JIRONES DE NUESTRA HISTORIA

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Por: José Luis Jaramillo Vela

 

Tres hermanos tan diferentes entre sí

Los tres nacieron en Teziutlán, Puebla en el seno de una familia humilde de nueve hijos, que procrearon Manuel Ávila Castillo y Eufrosina Camacho Bello; Maximino, el mayor de todos, nació en 1891; Manuel, de en medio, nació en 1896 y Rafael, el menor de la familia, nació en 1904. De los nueve hermanos, hablaremos de estos tres, que fueron los que destacaron de la familia y destacaron de manera tan importante, que dejaron su huella marcada en su tiempo, tanto como militares en el Ejército Nacional, como en sus actividades dentro de la política; Manuel y Rafael para bien y Maximino para mal.

Desde niños, todos ellos arrieros, cada uno de estos tres hermanos comenzó a mostrar sus diferentes personalidades. Maximino era arrogante, prepotente, bravucón, arrebatado, se burlaba de manera cruel de sus demás hermanos, principalmente de Manuel, a quien se refería como “gordo inútil” y “bola de sebo con ojos”; cuando de niños, Maximino decía que él iba a tener mucho dinero, muchas novias y que sería Gobernador de Puebla y Presidente de México; sus padres, tratando de aterrizar un poco al acelerado chaval, le decían que eso era muy difícil y más para su condición humilde, Maximino refutaba diciéndoles siempre, que “el que se me ponga enfrente se las verá conmigo”, quedando todo en simples bravatas infantiles, al menos así lo consideraban sus padres y hermanos.

Por su parte Manuel, quien era un tanto rellenito y cachetón, tampoco era el niño gordinflón del que exageradamente se burlaba su hermano Maximino; Manuel tenía un carácter serio, hablaba poco, pero cuando lo hacía, era de una manera que todos lo escuchaban, era un negociador nato y hábil, cualquier asunto siempre trataba de solucionarlo hablando y negociando, “por las buenas”, porque sus hermanos también sabían que Manuel “por las malas”, podría ser peor que Maximino; cuando se suscitaba un problema entre hermanos o dentro de la familia, siempre intervenía Manuel con una madurez que no era propia de su edad y utilizando la frase “vamos a verlo de esta manera”, se abocaba a buscarle

solución al asunto, después el jovencito Manuel acuñó la frase que lo acompañó toda su vida: “Es palabra dada, se tiene que cumplir”, frase a la que siempre honró.

Finalmente, el menor, Rafael Ávila Camacho, su carácter era muy inquieto y vivaracho, se dice que era muy apegado a su hermano Manuel, quien lo defendía de Maximino el mayor, de quien se dice gustaba de golpear al pequeño Rafael, quien era muy observador, analítico y eso le daba la pauta para decidir si intervenir o no en determinados asuntos o circunstancias, pensaba muy bien antes de actuar.

 

El ejército, la familia y la política

En 1905, a la edad de catorce años, animado por uno de sus tíos, Maximino Ávila Camacho ingresa al Colegio Militar y se convierte en Subteniente del Ejército Federal, pronto la situación económica de la familia Ávila Camacho se vió fortalecida con el aporte de Maximino; el siguiente en ingresar al Colegio Militar fue Manuel y por último Rafael; ya con tres militares en la familia, aportando para el sostenimiento del hogar, la situación mejoró notablemente para la familia Ávila Camacho.

Para 1917, los hermanos Maximino, Manuel y Rafael Ávila Camacho eran ya unos militares en toda la línea, se ayudaban mutuamente en sus carreras, habían establecido una sólida amistad con el entonces Capitán Lázaro Cárdenas del Río, pero además se habían dado cuenta de que los tres poseían enormes cualidades para relacionarse en el mundillo de la política; aunque también ya era del dominio público y pesaba sobre Maximino la traición a Madero, al haberle solicitado cobijo y después traicionarlo uniéndose a Victoriano Huerta. Otro punto negro para Maximino, era el hecho de que ya sobre el escritorio del Presidente de la República, General José Venustiano Carranza de la Garza, estaban las quejas de varios Generales acerca de la excesiva e innecesaria brutalidad del Capitán Maximino Ávila Camacho, principalmente después de las batallas.

Aún así, los hermanos Ávila Camacho continuaron con su carrera militar, ingresaron de lleno a la política del brazo de Lázaro Cárdenas, al amparo de los Generales Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles; así fueron escalando posiciones políticas y ascensos militares. Hasta este punto, todavía los tres hermanos se apoyaban y se mantenían unidos para impulsar sus respectivas carreras.

 

La Guerra Cristera, Maximino se convierte en un monstruo

Durante los gobiernos de Adolfo de la Huerta y Álvaro Obregón, el país vivió en relativa calma y los hermanos Ávila Camacho se dedicaron a fortalecer y ampliar sus relaciones políticas y militares; el 1 de diciembre de 1924, asume la Presidencia de la República, el General Plutarco Elías Calles y se avizoran tiempos difíciles debido al odio radical de Plutarco hacia la Iglesia Católica, odio que se convirtió en la famosa “Ley Calles”, que dio origen a la Guerra Cristera en 1926.

Durante la Guerra Cristera, los tres hermanos Ávila Camacho combatieron a los Cristeros en las filas del Ejército Mexicano; el Teniente de Caballería Rafael Ávila Camacho, fue asignado al 38° Regimiento de Caballería con sede en Sayula, Jalisco, el cual estaba al mando de su hermano Manuel, bajo cuyas órdenes participó en al menos treinta y cinco batallas y acciones de guerra contra los Cristeros en Colima, Jalisco y Michoacán; obtuvo su ascenso a Capitán Segundo de Caballería, al comandar la aprehensión de los Cristeros de Colima que se habían rendido a su batallón que comandaba.

La estrategia que utilizaba el Coronel Manuel Ávila Camacho, fiel a su estilo, antes de abrir fuego contra los Cristeros, era la de ir personalmente a tratar de dialogar, buscando la rendición pacífica y evitar el derramamiento de sangre; mientras tanto, ya llegaban por todos lados las noticias de las atrocidades de su hermano el Coronel Maximino Ávila Camacho, quien arrasaba, saqueaba e incendiaba todos los pueblos por donde pasaba, además de no tomar prisioneros, puesto que a todos los fusilaba o simplemente los asesinaba.

En abril de 1928, el Capitán Segundo Rafael Ávila Camacho es asignado al 51° Regimiento de Caballería con sede en León , Guanajuato, al mando de su otro hermano, el Coronel Maximino Ávila Camacho; Rafael no estaba nada contento con ponerse bajo el mando de su hermano Maximino, por estar en desacuerdo con sus prácticas de guerra, sin embargo, debía obedecer las órdenes superiores; bajo el mando de su hermano Maximino, Rafael Ávila Camacho peleó en veinte batallas contra los Cristeros, ahí vió y vivió Rafael la brutalidad de su hermano Maximino y el monstruo en que se había convertido, al arrasar, saquear e incendiar pueblos enteros y asesinar personas por el solo hecho de ser católicos; Rafael vio como su hermano Maximino se hizo de miles y miles de pesos en dinero, joyas, ranchos y terrenos que les quitó a tanta gente, para después asesinarlos.

Tanto el Secretario de Guerra y Marina, General Joaquín Amaro, como el Presidente de la República, General Plutarco Elías Calles le perdonaban todos sus abusos a Maximino Ávila Camacho, pues en sus aberrantes acciones, en sus saqueos y en sus asesinatos, estos veían reflejado su inmenso odio hacia la Iglesia Católica.

 

De la mano de Lázaro Cárdenas

Al finalizar la Guerra Cristera, se comienza a resquebrajar la relación entre Maximino Ávila Camacho y sus hermanos Manuel y Rafael, que de por sí ya era endeble debido al carácter abusón de éste, que comenzó a agrietarse más, cuando él y Manuel obtuvieron su grado de Coronel casi al mismo tiempo, siendo que él llevaba unos cinco o seis años más en la milicia, sintió envidia por eso; la grieta se hizo más profunda, cuando al terminar la Guerra Cristera en 1929, el ahora Secretario de Guerra y Marina, General Plutarco Elías Calles, ascendió al grado de General a Maximino y a Manuel, a Rafael lo ascendió a Capitán Primero, generando de nuevo la envidia de Maximino, quien ya no dudaba en burlarse públicamente de sus hermanos, principalmente de Manuel.

Lázaro Cárdenas, gran amigo de los Ávila Camacho, en 1928 ya era Gobernador Constitucional de Michoacán y les ofreció la plaza de Jefe Militar de Michoacán; Maximino la rechazó con desdén, se le hizo poca cosa; Manuel, quien estaba por ser nombrado Director del Colegio Militar, arregla con Lázaro Cárdenas para que la plaza sea de su hermano menor Rafael, quien agradecido sí aceptó el cargo, que en realidad no es cualquier cosa y tiene su peso no solo militar, sino político.

La carrera política y militar de Lázaro Cárdenas era vertiginosa, en 1920, con apenas veinticinco años, ya era General de División y Gobernador Interino de Michoacán, en 1928, en plena Guerra Cristera es electo Gobernador Constitucional de Michoacán, ahora en 1930, aún siendo Gobernador en funciones, es designado Presidente del Partido Nacional Revolucionario (actual PRI) y de la mano de él iban los Ávila Camacho; teniendo el control de su partido, le ofrece una Diputación Federal a Maximino Ávila Camacho, quien se encontraba disfrutando su botín de guerra en su criadero de toros y caballos de La Condesa

En 1933, Cárdenas es nombrado Secretario de Guerra y Marina por el Presidente, General Abelardo L. Rodríguez; Cárdenas nombra al General Manuel Ávila Camacho como Subsecretario de Guerra y Marina, a su hermano el ya Coronel Rafael Ávila Camacho como Director del Colegio Militar, mientras Maximino continúa como Diputado Federal, haciendo todavía más profunda la grieta con sus hermanos, pues al estar ellos dentro del gabinete presidencial, estaban

en la órbita del Presidente y él continuaba siendo diputado por el apoyo de Cárdenas, la envidia y su mala sangre le corroían por completo.

Para 1934, el General Lázaro Cárdenas es electo Presidente de la República y sus amigos los Ávila Camacho van en ese barco; el General Manuel Ávila Camacho es nombrado como nuevo Secretario de la Defensa Nacional, su hermano el Coronel Rafael Ávila Camacho es designado como Subsecretario de la Defensa Nacional, mientras Maximino aún era Diputado Federal; Maximino, molesto por esa situación, tiene la osadía de reclamarle al Presidente Cárdenas la gubernatura de Puebla para él; Cárdenas le dice que será el bueno, pero debe esperar a las elecciones intermedias porque hay un Gobernador en turno y además él debe terminar su legislatura; pero Maximino siguió haciendo ruido, entonces probó el poder presidencial, fue desaforado y corrido del Poder Legislativo y en su lugar entró su suplente; ante la vergüenza del desafuero, no le quedó de otra que esperar tiempos.

 

Maximino Ávila Camacho Gobernador de Puebla… el peor que hayan tenido

El 1 de febrero de 1937, el General Maximino Ávila Camacho asume como Gobernador Constitucional del Estado de Puebla, su amigo el Presidente Lázaro Cárdenas, a pesar de sus desplantes le había cumplido; Maximino en vez de ponerse a trabajar desde su primer día, fue a burlarse de sus hermanos a la misma Secretaría de la Defensa Nacional: “Ahora sí, pinche albóndiga con patas, ya soy el Gobernador de Puebla y de ahí a la Presidencia de la República, pinche gordo”; su hermano Manuel solo se le quedó viendo y sonrió, mientras que su otro hermano, Rafael ordenó a un pelotón de soldados echarlo a la calle.

Al día siguiente, el Secretario de la Defensa Nacional, General Manuel Ávila Camacho retira al Jefe Militar de Puebla y a todos los soldados del Estado; el Subsecretario, su hermano Rafael llama al Gobernador de Puebla y le sentencia: “Por órdenes del General Secretario se ha retirado a la totalidad del personal militar de tu estado, estás solo, en caso de que te brote la violencia te las arreglas como puedas, no existe oficio, esta es tu notificación oficial”, acto seguido colgó la llamada.

El gobierno de Maximino Ávila Camacho en el Estado de Puebla, fue desastroso, implantó el machismo como institución patriarcal, a través del postulado “Masculinidad y Revolución”; gobernó no con mano dura, sino durísima, con asesinatos de disidentes, juicios sumarios a criminales, despojos y un sinfín de arbitrariedades y abusos; con un profundo y feroz anti comunismo, desterró de Puebla a todos los izquierdistas, no permitió ningún solo movimiento social en el Estado y mantuvo a Puebla fuera de las transformaciones sociales que se impulsaron en el resto del país. El mismo Secretario de Gobernación Ignacio García Téllez tuvo que intervenir ante el creciente número de quejas en contra del Gobernador de Puebla Maximino Ávila Camacho por los malos tratos y golpizas no solo a su esposa, sino a las decenas de amantes que tenía por todos lados; además muchas damas de la alta sociedad poblana se quejaban ya de los acosos del Gobernador, so pena de quedar viudas si no accedían cuando menos a un “acostón” con él. Se rumoró que el Secretario de Gobernación le dejó claro que de seguir causando problemas al Presidente Cárdenas, quien podría quedar viuda sería su esposa. Con una plática tan convincente como ésta, Maximino mesuró sus conductas sociales, pero nunca ablandó ni su mano ni su corazón. Maximino Ávila Camacho está considerado junto con Manuel Bartlett Díaz, como los dos peores gobernadores en la historia de Puebla.

 

La silla que terminó por dividirlos: la Silla Presidencial

El gobierno del Presidente Lázaro Cárdenas estaba por concluir, se desataba la caballada y el Partido de la Revolución Mexicana (PRM, actual PRI) se preparaba para seleccionar al candidato presidencial; por supuesto que el General

Maximino Ávila Camacho ya estaba más que apuntado, quería ser Presidente de México y comenzó a hacer acercamientos y los amarres necesarios con diferentes grupos. En 1940, el PRM anuncia que su candidato a la Presidencia de la República será el Secretario de la Defensa Nacional, General Manuel Ávila Camacho, el pobre de Maximino sintió que le daba la chiripiorca y se le salía el alma del cuerpo y enfurecido inició una campaña sucia contra su hermano Manuel.

Maximino francamente daba pena, al más puro estilo Noroña, chillaba y despotricaba en los medios de comunicación, argumentando que él merecía la candidatura por “primogenia”, es decir simplemente por ser mayor que Manuel, a quien se refería como “un gordo inútil y tonto”, o como “una bola de sebo con ojos”, también le decía “albóndiga con patas”, en general, lo hacía ver como un tipo débil e inútil; el propio gobierno pidió a los medios retirar toda cobertura a Maximino. Por esos días Maximino se desapareció una semana, todos pensaron que se había ido de vacaciones, pero no, después de esa semana apareció tan suave como una seda; rumores que nunca se confirmaron, aseguraron que sufrió un levantón ordenado nada menos que por el Subsecretario de la Defensa Nacional, Coronel Rafael Ávila Camacho, su hermano.

 

El Presidente, el hermano incómodo y el hermano leal

Cuando Manuel Ávila Camacho es electo como presidente, Maximino estaba seguro de que su hermano le daría una secretaría de Estado, para desde ahí comenzar él a trabajar su candidatura para el siguiente gobierno; sin embargo, los días pasaban, los nombramientos del próximo gabinete se daban a conocer y no aparecía Maximino, quien en uno de sus arranques llegó a las oficinas del partido y así, delante de los ahí presentes le reclama a su hermano “quihubo pinche albóndiga, ¿y mi secretaría?”, Manuel, quien estaba con un grupo de personas, lo voltea a ver con una mirada de hielo, hace un ademán y todos desalojan el salón, quedando únicamente Manuel, su secretario personal y Maximino; entonces Manuel camina despacio hasta Maximino, quien retrocede un poco, una vez frente a frente, Manuel le dice en un tono sereno pero severo: “¿cuál secretaría, cabrón?”.

Maximino duda, retrocede un poco, acaba de sentir el poder presidencial de su hermano, vuelve a dudar y balbuceando le dice que él esperaba ser contemplado en el gabinete, para después ser el próximo presidente; Manuel ordena a su secretario: “haz pasar al nuevo alcalde de la Ciudad de Puebla”, apareciendo tras del secretario el Coronel Rafael Ávila Camacho en impecable uniforme militar y con su característico fuete en la mano; Maximino palideció, su semblante mostró miedo al ver acercarse a su otro hermano blandiendo su fuete; “¡Siéntate!” le ordenó Manuel para enseguida decir “Veamos la situación y dejémosla en claro; te queda más de un año como Gobernador de Puebla, te vas y comienzas a componer todo el desastre que tienes allá, Rafael se va como Alcalde de Puebla, él se va a encargar de que hagas lo conducente para que cierres bien tu período y no me causes problemas, después, yo no te prometo nada, no voy a empeñar mi palabra contigo”.

 

El asalto a una Secretaría

Antes de asumir la Presidencia, Doña Eufrosina Camacho Bello reunió en su casa de Teziutlán, Puebla a sus ocho hijos vivos (Eulogio había sido asesinado), a todos les pidió apoyar en todo momento a Manuel en su gobierno; a Maximino le soltó tremendo regaño, a Manuel le pidió proteger a todos sus hermanos y ubicar a Maximino en una posición desde donde pudiera buscar su candidatura; “Tiene mi palabra madre, todos ustedes estarán bien, Maximino tendrá su lugar, dependerá de él y solo de él buscar su candidatura, porque no es él a quien yo deseara entregarle el poder”.

En 1941, el Presidente Manuel Ávila Camacho da un golpe de timón para fortalecer su gobierno, estaba enfrentando una crisis con el Führer Adolfo Hitler por el hundimiento de varios buques petroleros mexicanos, por lo que ante la inminente posibilidad de declarar la guerra, sustituye al Secretario de la Defensa Nacional, General Pablo Macías Valenzuela por su amigo el ex Presidente, General Lázaro Cárdenas, quien acepta el encargo; también decide sacar de su gobierno a algunos colaboradores de tendencia comunista, entre ellos el Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, Jesús de la Garza y para sustituirlo, ya había pensado en su hermano Maximino.

Algún funcionario desleal y lambiscón fue con el chisme a Maximino de que en septiembre sería el movimiento, Maximino, quien ya había entregado la gubernatura de Puebla, no se quiso esperar dos meses, tal vez pensando que su hermano podría cambiar de opinión, así es que decidió él mismo tomar por asalto la Secretaría, a donde se presentó en su uniforme de General, entró al despacho del Secretario Jesús de la Garza (quien aún no sabía que iba a ser removido) y a punta de pistola, gritos, golpes y empujones lo obligo a juntar todas sus cosas, ante los gritos de secretarias y personal ahí presente; Maximino corrió al desdichado funcionario: “¡De todos modos tú ya te ibas a ir cabrón, por comunista, pues que sea de una vez hijo de la ch……, yo soy el nuevo Secretario!”

Las alarmas sonaron en Palacio Nacional, el Presidente Ávila Camacho estaba en una reunión cuando le informaron que su hermano Maximino estaba iniciando un golpe de Estado en la SCOP, de inmediato el lugar se llenó de policías y militares, mientras Maximino tomó el teléfono para llamar al Presidente e informarle de su graciosada, según los testimonios, Maximino le llamó y le dijo: “Quihubo albóndiga desgraciada, habla tu hermano, ya estoy aquí como nuevo Secretario, nomás haz mi nombramiento”; el General Lázaro Cárdenas le dice que el Presidente lo espera en Palacio Nacional y Maximino accede gustoso, él piensa que va por su nombramiento.

Al llegar es pasado a una salita, según las crónicas, minutos más tarde entran el Presidente Ávila Camacho y su secretario privado, el General Lázaro Cárdenas y detrás de ellos el recién ascendido a General de División, Rafael Ávila Camacho, con su inseparable fuete en la mano; Maximino palideció, era evidente el temor que le tenía a su hermano Rafael; el Presidente, sereno pero con la ira reflejada en su rostro le dice: “Pinche malagradecido, serás el próximo Secretario de Comunicaciones, pero hasta septiembre, a mis formas y a mis tiempos y solo porque se lo prometí a nuestra querida madre; mientras, vas a tener dos meses para pensar muy bien la forma en que te vas a conducir”, para enseguida retirarse. Más tarde salieron los dos generales y Maximino, según testigos que los vieron salir de ahí, Maximino se quejaba al caminar, por lo que supusieron fue golpeado ahí adentro.

Durante los siguientes dos meses no se supo nada de Maximino, hasta el 29 de septiembre de 1941, día en que fue nombrado nuevo Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas; regresó con una actitud muy diferente.

 

Maximino, su triste final lleno de sombras y dudas

El desempeño de Maximino como Secretario de Comunicaciones fue bueno, cumplió con todos los proyectos de su hermano y ordenó construir y conectar a su natal Teziutlán, Puebla, con la carretera Puebla – Xalapa – Veracruz; desde un principio Maximino trabajó para construir su camino a la Presidencia de la República buscando suceder a su hermano, de modo que para 1945, solo se perfilaban dos aspirantes serios para suceder a Manuel Ávila Camacho: Miguel Alemán Valdés y Maximino Ávila Camacho, por lo que en 1945 presenta su renuncia para dedicarse de lleno a buscar su candidatura; sin embargo Maximino había sembrado muchos enemigos que ahora se vengaban negándole su apoyo

Fiel a su estilo, Maximino se dedicó a denostar a su oponente, todos los días aparecían en la prensa y la radio, adjetivos como facineroso, asesino, mafioso, traidor, etc, en contra de Miguel Alemán; un día se le acercó otro igual que él, el temido, temible y poderoso General Gonzalo N. Santos para decirle a Maximino que si bien no estaba prohibido por la ley que un hermano sucediera a otro, políticamente sí era completamente incorrecto; Maximino enfureció, Santos le

estaba pidiendo renunciar a la candidatura, entonces furioso le dijo a Santos: “¡Ya sé que andas regenteando la campaña del mafioso de Alemán, dile que donde lo encuentre lo voy a matar!”

Poco a poco Maximino leyó el panorama y se dio cuenta de que no le iba a ser posible alcanzar la candidatura, para colmo de males ya se había publicado en la prensa su amenaza de muerte a Alemán y muy probablemente eso selló su destino; días después, en Atlixco, Puebla asistió a una comida organizada por la CROC, la FROC y otros sindicatos; se cree que ahí fue envenenado, pues dijo que se sentía mal y al regresar a su casa falleció.

Sobre su muerte, nunca se abrió ninguna investigación, no se le practicó la autopsia y tampoco existió nunca ningún acta o certificado de defunción; las dudas florecieron, ¿quién mató a Maximino?, ¿alguno de sus múltiples enemigos políticos y personales?, ¿fue un crimen de Estado ordenado por su hermano para mantener la estabilidad política del país?, ¿fue su opositor?, ¿fue su partido?, dudas que jamás se esclarecieron y le dieron un triste cerrojo a la vida de este singular personaje.

 

Para concluir

+ Manuel Ávila Camacho ha sido el único Presidente de México que cumplió con todos y cada uno de sus ofrecimientos de campaña que hizo a lo largo y ancho del país; se le conoce como “El Presidente Caballero”.

+ Los Ávila Camacho son los únicos en la historia de México que a un mismo tiempo tuvieron un integrante al frente de los tres niveles de gobierno: Manuel, Presidente de la República; Maximino, Gobernador de Puebla y Rafael, Alcalde de la Ciudad de Puebla.

+ Maximino Ávila Camacho está considerado como el peor gobernador de Puebla, en cambio su hermano Rafael es considerado el mejor que han tenido.

+ Maximino murió en 1945; Manuel en 1955 y Rafael en 1975. Manuel y Rafael como Generales de División y Maximino como General Brigadier.

“Es palabra dada, se tiene que cumplir” .- General de División Manuel Ávila Camacho, ex Presidente de México.

 

Referencias Bibliográficas:

+ lostorosdanyquitan.com

+ historiamexicana.colmex.mx

+ plumaslibres.com.mx

+ youtube.com

+ e-consulta.com

+ entresemana.mx

+ gw.geneanet.org

+ es.wikipedia.org

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