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Mientras las familias de los policías de Delicias salen a manifestarse para exigir mejores salarios y pensiones dignas, el alcalde Jesús Valenciano parece más concentrado en sus batallas políticas.
El pasado 15 de junio, en una manifestación ciudadana, esposas e hijos de los elementos han hecho visible el hartazgo por condiciones laborales precarias, un problema que afecta directamente la seguridad del municipio y que revela fallas profundas en la atención al cuerpo policiaco.
Es contradictorio que un gobierno que se dice comprometido con el orden público deje a sus propios elementos en el abandono, obligándolos a protestar en las calles en lugar de resolver sus demandas desde la administración.
Esta situación no solo expone una gestión reactiva, sino que erosiona la confianza ciudadana en una de las instituciones más sensibles. Valenciano, con aspiraciones mayores, debería explicar por qué las voces de las familias de quienes arriesgan su vida diariamente no han sido prioridad. Delicias merece una policía bien pagada y motivada, no más promesas vacías mientras los agentes y sus seres queridos exigen lo básico.






