Chihuahua.- Lo que durante meses fue un discurso de exigencia por el cierre de la frontera estadounidense terminó convertido en una carta de elogios al Gobierno federal. La Unión Ganadera Regional de Chihuahua (UGRCh), encabezada por Álvaro Bustillos Fuentes, sorprendió al enviar una misiva a la presidenta Claudia Sheinbaum para agradecerle su «liderazgo» por la reapertura gradual de la exportación de ganado, dejando atrás cualquier reclamo por las millonarias pérdidas que enfrentó el sector.
El documento, fechado el 24 de julio, llama la atención no por anunciar la reapertura —que ya era pública—, sino por el tono utilizado. Durante siete párrafos predominan los reconocimientos, las felicitaciones y los agradecimientos hacia la Presidenta y funcionarios federales, sin una sola referencia a los meses de incertidumbre, a los productores que absorbieron pérdidas económicas o a las consecuencias que dejó el cierre de la frontera.
El contraste resulta inevitable. Durante la crisis, los propios ganaderos advertían sobre corrales saturados, costos crecientes por alimentación, animales perdiendo valor comercial y una industria que veía frenada una de sus principales actividades económicas. Ahora, una vez anunciada la reapertura, la dirigencia ganadera parece dar vuelta a la página sin exigir responsabilidades ni plantear mecanismos de compensación para quienes soportaron el golpe.
Más aún, la carta transmite la impresión de que el cierre fue simplemente un obstáculo superado gracias al «liderazgo» del Gobierno federal, cuando para miles de productores representó una crisis que pudo haberse contenido con una respuesta sanitaria más rápida y eficiente.
Ni una línea aparece dedicada a cuestionar por qué se llegó a ese escenario, qué errores permitieron que se suspendieran las exportaciones o quién responderá por las pérdidas acumuladas durante meses. El mensaje opta por el reconocimiento absoluto en lugar de la exigencia.
La postura también marca distancia con el papel que históricamente ha desempeñado la Unión Ganadera Regional de Chihuahua, una organización que tradicionalmente ha defendido con firmeza los intereses de los productores, incluso frente a gobiernos de cualquier color político cuando las decisiones federales afectaban al campo. En esta ocasión, el tono institucional cedió paso a una carta que muchos interpretarán más cercana al agradecimiento político que a la representación de un sector golpeado.
Porque la reapertura de la frontera no es un favor. Es el restablecimiento de una actividad económica que nunca debió permanecer detenida durante tanto tiempo. Celebrar que finalmente se recupera una condición normal, mientras se omite el costo que pagaron los ganaderos, difícilmente puede considerarse una victoria completa.
La pregunta que queda en el aire es inevitable: ¿quién defenderá ahora a los productores que durante meses exigieron soluciones, si su principal organismo de representación decidió cambiar las exigencias por los aplausos? Para muchos ganaderos, la reapertura representa un alivio; para otros, la carta simboliza algo distinto: que, al menos desde la dirigencia, las cuentas pendientes con el Gobierno federal parecen haber quedado perdonadas antes de ser saldadas.






