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La alcaldesa de Meoqui, Miriam Soto, no se conforma con terminar su gestión. Ahora se registra en la app del PAN en búsqueda de una candidatura a diputada local rumbo al 2027. El movimiento, que ha circulado en círculos panistas, deja ver más ambición personal que continuidad en el municipio que gobierna.
Soto llegó prometiendo resultados cercanos a la gente, y en algunos rubros (obras menores, apoyos sociales) ha entregado. Sin embargo, su registro en la plataforma digital del partido para brincar a una curul local genera dudas; la alcaldía parece ser solo un escalón en su carrera.
Esto también expone una realidad incómoda: muchos ediles y alcaldes panistas usan sus cargos como trampolín, dejando pendientes y proyectos a medias cuando llega la oportunidad de “subir”.
Meoqui merece gobernantes que terminen sus periodos con resultados sólidos, no que los usen como plataforma electoral. Miriam Soto tiene derecho a aspirar a más, pero su timing genera dudas sobre su compromiso real con los meoquenses.
La comunidad de artistas de Chihuahua volvió a demostrar que los debates más intensos ya no ocurren únicamente en auditorios o foros, sino también en las redes sociales. Bastó que el escritor Jesús Chávez Marín publicara una crítica dirigida a Gustavo Macedo «Guso», por el supuesto abandono hacia los escritores, para que decenas de artistas, promotores y creadores aprovecharan el momento para expresar inconformidades que, aseguran, llevan años acumulándose. Sin embargo, la discusión tomó un giro inesperado cuando la publicación desapareció horas después sin explicación, alimentando especulaciones y dejando más preguntas que respuestas sobre los motivos detrás de su eliminación.
Más allá del mensaje original, el episodio dejó en evidencia que el sector artístico atraviesa un momento de efervescencia justo cuando el ambiente político comienza a calentarse. No pasa desapercibido que diversas voces del ámbito artístico han intensificado sus posicionamientos mientras también salen a relucir afinidades y cercanías con distintos actores o personajes, una coincidencia que inevitablemente despierta lecturas y suspicacias. Al final, la gran incógnita sigue siendo la misma: ¿por qué desapareció aquella publicación? Tal vez fue una decisión personal o quizá simplemente se optó por bajar el tono a una discusión que terminó generando mucho más impacto por lo que dejó de verse que por lo que originalmente decía.
En el municipio de Jiménez, al parecer la protección de la niñez también tiene horario de oficina. Tras la desaparición del DIF municipal en Jimenez, la atención de los casos familiares quedó en manos del vecino municipio de Camargo, pero ni eso ha sido suficiente para atender una situación urgente: dos menores permanecen prácticamente en el abandono debido a que su madre presuntamente enfrenta problemas de adicciones. Desesperada, la abuela materna ha buscado apoyo para que los niños sean resguardados, pues asegura que con frecuencia permanecen solos durante el día e incluso por las noches. La respuesta que ha recibido es que el personal está de vacaciones y que el caso podrá revisarse hasta el próximo lunes. Ojalá los tiempos de la burocracia coincidan con los de la realidad y los menores sigan a salvo para entonces, porque mientras las oficinas descansan, la infancia desprotegida no puede darse ese lujo.
En la política mexicana existe un deporte nacional que la llamada Cuarta Transformación ha perfeccionado: anunciar primero y explicar después… o nunca. Esta semana volvió a quedar demostrado con las supuestas Casas del Bienestar en Aquiles Serdán. Bastó que el rumor comenzara a circular para que decenas de personas preguntaran cómo inscribirse, dónde registrarse y cuándo empezarían las obras. El único problema es que no había obras, no había permisos y, según la propia alcaldesa Teresa Erives, tampoco existe autorización alguna para construirlas.
Lo grave no es únicamente el desmentido. Lo preocupante es que una vez más son los ciudadanos quienes terminan pagando el costo de una comunicación oficial deficiente, de anuncios adelantados o de versiones que nadie se preocupa por aclarar hasta que el problema ya explotó. Mientras tanto, familias que realmente necesitan una vivienda hacen filas, preguntan, reúnen documentos y alimentan una esperanza que simplemente no existe.
No es la primera vez que ocurre. Los programas del Bienestar se han convertido, con demasiada frecuencia, en una fábrica de expectativas. Primero aparecen los anuncios espectaculares, las conferencias, las promesas y las publicaciones en redes sociales; después llegan las aclaraciones, los requisitos, las listas de espera o, peor aún, los desmentidos. La propaganda viaja en avión; la información oficial llega caminando.
Resulta paradójico que un gobierno que presume estar del lado del pueblo permita que miles de personas vivan entre rumores y desinformación. La necesidad de una vivienda no puede utilizarse como combustible para la promoción política ni como herramienta para mantener viva la ilusión de que todo está resuelto. Quien busca una casa no busca un discurso; busca certezas.
En Aquiles Serdán la respuesta fue clara y contundente: el Ayuntamiento no ha otorgado permisos y no existe autorización para desarrollar ese proyecto. Más claro, imposible. Sin embargo, el daño ya estaba hecho porque la duda ya había recorrido colonias y comunidades mucho antes de que llegara la verdad.
Al final, el Bienestar vuelve a tropezar con el mismo problema de siempre: vender expectativas antes de construir realidades. Porque las casas pueden esperar, los permisos pueden tardar y los proyectos pueden cambiar, pero jugar con la esperanza de quienes más necesitan un patrimonio debería ser algo que ningún gobierno, por muy transformador que se diga, tendría permitido hacer.






