Noticias Chihuahua:
Parece que la Dirección de Obras Públicas finalmente ha encontrado la fórmula para trabajar de manera eficiente en el recarpeteo de las calles. La estrategia de raspar y limpiar la superficie por la noche para luego dejar de trabajar y que en el día haya circulación normal y pavimentar durante la noche siguiente es un enfoque lógico que permite minimizar el impacto en la circulación vehicular. Esto es especialmente notable en proyectos como el de la calle Doce a la altura de la antigua Paz, donde la prioridad parece ser la comodidad de los ciudadanos y la fluidez del tráfico.
Es interesante ver cómo la administración actual ha adoptado una estrategia que anteriormente implementaba el exalcalde Marco Quezada. Después de casi cinco años, parece que han encontrado la lógica en trabajar de manera más eficiente, evitando tácticas como tapar baches de manera apresurada y bloqueando el tráfico. Esperemos que esta nueva estrategia sea un indicio de un cambio positivo en la forma en que se gestionan las obras públicas en la ciudad.
En Chihuahua, la ingeniería parece regirse por un principio secreto: todo lo que se puede hacer rápido, se hace eternamente lento. Así lo demuestra el nuevo proyecto de puente en la intersección de la carretera Chihuahua–Aldama y avenida Fuerza Aérea, que podría haber estado listo en diciembre de este 2025, pero que, gracias a la magia de los retrasos municipales, ahora promete ver la luz en agosto o septiembre del 2026. Es decir, 10 meses más de contemplar pilotes, grúas y polvo, como si la ciudad hubiera contratado un espectáculo de espera crónica.
El alcalde Marco Bonilla, con su mejor sonrisa de banderazo, anunció la obra de 148.8 millones de pesos, que “beneficiará a más de 350 mil chihuahuenses”. Traducido al lenguaje real: beneficiará a quienes tengan la paciencia de vivir un año extra de caos vial, mientras los demás aprendemos a calcular la edad de los semáforos y a contar los segundos que tarda un carro en moverse tres metros.
Según los expertos —o sea, los que saben de puentes y no de discursos— esta obra pudo haberse iniciado en marzo de 2025, pero entre retrasos, burocracia y probablemente algún que otro “cambio de planes creativo”, el puente se convirtió en un monumento a la incompetencia planificada. Como el de Nogales e Industrias, estos proyectos parecen competir por el título de “Obra Pública Más Lenta del Año”, un premio que, sin duda, se lleva Chihuahua con honores.
Mientras tanto, los ciudadanos se ejercitan en paciencia extrema, perfeccionan la técnica de evitar embotellamientos y desarrollan un saludable desprecio por los anuncios oficiales de obras “emblemáticas”. Porque, en esta ciudad, un puente no solo cruza carreteras… también atraviesa la lógica, el tiempo y, de paso, los nervios de los habitantes.
Si alguien decide medir la eficiencia municipal en kilómetros por año, Chihuahua quedará claramente en la categoría de “velocidad tortuga con lentes oscuros”. Y mientras el puente crece a su ritmo glacial, la ciudad observa y espera, porque aquí, la movilidad no se facilita… se promete, se posterga y se vuelve leyenda urbana.
La Facultad de Derecho de la UACH ha vuelto a demostrar que su talento no está en formar abogados… sino en humillar a sus propios estudiantes con creatividad de mal gusto. Este jueves, el edificio de Posgrado amaneció con una lona que decía “Cereso Estatal Femenil 1”, sin explicación, sin contexto y, por supuesto, sin autoridad que responda.
Mientras los alumnos denuncian acoso, hostigamiento y falta de apoyo, la institución decide que el sarcasmo público y la desorganización son parte de la formación académica. Nada como enseñar “Derecho” con un toque de absurdo visual, cortesía de quienes deberían liderar con seriedad.
El silencio administrativo grita más que cualquier explicación: la UACH se preocupa más por guardar las apariencias que por garantizar respeto y ética. Y así, entre lonas ridículas y burocracia dormida, los estudiantes aprenden la lección más importante: en Derecho, la justicia puede esperar… pero el ridículo no.






