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Resulta que el regidor de Morena, Miguel Riggs, regresó de su vacación forzosa de 30 días sin sueldo —también conocida como “suspensión”— con más ganas de presumir en redes sociales que un tiktoker después de comprar aro de luz nuevo.
Porque claro, nada dice “soy muy popular” como publicar mensajes que apenas generan interacción y que solo su tía, la que comenta todo con un “Dios te bendiga mijo”, parece compartir. Pero en la mente de Riggs, Chihuahua entero está pendiente de cada publicación que sube. Casi casi que lo esperan como si fuera la última temporada de una serie de Netflix.
Esta vez, el tema que decidió “denunciar”, entre comillas bien grandes, es la aprobación de la Ley de Ingresos 2026, que quedó en unos respetables 7,300 millones de pesos. Pero Riggs, indignadísimo, nos recuerda que cada año el Municipio recibe excedentes millonarios —cierto—, que los pueden gastar sin pedir permiso —también cierto—, y que deberían usarse para el bienestar del pueblo —ciertísimo.
El problema no es lo que dice, sino quién lo dice… y cómo lo dice.
Porque verlo ahora tratando de ser la voz del pueblo, después de pasar un mes castigado y en silencio administrativo, es como ver al alumno que nunca entrega tareas queriendo dar cátedra de disciplina escolar. Y no se diga del drama en redes: Riggs sube sus videos y publicaciones como si contara con una base militante de miles… cuando en realidad son los mismos 42 fieles de siempre, todos con foto de perfil de AMLO, un perrito o una rosa.
Pero hay que reconocerle algo: su regreso fue ruidoso… no por impacto social, sino por el berrinche digital que armó. Anda muy sentido, muy lastimado, muy mártir de la causa social porque le quitaron el sueldo un mes. Y qué casualidad que ahora sí quiere hablar de cómo se gasta el dinero del Municipio.
Riggs cuestiona —con tono épico, casi revolucionario— que los excedentes se usen sin consultar a la gente. Lo cual, irónicamente, lleva años siendo un debate legítimo. Pero cuando quien lo dice es un regidor que en redes sociales tiene menos alcance que un volante pegado en un poste de luz, el mensaje pierde fuerza.
Aun así, ahí anda. Publicando como si fuera realmente muy popular, como si sus palabras hicieran temblar al Cabildo, como si su suspensión le hubiera otorgado poderes especiales de indignación moral.
Mientras tanto, la gente sigue preguntándose lo importante:
¿Y realmente en qué se usarán esos 7,300 millones?
Porque Riggs grita mucho, pero respuestas, lo que se dice respuestas… ni una sola.
Por lo pronto, que siga disfrutando su estrellato digital. Al final, cada quien brilla donde puede: unos en trabajo, otros en resultados…
y otros en Facebook, donde creen que son famosos.







