Acta de Independencia al historiador y escritor mexicano Joaquín García Icazbalceta, quien lejos de devolverle al país tan valioso documento, la conservó en su colección privada y al morir la heredó a su hijo, el historiador Luis García Pimentel, quien igual de leonino que su padre, fue a venderla a Francia, allá se contactó con Florencio Gavito Bustillo, un adinerado mexicano que se dedicaba a viajar por el mundo; Gavito la adquirió en diez mil dólares en 1957, a su regreso a México, Gavito venía con la intención de devolverle a México su valioso tesoro, sin embargo Gavito enfermó de leucemia y murió en 1958.
Antes de morir, Florencio Gavito Bustillo dejó instrucciones en su testamento para que su familia certificara, autenticara y entregara personalmente en mano al Presidente de la República el Acta de Independencia, para que por fin regresara a México. La familia Gavito se encargó de someter el Acta de Independencia a los dictámenes y peritajes de expertos y especialistas en grafología, grafoscopía, papelistas (experto en papel), especialistas en tintas, incluso la familia Gavito aportó la nota de compra-venta del Acta, la que también fue autenticada; todo este proceso duró dos años y medio, a pesar de que el Acta traía impresos los sellos “ex libris” de la biblioteca personal de Maximiliano y de la del anticuario español Gabriel Sánchez; la familia Gavito corrió con todos los gastos de autenticación; por fin, el 14 de noviembre de 1961 todos los dictámenes y peritajes estuvieron listos, nuestra Acta de Independencia estaba debida y correctamente certificada y autenticada.
La Ceremonia Oficial de Entrega del Acta de Independencia se realizó el 21 de noviembre de 1961, después de 131 años extraviada, Florencio Gavito Jáuregui y la familia Gavito entregan al Presidente Adolfo López Mateos el Acta
de Independencia; como testigos de honor estuvieron el Secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz y el Secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet. El Acta fue puesta en exhibición para el pueblo de México en el Castillo de Chapultepec; posteriormente fue enviada al Archivo General de la Nación; en el año 2008 se le realizaron trabajos de restauración; en 2010, por instrucciones del Presidente Felipe Calderón, el Acta de Independencia fue puesta en exposición en Palacio Nacional con motivo del Bicentenario de la Independencia de México.
En la actualidad, al día de hoy el Acta de Independencia se encuentra en una bóveda de máxima seguridad en el Archivo General de la Nación, que cuenta con monitoreo climático y circuito cerrado de televisión las 24 horas; mientras, un equipo interdisciplinario de museógrafos, curadores y especialistas del INAH trabajan junto a un grupo de científicos de la UNAM en el desarrollo de un sistema de preservación que permita, en un futuro cercano la exhibición permanente no solo de nuestra Acta de Independencia, sino también de otros documentos históricos.
+ Tras la caída del Emperador Agustín I de Iturbide y del Primer Imperio Mexicano, el Congreso Mexicano emite en 1823 una “Acta de Independencia de la República Mexicana”, la cual tiene validez jurídica por haber sido emitida por el Congreso, pero carece de validez oficial porque no es la original; el Acta de Independencia oficial, es la que está en el Archivo General de la Nación y se llama “Acta de Independencia del Imperio Mexicano”, la cual tiene validez jurídica y validez oficial.
+ México contó con sus dos Actas de Independencia originales durante nueve años; tras el robo de 1830, duramos 79 años con una sola Acta de Independencia; después del incendio del Congreso de 1909, México duró 52 años sin ninguna de sus dos Actas originales; el Acta de Independencia recuperada, que fue robada y comercializada, pasó 131 años en poder de diversos poseedores.
Con esto cerramos el Mes de la Patria septiembre 2026; y que nunca se nos olvide…¡¡Que Viva México!!
Referencias Bibliográficas:
+ siempre.mx
+ Facebook.com
+ segobver.gob.mx
+ ordenjuridico.gob.mx
+ repositorio-inehrm.cultura.gob.mx
+ infobae.com
+ memoriapoliticademexico.org
+ repositorio.inah.gob.mx
+ es.wikipedia.org






