Noticias Chihuahua:
En la política local hay personajes que no distinguen entre micrófono institucional y teclado personal. Y así, como quien le pone salsa picante al café, Luis Terrazas Fraga, alias “el tomatito”, decidió sazonar las redes con un comentario que no cayó nada bien cuando habló de Andrea Chávez. Spoiler: la receta le salió amarga.
Dicen que en cocina y en redes hay que medir la sal. Pero el “tomatito” se fue directo con la cucharada sopera y terminó chamuscándose. El problema no es opinar; es hacerlo desde una silla pública y con tono que huele a falta de respeto. Y ahí es donde el aceite empezó a hervir en Palacio Municipal.
El chef en jefe de la cocina política, Marco Bonilla, no se puso el delantal para aplaudir la ocurrencia: mandó a que el Órgano Interno de Control revise la sazón del comentario y, de paso, la conducta del cocinero. Traducción al español de cantina: habrá revisión y posibles sanciones. Aquí no se premian los chistes rancios, se castigan las metidas de cuchara.
Ahora, el “tomatito” anda haciendo corajes —dicen— porque el calor subió de golpe. Y no es para menos: cuando el OIC prende el fogón, el menú suele incluir amonestaciones, suspensiones y, en platillos fuertes, la salida de la cocina pública. A ver si no se nos convierte en puré antes de que termine la jornada.
Moraleja para el recetario del servidor público: si vas a opinar, que no sea desde el sartén institucional y menos con ingredientes de mal gusto. Porque en esta cocina, el que se pasa de sal termina de guarnición. Y el “tomatito”, si no baja la flama, podría descubrir que la política no perdona a quienes confunden el picante con el veneno.
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En Chihuahua ya no se persiguen brujas: se persiguen intenciones. Si alzas la voz por una causa —la que sea—, te cae el sambenito automático: “ah, andas con Morena”. Es el déjà vu de los 60s y 70s, cuando al activista de barrio lo bautizaban “comunista” aunque lo único rojo que tuviera fuera el semáforo frente a su casa. La diferencia es que hoy Movimiento Regeneración Nacional gobierna el país, pero en lo local parece que a sus simpatizantes los tratan como gitanos políticos: errantes, sospechosos, siempre “de paso” y convenientemente marginados. O como emos incomprendidos: mucho drama ajeno proyectado en quien se atreve a incomodar.
El último episodio de esta telenovela moralista lo protagoniza Abby Irigoyen, desde el activismo de Álamo de Zazú, al señalar fallas de la Coordinación de Protección Animal del Municipio de Chihuahua. ¿La respuesta del ecosistema político? No atender el fondo del reclamo —bienestar animal, protocolos, resultados—, sino el atajo favorito: “anda sacando raja política”. El truco es viejo: si no puedes refutar el argumento, desacredita la intención.
Porque no, no hace falta militar abiertamente para que te cuelguen el gafete de “operadora”. Basta con que compartas cosas del Gobierno de México en redes o que estés en grupos de WhatsApp donde hay actores de Morena para que el detector de brujas se dispare. En Chihuahua, la sospecha es la nueva evidencia. Y la evidencia, un estorbo.
Lo más ácido del asunto es la hipocresía transversal: la “raja política” se saca por izquierda y por derecha con la misma destreza. Cuando conviene, el activismo es oportunismo; cuando estorba, es conspiración. Total, a río revuelto, ganancia de pescadores… pero los peces son las causas: seguridad, programas sociales, economía y ahora los animalitos. Todo sirve de carnada para la guerra de etiquetas.
Así vamos: en vez de debatir políticas públicas, discutimos pedigrees ideológicos; en vez de corregir fallas, cazamos “simpatías”. El mensaje es claro y mezquino: participa, pero no incomodes; exige, pero no “politices”; defiende causas, pero sin que parezca que tienes postura. Y luego se preguntan por qué el activismo se vuelve áspero. No es que los activistas “anden con” alguien; es que a la política local le molesta que alguien ande con la verdad incómoda.
MUCHA SORPRESA causó el revuelo de algunas aeronaves por el centro de la capital del estado, justo después de que el secretario de Seguridad Pública Estatal, Gilberto Loya Chávez, y el Fiscal General del Estado, César Jáuregui Moreno, declararan que Chihuahua estaba fuera del radar de la violencia por la muerte de “El Mencho”
Hubo ciudadanos que, expectantes, sacaron sus móviles y comenzaron con la toma de fotografías de la o las aeronaves que no parecían ser ni de la “Halcón” de la Policía Municipal, ni un boludo de la SSPE y lo de mayor extrañeza: ni siquiera uno de las fuerzas armadas nacionales.
Algunas versiones sostenían que se trataba de una aeronave de Estados Unidos haciendo recorridos de vigilancia y monitoreo para luego, hacer una intervención militar; otros, aseguraban que sí era un avión de la Fuerza Aérea Mexicana y hasta dieron descripción de la misma.
En fin, el ambiente se muestra tenso y expectante en un escenario que existen muchas versiones de lo que fue o de lo que habría pasado y la información oficial es escasa o confusa, por lo que habrá de esperarse una confirmación sobre la aeronave que voló los cielos de Chihuahua este lunes.








