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ÍNDICE POLÍTICO
FRANCISCO RODRÍGUEZ
Ante su evidente incapacidad a la que se suma una terquedad que traerá enormes consecuencias a México, han arreciado las voces que sugieren, piden y hasta exigen que la señora Claudia Sheinbaum abandone el papel que, como su secuaz, le asignó López Obrador.
Que doña Claudia salga del Despacho Presidencial ¿enmendaría la situación o la empeoraría? es la pregunta que muchos nos hacemos ante las difíciles circunstancias que, en lo interno y ante el exterior, sufre el país en estos momentos que, sin duda, son de definición.
Hasta ahora, el serio y perspicaz analista Ghaleb Krame ha sido quien más claramente ha demandado que Sheinbaum “suelte el poder” que, en honor a la verdad, ella no tiene en sus manos.
En un reciente Reporte Krame, se lee que, con ella, el régimen de Cuarta… ha perdido “el monopolio de la fuerza legítima, la capacidad de hacer cumplir su propio orden jurídico, y la posibilidad de negociar con actores externos como interlocutor unitario y creíble”.
Y más adelante, un tanto al estilo de Donald Trump, quien primero lanza el elogio para luego soltar el golpe, Krame apunta que “Sheinbaum es personalmente capaz. Eso es precisamente lo que hace que esto sea tan doloroso de observar. No está gobernando a través de su capacidad personal. Está gobernando a través de un aparato estatal que ha sido deliberadamente vaciado durante seis años, y no ha mostrado ningún plan genuino para revertir ese proceso. El resultado es una presidente que sabe cómo se ve el buen gobierno y está estructuralmente impedida de ejercerlo.”
Aunque Krame también reconoce que una de las características que el aparato del cual Sheinbaum podría echar mano no solo está vacío, sino que además ella carece de control sobre el mismo.
Por eso recomienda que lo que hoy México requiere es “un gobierno técnico: una administración de transición compuesta por expertos genuinos, economistas, especialistas en seguridad, profesionales de la salud pública, diplomáticos, con un mandato estrecho y definido. Ese mandato sería estabilizar el piso institucional, restablecer las condiciones mínimas para una gobernanza soberana y crear las precondiciones democráticas para unas elecciones en 2030 que puedan celebrarse realmente en términos legítimos.”
¿Elecciones ahora, cuando doña Claudia no cumple aún dos años en el encargo que le dio López Obrador?
No es recomendable. El mismo autor reconoce que nuestro sistema de partidos carece de significancia. “Lo que México tiene es un sistema de vehículos”, afirma.
Y explica que “Morena, Movimiento Ciudadano, Partido Verde, Partido del Trabajo y, hay que decirlo sin comodidad partidista, el PAN y el PRI en porciones significativas del territorio nacional, no funcionan como organizaciones ideológicas que compiten por mandatos programáticos. Funcionan como vehículos legales a través de los cuales los actores políticos reales, las economías del crimen organizado, acceden al poder del Estado.”
Por ello es por lo que “un cártel con suficiente control territorial y capacidad financiera puede invertir simultáneamente en candidatos de cuatro o cinco partidos en el mismo ciclo electoral, seleccionando el vehículo y el piloto según las condiciones locales, las ventajas de la incumbencia y el rendimiento esperado de la inversión política.”
Reemplazar a Sheinbaum por la vía electoral daría como resultado más de lo mismo. O quizá hasta peor.
Lo que falla está en la 4T
Las renuncias de tres colaboradores “de ella, no de AMLO” en Hacienda, Agricultura y Pemex tampoco han servido para siquiera paliar las crisis financiera, alimentaria y energética que nos agobian a la mayoría de los mexicanos.
Y esto indicaría que el problema que las origina es sistémico. Que es el proyecto del régimen de Cuarta… el que no funciona para nuestro país. Que las recetas del Foro de Sao Paulo y la imitación a rajatabla de lo que en Cuba, Venezuela y Bolivia, han emprendido sus dictadores no ha sido benéfico para sus habitantes, como tampoco lo es para nosotros.
Militarizar al país y corromper a los altos mandos de las Fuerzas Armadas encargándoles obras para que se queden con “las sobras” ha debilitado la credibilidad y la confianza que la sociedad tenía en el Ejército y la Marina Armada. Ahora sus integrantes son exhibidos y hasta vejados y asesinados.
Concentrar la totalidad del poder público en un individuo –aunque en el caso mexicano en realidad son dos las personas que lo comparten– aquí ha resultado contraproducente, pues, en el caso de Sheinbaum, ella carga con toda las culpas y responsabilidades que, invariablemente la colocan contra las cuerdas en sus conferencias mentiñeras.
Elegir mediante acordeones a un nuevo Poder Judicial no nos convierte en el país “más democrático del mundo”, como sostiene la señora Sheinbaum. Por el contrario, coloca a ministros, magistrados y jueces en el papel de simples correas de transmisión de lo que quiere y requiere Palacio Nacional. Lo peor es que esas correas se ven débiles dada su falta de conocimientos del Derecho y hasta por su venalidad.
Defender a rajatabla una soberanía inexistente en lo alimentario y en lo energético, cuando en realidad se hace exactamente todo lo que desde Washington se sugiere, pide o hasta exige también mina la credibilidad y la confianza que la sociedad e, incluso, “el pueblo bueno y sabio” tiene sobre la institución presidencial.
El proyecto del régimen de Cuarta… es el que falla, el que no sirve, el que nos lleva hacia el desastre, sea quien sea quien lo encabece.
Cuesta abajo en su rodada
Deje o no el cargo, Sheinbaum atraviesa el peor momento de su aún temprana gestión en la encomienda que le encargó López Obrador.
La encuesta de la acreditada encuestadora Lorena Becerra para Latinus, presentada la noche del jueves anterior por Carlos Loret de Mola evidencia una vertiginosa caída en su popularidad, aun ante la llamada chairiza.
De acuerdo con estas mediciones independientes –nada que ver con las que pagan a los diarios impresos desde Palacio Nacional–, la inquilina de AMLO en Palacio Nacional, como en el tango, va “cuesta abajo en su rodad” con un incremento de 24% en su reprobación y un descenso de 21% en su aprobación en poco más de un año.
Y es que en la anterior encuesta de Becerra para este medio, la gestión de doña Claudia era aprobada por 8 de cada 10 mexicanos. Hoy no llega siquiera a 6 de cada 10.
Becerra explicó que a Sheinbaum “ya se le acabó el blindaje, de hecho lo que vemos ahora en estos datos es una señal de desgaste, no sólo desgaste de gobierno, sino también yo creo que desgaste de ser el nuevo sistema que está que está en todo el país”.
Otro dato que arrojó el estudio demoscópico de Becerra & Asociados fue que la población está dividida en porcentajes casi idénticos a favor y en contra del régimen de Cuarta… que el mayor apoyo que éste recibe es el de los beneficiarios de la pensión para adultos mayores y el menor es el de los jóvenes que supuestamente están construyendo el futuro… y que es mayor el número de quienes ya pueden sentirse tranquilos porque pueden “llegar a fin de mes”, en cuanto a sus percepciones y gastos se refiere.
Sheinbaum, pues, no está en su mejor momento. Y hacia adelante no se observa nada que pueda mejorar su situación. Por el contrario, la reprobación seguirá aumentando.
Por eso, además, es que han arreciado las voces que sugieren, piden y hasta exigen que ella abandone el papel que, como su secuaz, le asignó López Obrador en Palacio Nacional.
Indicios
El artículo 84 de nuestra vapuleada Constitución Política establece el protocolo a seguir en caso de falta absoluta (ausencia definitiva) del Presidente de la República. Dicta las reglas sobre quién asume el poder y cómo se nombra a su reemplazo según el momento del mandato en el que ocurra la ausencia. Mientras el Congreso nombra al sustituto, el secretario de Gobernación asume provisionalmente la titularidad del Poder Ejecutivo. Esta persona no podrá remover ni designar a ningún secretario del Despacho sin la autorización previa de la Cámara de Senadores. Si la ausencia ocurre en los dos primeros años del sexenio, el Congreso se constituye inmediatamente en Colegio Electoral y, por mayoría absoluta, nombra a un Presidente Interino. Además, el Congreso debe emitir una convocatoria para nuevas elecciones en un plazo no mayor a 10 días. El proceso electoral deberá realizarse en un periodo de entre siete y nueve meses, y el Presidente electo tomará posesión siete días después de concluido el proceso. Si la ausencia ocurre en los 4 últimos años del sexenio: El Congreso nombra a un Presidente Sustituto, quien se encargará de terminar el periodo presidencial. ¿Estará preparada Rosa Icela Rodríguez para asumir ese encargo en estos momentos? * * * Por hoy es todo. Como siempre, celebro que haya usted leído este Índice Político. Se lo reconozco y le deseo ¡buenas gracias y muchos, muchos días!
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