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La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) advierte que las nuevas medidas promovidas por el gobierno de Estados Unidos para restringir el envío de remesas hacia México representa un golpe directo a millones de familias que dependen de esos recursos para sostener su consumo esencial: alimentación, salud y educación.
La iniciativa contempla establecer mayores controles y restricciones para el acceso de los
migrantes sin residencia legal al uso del sistema financiero en el país vecino, incluyendo
los servicios para el envío de remesas. Se prevé que estas medidas entrarían en vigor en
septiembre u octubre de este año y, de acuerdo con especialistas financieros, podría
provocar una reducción de hasta 20% en el flujo formal de envíos hacia México.
Estas nuevas reglas operativas forman parte de la estrategia antimigratoria del gobierno
norteamericano, cuyo objetivo es desincentivar la permanencia y el trabajo de millones de
migrantes indocumentados en territorio estadounidense, dificultando el envío de dinero a
sus países de origen. Sin embargo, lejos de resolver el fenómeno migratorio, esta política
amenaza con empujar las transferencias hacia canales informales más riesgosos.
“En ANPEC alertamos que una parte importante de ese flujo económico buscará nuevas
formas de envío mediante intermediarios, conocidos, “shuttles”, mecanismos alternativos
que cobrarán comisiones más altas y abrirán la puerta a fraudes, robos y abusos contra los
trabajadores migrantes y sus familias”, señaló Cuauhtémoc Rivera, presidente de ANPEC.
México recibió durante 2025 más de 61 mil millones de dólares en remesas, convirtiéndose
en una de las principales fuentes de ingreso nacional. Estados como Chiapas, Guerrero,
Michoacán, Zacatecas, Oaxaca, Nayarit y Guanajuato, entre otros, dependen
significativamente de estos recursos, ya que miles de hogares sobreviven gracias al dinero
enviado por sus familiares que trabajan en Estados Unidos.
Estas medidas llegan en un momento particularmente delicado para la economía mexicana,
marcada por un bajo crecimiento, pérdida del poder adquisitivo, desaceleración del
consumo interno, presiones inflacionarias y una creciente incertidumbre económica. En este
contexto, mermar el flujo de remesas significa un golpe bajo a uno de los últimos salvavidas económicos de millones de hogares que hoy dependen de ese ingreso para sobrevivir.
“ANPEC eleva la voz de alerta porque ello también golpea directo a miles de pequeños
comerciantes y sus familias. No perdemos de vista que la suerte económica de nuestros
clientes es también la suerte de nuestros comercios. Por ello nos preocupa profundamente
que estas medidas reduzcan aún más el consumo popular, golpeando la ya frágil operación
comercial del canal tradicional y poniendo en riesgo la permanencia de miles de pequeños
negocios en todo el país que podrían verse orillados a bajar la cortina”, resaltó Rivera.
Desde el arranque de las negociaciones sobre el futuro del TMEC, el gobierno de Estados
Unidos ha venido apostando por una reconfiguración comercial de Norteamérica bajo la
consigna de “America First” (Primero América). Al decir de su narrativa, el pueblo
estadounidense ha salido perdiendo con los acuerdos comerciales firmados con México y
Canadá, poniéndole de esta manera cara y nombre a los responsables del deterioro de la
calidad de vida del sueño americano.
La realidad es que la sociedad estadounidense está inconforme con la condición económica
que vive actualmente, acostumbrados a un tren de vida de excesos y un consumismo
endémico; hoy tienen que trabajar más para obtener menos. Por años, el consumo ha sido
una señal de vigencia económica para el pueblo norteamericano; más que éxito o fracaso,
es la adrenalina del juego social estadounidense: comprar y siempre comprar. Sin embargo, este estilo de vida ha venido a menos en la última década, la inflación, la pérdida de empleos y el encarecimiento de la vida son flagelos que hoy padecen millones de
estadounidenses, generando un creciente descontento social.
Entonces un recurso político oportuno y efectivo es responsabilizar de todo esto a los
migrantes, de forma tal que a nadie pasa desapercibido que, desde la primera gestión del
actual mandato, estigmatizar y criminalizar particularmente a los migrantes mexicanos ha
sido su as bajo la magna, un estribillo en su diatriba que se repite una y mil veces más.
Por eso la lucha contra nuestros connacionales. Más de 30 millones de mexicanos que
habitan en Estados Unidos son arrinconados y enfrentan de manera inmisericorde una
discriminación y persecución inéditas por agencias como U.S. Immigration and Customs
Enforcement (ICE), que no sólo han reprimido sino hasta asesinado a cientos de migrantes
de manera ilegal, pero políticamente aceptada.
Se ha normalizado un discurso de confrontación contra los migrantes que preocupa
profundamente. La discriminación sistemática de trabajadores migrantes y la forma
contundente en que se busca su repatriación nos hace recordar páginas de oprobio y vergüenza de la humanidad, cuando el oscurantismo persiguió pueblos enteros por su
condición étnica, territorio, bienes y propiedades nacionales.
A este escenario se suma ahora el endurecimiento de la narrativa estadounidense sobre el
combate al narcotráfico y las drogas sintéticas, pretendiendo justificar condiciones para que
las agencias policiacas norteamericanas puedan llevar acciones directas en territorio
mexicano, bajo la bandera de combatir a las organizaciones criminales ahora declaradas
terroristas que se dedican a la introducción de estupefacientes a territorio americano.
Todo esto ocurre en medio de la compleja renegociación del TMEC, proceso que se
extenderá posiblemente hasta finales de este año y en el que Estados Unidos mantiene
interés prioritario sobre sectores estratégicos como la industria automotriz, eléctrica y
petrolera; ese es el fondo de la sinuosa negociación, junto al interés oculto de cancelar el
acuerdo trilateral para optar por acuerdos bilaterales por separado con Canadá y México,
bajo reglas más frágiles y cambiantes que favorezcan únicamente los intereses de la
economía más fuerte y que traerá consigo una nueva era de incertidumbre económica.
Esa es la ética comercial que se busca consolidar en nuestros tiempos, el juego en el que
el grande por grande impone su fuerza para ganar siempre, terminando por ser más tarde
que temprano un juego de perder-perder, basta recordar la suerte del enfrentamiento épico
de David contra Goliat.
“En conclusión, ANPEC considera que esta política contra las remesas no sólo afecta a
México y a las familias migrantes, sino que también amenaza la estabilidad económica,
debilita el consumo interno y erosiona los principios de integración y cooperación que dieron origen al T-MEC y al florecimiento de la zona comercial más pujante del mundo:
Norteamérica”, sentenció Rivera.
Al final, una relación comercial sana y duradera no puede construirse bajo amenazas,
castigos ni condiciones de sometimiento sino sobre bases de respeto mutuo,
corresponsabilidad y beneficio compartido.






