Noticias Chihuahua:
La investigación de ZonaFree pone números sobre la mesa y abre una pregunta incómoda en la capital: ¿cómo se justifica más deuda cuando sobra dinero? En 2025, el alcalde Marco Antonio Bonilla Mendoza ejerció más de 7 mil 771 millones de pesos, casi 10% por encima de lo aprobado en la Ley de Ingresos. Es decir, el Municipio recibió alrededor de 660 millones de pesos adicionales a lo previsto, pero aun así solicitó un crédito por 645 millones para puentes vehiculares y una comandancia. La narrativa oficial habla de obra y seguridad; la realidad contable muestra ingresos excedentes y, pese a ello, endeudamiento.
El problema no es solo un año, sino el patrón: de 2022 a 2025 el gobierno municipal gastó más de 26 mil 715 millones de pesos y acumuló más de 4 mil 354 millones en ingresos excedentes, casi 20% por encima de lo proyectado. Incluso hubo recursos federales adicionales por más de 415 millones. Aun con ese margen financiero, no se registraron nuevas obras de inversión productiva durante 2025. La investigación sugiere que el debate no gira en torno a cuánto dinero llega, sino a cómo se administra: porque cuando sobra y aun así se pide prestado, lo que falta no es presupuesto, sino planeación.
Otra vez la conversación pública se nos va por el drenaje. Donde debería haber debate serio sobre lo que viene, el reflector se lo están peleando rescatistas entre sí, como perros y gatos en celo, en una guerra de egos, reclamos y acusaciones. Las críticas alrededor de El Álamo de Zazú ya no son solo sobre el trabajo con animales, sino sobre quién manda, quién representa a quién y quién “ya se vendió” al gobierno municipal en turno. Para acabarla de amolar, también andan queriendo tumbar la credibilidad de la recién creada Coordinación de Medio Ambiente y Protección Ambiental, como si fuera la villana favorita de la temporada.
Mientras tanto, vienen asuntos complicados en serio. Seguridad que se deteriora. Cambios en leyes que nadie está discutiendo con profundidad. Una crisis financiera que se asoma y que no se va a arreglar con likes ni con campañas emotivas. Pero nada de eso importa tanto como los “lomitos” y los “mininos”. Porque hoy lo que manda es lo viral. El escándalo. El pleito entre colectivos. El drama que deja buenos números en redes.
Ahora resulta que todo mundo es amante de los animales. Todos se indignan. Todos comparten. Todos exigen. Eso sí, la chuleta sigue cayendo al plato sin culpa y el problema estructural sigue sin atención. Activismo de teclado, conciencia de temporada, empatía de filtro bonito.
Entre la ola de “therians”, el morbo y la romantización del rescate, la agenda pública se convierte en un circo. Mucho ladrido, mucho maullido y poca discusión seria. Y así, entre peleas internas y escándalos virales, lo verdaderamente importante pasa de puntitas. Luego no digan que nadie avisó.
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n Morena Chihuahua ya no hay grilla: hay cocteles molotov. La militancia, “los de abajo” como les gusta llamarse cuando conviene, está en modo amotinado porque no quiere ni en pintura a Cruz Pérez Cuéllar ni a Andrea Chávez como candidatos a la gubernatura en 2027. Que porque uno representa lo viejo maquillado de guinda y la otra el manual del obradorismo acelerado, con tutorial incluido para brincar etapas. Total, que no los quieren, pero tampoco saben muy bien a quién sí.
Entonces empiezan a sacar nombres como quien baraja estampitas repetidas. Aparece Mayra Chávez, a la que convenientemente se le quiere borrar el pasado priista, como si el borrador ideológico funcionara con corrector blanco. Morena reciclando cuadros del PRI y luego preguntándose por qué huele a rancio. Una joya de congruencia.
Luego sueltan a Ariadna Montiel, que ni es de Chihuahua, pero eso qué importa: en Morena la geografía es opcional cuando hay cargo disponible. Total, el estado es grande, seguro no se nota si la candidata lo conoce por Google Maps y referencias de TikTok.
Y ya en el fondo del cajón, como cuando no queda nada decente en el refri, aparece Juan Carlos Loera. El eterno aspirante. El candidato que siempre está “listo” para perder otra vez. Morena versión deja vú: mismo nombre, mismo resultado probable, misma cara de “ahora sí va en serio”.
El problema no es solo que no quieran a Cruz o a Andrea. El problema es que no quieren a nadie, pero tampoco tienen a alguien. Morena Chihuahua parece concurso de casting donde todos audicionan para un papel que nadie cree la película. Puro pleito interno, puro fuego amigo, puro discurso de “el pueblo manda” mientras el pueblo solo ve cómo se reparten la candidatura como si fuera botín.
Y así, entre militantes encabronados, aspirantes reciclados, foráneos improvisados y candidatos que ya probaron el sabor de la derrota, Morena va construyendo su gran proyecto rumbo a 2027: desorden, egos inflados y la esperanza mágica de que el color guinda tape cualquier currículum incómodo. Luego se preguntan por qué la gente ya no distingue entre cambio y reciclaje.
añade que la eterna frase «Ellos ya se van», refiriéndose a los del PRIAN, no parece una verdad absoluta, porque a pesar de que en 2018 hubo resultados, todo lo que sube tiene que bajar. Mientras, las probabilidades parecen más solidadas para que «ellos» no se vayan, al menos en 2027, quizas más adelante sí, porque es un hecho que nada es eterno.
Va la versión afinada, con el remate político que pides, igual de burlona y mordaz:
En Morena Chihuahua ya no hay grilla: hay cocteles molotov. La militancia, “los de abajo” cuando conviene, está en modo motín porque no quiere ni en pintura a Cruz Pérez Cuéllar ni a Andrea Chávez como candidatos a la gubernatura en 2027. Que uno representa lo viejo pintado de guinda y la otra el obradorismo en versión exprés, con ascenso acelerado y manual de consignas bajo el brazo. No los quieren, pero tampoco saben bien a quién sí.
Entonces empiezan a barajear nombres como quien recicla cartón mojado. Sale Mayra Chávez, y de pronto a muchos se les olvida su pasado priista, como si la memoria partidista se borrara con una maroma discursiva. Morena rescatando cuadros del PRI y luego sorprendida de que huela a pasado. Maravillosa coherencia.
Luego aparece Ariadna Montiel, que ni de Chihuahua es, pero eso no importa cuando el mapa se vuelve decorativo y el territorio se puede gobernar por Zoom. Total, el estado se aprende rápido con un par de giras, unas selfies y dos discursos genéricos.
Y ya hasta el fondo del cajón sacan a Juan Carlos Loera, el eterno aspirante, el comodín de emergencia, el candidato que siempre está “listo” para volver a intentarlo. Morena en modo deja vú: mismo nombre, mismo libreto, mismo final probable.
Todo esto mientras repiten la frase mágica de siempre: “ellos ya se van”, refiriéndose al PRIAN, como si fuera una ley natural y no un deseo partidista. Sí, en 2018 hubo un golpe fuerte al viejo régimen, pero todo lo que sube tiene que bajar. Y hoy las probabilidades no se ven tan claras para que “ellos” se vayan en 2027. Quizá más adelante sí, porque nada es eterno, ni siquiera los proyectos que se venden como históricos. Pero por ahora, Morena parece más ocupado en pelearse consigo mismo que en construir una victoria real.
El problema no es solo a quién no quieren. Es que no tienen a quién presumir. Morena Chihuahua parece casting de reality show: muchos aspirantes, poca credibilidad y un jurado interno que se abuchea solo. Puro fuego amigo, pura tribuna moral y cero estrategia sólida. Luego se preguntan por qué la gente ya no distingue entre transformación y reciclaje.