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Las Jornadas Culturales de la Revolución en el Norte de México son actividades que se realizan anualmente por el Centro INAH Chihuahua a través del Museo de la Revolución en la Frontera de Ciudad Juárez. Durante 2025 se llevaron a cabo la XI edición, enfocándose en esta ocasión sobre las experiencias, memorias y resistencias que han configurado la vida en la frontera norte.

Las actividades iniciaron durante el mes de octubre, con una programación que se desarrolló a lo largo de varias semanas y que combinó exposiciones, conversatorios y espacios de diálogo público. Como tema principal: «Mujeres indígenas en la frontera: Organización, liderazgo y persistencia cultural», esta edición planteó un eje claro; colocar en el centro las experiencias de las mujeres indígenas en la frontera, reconociendo su papel en los procesos históricos y sociales que atraviesan el norte del país.
Su eje más sólido fueron las voces de las mujeres que participaron en los distintos espacios de diálogo. A través de sus testimonios, esta edición permitió comprender que la Revolución Mexicana y sus consecuencias no son únicamente un tema del pasado, sino una herencia histórica que sigue manifestándose en los desplazamientos, las desigualdades y las formas de organización comunitaria que hoy atraviesan la frontera.
Las mujeres que tomaron la palabra compartieron experiencias marcadas por la migración forzada, la discriminación y la violencia estructural, pero también por la capacidad de adaptación, el trabajo colectivo y el liderazgo comunitario. En sus relatos, la frontera aparece como un espacio complejo: un territorio de llegada que implica rupturas con el lugar de origen, pero que también ofrece la posibilidad de reconstruir redes, identidades y prácticas culturales que permiten sostener la vida cotidiana en contextos adversos.
Durante estos espacios de diálogo, mujeres como Diana Lozano, integrante de la comunidad chinanteca, y Rosalinda Guadalajara, de origen rarámuri, expusieron las dificultades que enfrentan al migrar hacia ciudades fronterizas, así como las múltiples formas de discriminación y violencia estructural que persisten en estos territorios. Al mismo tiempo, sus intervenciones pusieron énfasis en la capacidad de las mujeres indígenas para organizarse, sostener redes comunitarias y preservar sus saberes culturales en entornos marcados por la desigualdad.
Las voces compartidas a lo largo de las jornadas coincidieron en señalar que la frontera no debe entenderse únicamente como espacio de tránsito o ruptura, sino como territorio donde se reconstruyen identidades y se generan nuevas formas de pertenencia. En este contexto, las mujeres indígenas desempeñan un papel central en la transmisión de la lengua, las tradiciones y las prácticas comunitarias, así como en el ejercicio de liderazgos que fortalecen el tejido social.
Uno de los aportes más relevantes de esta edición fue evidenciar que la organización comunitaria constituye una forma cotidiana de resistencia. A través del trabajo colectivo, el cuidado mutuo y la defensa de derechos, las mujeres indígenas han creado estrategias para enfrentar contextos adversos sin renunciar a su identidad ni a su memoria cultural.
Como conclusión, esta XI edición reafirmó la importancia de generar espacios culturales que prioricen la escucha y el reconocimiento de las voces comunitarias. Al dar lugar a los testimonios de las mujeres indígenas, este tipo de actividades no solo contribuyeron a la divulgación histórica, sino que también promovieron una reflexión crítica sobre los desafíos actuales de la frontera y sobre la necesidad de construir memorias más inclusivas, donde las experiencias de organización, liderazgo y persistencia cultural ocupen un lugar central.







