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La promoción denominada “Que Bonilla es Chihuahua”, realizada el sábado pasado en la glorieta de la Diana Cazadora y presentada por sus organizadores como una actividad “exclusivamente ciudadana”, terminó desarrollándose bajo una sombra de dudas luego de que asistentes identificaron la presencia de funcionarios municipales en el lugar.
Entre ellos destacó la vocera del Municipio, Mariana de Lachica, quien —según testigos— participó activamente y con evidente entusiasmo en el acto. Su presencia llamó particularmente la atención porque el evento había sido anunciado como un esfuerzo sin participación oficial ni intervención de figuras de gobierno.
La aparición de la funcionaria generó cuestionamientos entre asistentes y observadores, quienes consideraron contradictorio que una actividad que se publicitó como espontánea y sin fines políticos terminara congregando a personal del propio Ayuntamiento. La crítica se agudizó debido a que las acciones de promoción comenzaron alrededor de las 10:00 de la mañana, cuando para muchos el horario laboral sigue siendo un punto sensible al evaluar la conducta de servidores públicos.
La participación de funcionarios en eventos políticos o de promoción —incluso fuera de horario— suele estar sujeta a estándares de imparcialidad y transparencia, por lo que la presencia de personal municipal en actividades que buscan proyectar respaldo público puede interpretarse como una distorsión del carácter ciudadano que se presume.
Aunque no se ha difundido una postura oficial del Municipio sobre la presencia de su vocera en la actividad, la situación reavivó el debate sobre los límites entre participación personal y uso simbólico del cargo público, especialmente cuando se trata de actos cuyo impacto político es evidente.
El episodio deja abiertas preguntas sobre la auténtica naturaleza del evento y la responsabilidad institucional de mantener claras las fronteras entre lo ciudadano y lo gubernamental.







