En un golpe que reverbera como un trueno en las sierras de Michoacán, Jorge Armando “N”, conocido en los bajos fondos como “El Licenciado”, se erige como el presunto cerebro detrás del asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo Rodríguez, un crimen que el 1 de noviembre tiñó de sangre el Festival de las Velas del Día de Muertos y expuso las garras del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en la tierra de los aguacates. Detenido el 18 de noviembre en la colonia Centro de Morelia por un operativo coordinado entre el Gabinete de Seguridad federal y la Fiscalía de Michoacán, este líder de una célula criminal –afín a la hidra de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”– fungía como el arquitecto remoto del atentado, emitiendo órdenes letales desde un chat encriptado donde rugía “ultímenlo a como dé lugar”, presionando a reclutas inexpertos para que no titubearan ante multitudes ni escoltas. Con un apodo que evoca un pasado de estudios truncados o ironía cruel en un mundo de balas, “El Licenciado” coordinaba no solo extorsiones a productores y disputas por rutas de fentanilo, sino ejecuciones quirúrgicas que castigan disidencias en un estado donde el CJNG devora territorios con drones y sicarios adolescentes. Su captura, con un arsenal de un arma, cargadores, dos celulares, un vehículo y una bolsa de cristal como botín, no es mero arresto: es el clavo final en un complot que involucró a un menor de 17 años, Víctor Manuel “N”, abatido en el sitio, y a sus cómplices Fernando Josué “N” y Ramiro “N”, liquidados el 10 de noviembre en la carretera Uruapan-Paracho para silenciar cabos sueltos, un ciclo vicioso que la balística federal reconstruyó como rompecabezas sangriento.
Este “Licenciado” no opera en el vacío: como uno de los mandos medios de una facción del CJNG que infesta Uruapan con plagas de “piso” y masacres en huertos, su rol iba más allá de un sicario de teclado; era el engranaje que reclutaba a vulnerables como Ramiro –con antecedentes por armas– y vigilaba el pulso de la ciudad desde Morelia, un bastión logístico para la hidra que se disputa con Los Viagras y La Familia Michoacana el control de la “morralla verde” y los corredores de muerte sintética. Harfuch, en conferencia con el fiscal Carlos Torres Piña, detalló cómo imágenes del C5, testimonios y rastreos telefónicos –que capturaron mensajes a las 18:06 con videos de la zona del ataque y confirmaciones a las 20:15 de la ejecución– desmantelaron su red, un avance que Grecia Quiroz, viuda de Manzo y alcaldesa sustituta, celebra como “el primer paso hacia la justicia que mi esposo demandó ignorada”. Mientras el CJNG, perseguido por México y EE.UU. por miles de crímenes, ve en esta detención un diente saltado, “El Licenciado” languidece en una celda federal, enfrentando cargos que podrían encadenarlo de por vida. En las venas de Michoacán, donde alcaldes caen como frutos maduros para el narco, esta captura jura no ser el epílogo: es el rugido de un Plan por la Paz que promete desarticular células enteras, o el volcán de la indignación popular estallará en un infierno que el Mencho no apagará.






