Noticias Chihuahua:
En Chihuahua hay metas que se fijan con optimismo institucional y se rompen con la puntualidad de un reloj suizo. La más reciente: mantener los homicidios por debajo de los 25 al mes. Un objetivo ambicioso, según dijeron, casi motivacional. El detalle es que apenas vamos a 13 de enero y la ciudad ya acumula 18 desviviciones, o como se dice sin maquillaje: homicidios.
La cifra no solo prende focos rojos, sino que deja claro que la meta de la Policía Municipal, bajo el mando del comisario Julio Salas, no era un plan, sino una expresión de buenos deseos. Algo así como proponerse ir al gimnasio en enero… y no volver en todo el año.
El problema es que este déjà vu no es nuevo. A finales del año pasado tampoco se logró el objetivo mensual y, lejos de corregir el rumbo, el 2026 arrancó con prisa, como si la violencia tuviera agenda y estuviera decidida a cumplirla antes de tiempo. A este ritmo, los 25 homicidios no serán un límite, sino una escala.
Mientras tanto, los discursos oficiales siguen apostando a la estadística acomodable, a la comparación conveniente y al clásico “vamos mejor que antes”, aunque los números digan otra cosa. Porque cuando en menos de dos semanas ya se alcanzó más del 70 por ciento de la meta mensual, hablar de control suena más a acto de fe que a estrategia de seguridad.
La pregunta incómoda es inevitable: ¿qué no se está haciendo o qué se dejó de hacer? ¿Dónde fallan la prevención, la inteligencia y la coordinación? Porque si el plan era llegar con calma a los 25 homicidios en 31 días, pero la realidad los está empujando a toda velocidad, entonces el problema no es la meta… es la falta de control.
En Chihuahua, la violencia no espera comunicados ni conferencias. Avanza, suma y exhibe. Y mientras las autoridades siguen contando metas, la ciudad ya va contando muertos.
Vaya creatividad la de algunos para “defender la soberanía nacional”. En la frontera no se están reclutando soldados, se están organizando posadas tardías. Puro adulto mayor, rosca de Reyes, champurrado humeante y temperaturas bajo cero. Así fue el escenario elegido por el diputado de Morena, Cuauhtémoc Estrada, para lanzar un discurso casi épico… aunque el ejército convocado parecía más apto para una caminata matutina que para repeler una invasión extranjera.
La reunión fue en la casa de “Conchita”, en Riberas del Bravo, en Ciudad Juárez. Ambiente familiar, pan dulce, bebidas calientes y un mensaje digno de película de guerra… pero sin aplausos, sin emoción y, sobre todo, sin credibilidad. Porque una cosa es hablar de soberanía y otra muy distinta es insinuar que los presentes, muchos ya con bastón en mano, debían alistarse para defender la patria.
Todo esto, por el temor —muy de moda— de una posible intervención de Estados Unidos en territorio mexicano. Como si fuera novedad. Como si los SEALs o los marines necesitaran invitación, visa o discurso previo. Todos sabemos que entran y salen más fácil que repartidor en colonia abierta. Pero eso sí, el miedo vende… aunque sea frío y recalentado.
Lo más curioso es que el discurso del coordinador de la bancada morenista llegó tarde. Muy tarde. Porque mientras él calentaba el champurrado y la retórica, la presidenta Claudia Sheinbaum ya había levantado el teléfono, hablado con “Trumpo” y declarado que todo estaba “chido”, que no pasa nada y que la soberanía puede dormir tranquila… al menos por ahora.
Así que el llamado a filas terminó siendo eso: un intento de ganar simpatía entre la rosca y el frío, con un mensaje que nadie aplaudió y que pocos tomaron en serio. Porque cuando la política se vuelve teatro, ni aunque repartan pan dulce logran convencer al público.
En fin, cosas de la frontera. Donde la soberanía se defiende con discurso, el miedo se usa como argumento… y la realidad, como siempre, se queda esperando afuera, sin champurrado.
Siguiendo con la tragicomedia política local, hay personajes que no caben en ningún partido… pero aun así logran colarse. El caso más emblemático es el del exgobernador Javier Corral, un hombre tan poco carismático y tan poco popular en Chihuahua que solo Dios, el destino y algún comité interno de Morena saben cómo terminó siendo aceptado ahí. Porque si algo tiene Corral, es rechazo… y del bueno.
En el estado que gobernó, Corral no solo no dejó amigos, dejó anticuerpos. Panistas, priistas, morenistas y ciudadanos de a pie coinciden en algo: no lo quieren ver ni en pintura. Y por si había duda, llegó el presidente del Consejo Estatal de Morena, Hugo González, a ponerlo en palabras claras: aquí no se va a solapar a nadie. Ni a Corral, ni a ningún otro. Si cometió delitos, robo o lo que sea, que enfrente las consecuencias.
Traducido al español coloquial: ojalá lo juzguen… o mínimo que lo sienten tantito en el banquillo. Porque ni la pena perdona, pero la paciencia ciudadana mucho menos.
Corral no está solo en este viacrucis político. A su lado camina fielmente su ahijado político y ahora panista reciclado en morenista, Miguel Riggs, el único que todavía lo sigue, quizá por cariño, quizá por costumbre, o quizá porque ya no los reciben en ningún otro lado. Riggs es de esos casos que generan más pena que gloria y cuya presencia incomoda en cualquier mesa partidista.
Ambos se han convertido en una especie de fauna política en peligro… pero de extinción deseada. Apestados en todos los partidos, sin base social, sin respaldo y sin credibilidad. Y mientras Morena presume ser “la esperanza de México”, en Chihuahua muchos ya piensan que la verdadera esperanza no es ese partido… sino que de una vez por todas los expulsen de todos.
Porque hay políticos que ya no representan ideologías, ni proyectos, ni causas. Representan otra cosa: el arte de vivir del sistema, sin importar el color del logo. Y en ese rubro, Corral y Riggs ya tienen doctorado.
En fin, la política local sigue demostrando que aquí no faltan partidos… lo que sobran son vividores.
El titular de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal (SSPE), Gilberto Loya Chávez, expresó su profunda decepción por la actitud poco responsable de la actual alcaldesa de Guadalupe y Calvo, Ana Laura González Ábrego, quien ha bloqueado la instalación del subcentro Centinela en un predio que la administración municipal anterior había comprometido mediante comodato. Loya Chávez resaltó que, desde el comienzo del actual gobierno estatal, existió una colaboración fluida con el exalcalde, quien apoyó sin reservas el proyecto. En junio de 2024, el propio secretario visitó el municipio para exponer la iniciativa de establecer un centro de mando con presencia permanente de la Policía Estatal, recibiendo una respuesta positiva, y en septiembre siguiente, la Secretaría de Hacienda estatal autorizó formalmente el convenio para ceder el inmueble en la calle Oro 212, colonia Casa de Moneda, asumiendo el estado todos los costos de remodelación y operación.
Con el cambio de administración municipal, sin embargo, se presentaron trabas innecesarias que frenaron un acuerdo ya aprobado por el cabildo, afectando seriamente el avance de una infraestructura esencial para reforzar la seguridad en la región. Loya Chávez tiene toda la razón al considerar lamentable esta falta de compromiso, pues la Plataforma Centinela representa un esfuerzo estratégico y progresivo del gobierno estatal para mejorar la protección ciudadana en todo Chihuahua, y la negativa actual solo retrasa beneficios concretos para la población de Guadalupe y Calvo.








